El Feminismo Socialista y el Partido Revolucionario: Un brillante programa para las nuevas generaciones

por Andrea Bauer

A continuación se presenta una explicación a fondo de por qué el feminismo marxista, integrado a un partido revolucionario, es la respuesta contemporánea a la crisis del capitalismo. Redactada para el Comité Nacional del Partido de Libertad Socialista (Freedom Socialist Party, o FSP), esta resolución política fue adoptada en la convención del partido en julio de 2010. En ella se incorpora la contribución adicional de los miembros del FSP.

Contenido

I. Planteamiento general
II. El inevitable derrumbamiento del capitalismo
III. El papel crucial de la teoría y el programa como guía para la acción
IV. El partido de vanguardia: el liderazgo como mecanismo para el cambio revolucionario
V. Feminismo socialista: el marxismo de nuestros tiempos
VI. La confianza y la tenacidad para avanzar hacia el socialismo

Cronología de la continuidad política

Glosario de personajes

Lecturas recomendadas

I. Planteamiento general
La economía mundial y la de EEUU están profundamente afectadas y están pasando por la más severa crisis desde la Gran Depresión de la década de 1930. Las economías de naciones enteras se han derrumbado. Una montaña de deudas condenó a Islandia a la bancarrota; Grecia, Irlanda y otros países vecinos pobres del sur de la Unión Europea aún podrían enfrentar el mismo destino.

El desmoronamiento sin precedentes del capitalismo actual es un síntoma y una señal de un sistema que batalla desesperadamente para mantenerse vivo mucho después de su fecha de caducidad. Sus convulsiones están trastornando a banqueros y patrones, desde luego, pero su principal miseria recae como siempre en los trabajadores de todos los países -- primero en las mujeres, en los más jóvenes y los más viejos, y en aquéllos destinados a un sufrimiento especial debido al color de su piel, a su nacionalidad y a su orientación sexual.

La crisis ha desalojado a millones de sus hogares y trabajos. En los EEUU, en medio de lo que los comentaristas burgueses describen sin ninguna vergüenza como recuperación, la economía sigue eliminando empleos mes tras mes. El gasto para el estímulo económico del gobierno, ya sea en forma de rescates de Wall Street o de pagos por parte del Pentágono a las industrias de la “defensa”, no es efectivo para incrementar las ganancias de las cúpulas corporativas.

En 1938, cuando el sistema de lucro batallaba para recuperarse de su última caída, el líder revolucionario ruso León Trotsky estaba preparando el programa propuesto para la fundación de la Cuarta Internacional, el nuevo partido mundial del trotskismo. En éste, él escribió: “Si el capitalismo es incapaz de satisfacer las reivindicaciones que surgen infaliblemente de los males por él mismo engendrados, no le queda otra que morir”.

No hay defensa moral ni lógica posible para una estructura social tecnológicamente avanzada que no pueda satisfacer las necesidades básicas de la humanidad -- y que en realidad ha hecho dar marcha atrás al reloj del progreso incrementando la brutalidad y la inseguridad de la vida del pueblo, sometiéndolo a una guerra y ocupación interminables, despojándolo de los derechos de los que gozaba en el pasado, y fomentando de nuevo el sexismo, el racismo y el chovinismo nacional.

Sin embargo, a pesar de la lógica y la moral, el capitalismo cuenta con muchos defensores. Entre ellos se encuentran no sólo los dirigentes corporativos y gubernamentales y sus mequetrefes asociados y matones, sino también los representantes de la clase trabajadora y de los oprimidos: los funcionarios sindicales bien remunerados, los portavoces del movimiento asociados al Partido Demócrata, los presidentes corporativos de empresas sin fines de lucro, etc.

Éstas son las personas que integran lo que Trotsky llamaba la “casta media”. En la resolución política del Partido de Libertad Socialista (FSP) de 1982, Murry Weiss, Sam Deaderick y Clara Fraser caracterizaron a este grupo de charlatanes de los EEUU como “una vasta y repugnante clase de profesionales oportunistas, tecnócratas, burócratas laborales, líderes reformistas del movimiento de masas y políticos ligeramente a la izquierda del centro”. Los autores continúan describiendo su función:

La casta media difunde, frustra y, cuando se siente presionada, combate violentamente cualquier confrontación importante entre el capital y el movimiento laboral. Esta casta finge representar al movimiento laboral o las mujeres o los gays o la gente de color o los opositores a la guerra o los consumidores, pero de hecho actúa como banda transportadora que acarrea los intereses y la ideología de la clase dirigente hacia los mismos movimientos de masas que finge dirigir.

El mantenimiento de la coexistencia pacífica es la tarea de la casta media, desde la política internacional hasta las reuniones de los sindicatos.

Para resolver las crisis sociales, económicas y ambientales de nuestros tiempos a favor de los trabajadores, que son la abrumadora mayoría a nivel global, es necesario desafiar la ideología derrotista de los falsos líderes y la letal inercia de la aceptación de la situación actual. Esto implica aplacar el temor al cambio radical y proponer una alternativa realista. Implica proponer y luchar por demandas transicionales para ocuparse del astronómico desempleo y subempleo de los trabajadores negros y de la juventud negra. Implica reconocer y fomentar el liderazgo de los inmigrantes, de las trabajadoras mal pagadas, los empleados del sector público, y los estudiantes que ya se han unido a la lucha por medio de huelgas, manifestaciones masivas, barricadas en los caminos y otras formas de protesta. Implica unir a una clase dividida.

Lo que es necesario es un programa de feminismo socialista.

Toda esencia requiere una forma, toda ideología un medio de realización -- una organización. La organización capaz de hacer efectivo el feminismo socialista es el partido leninista o de vanguardia, un cuerpo de liderazgo diseñado para diseminar y actualizar la teoría marxista, para mantener la continuidad de la lucha transmitiendo las lecciones de antaño, para dirigir las batallas de hoy, para preparar a los mejores y más apasionados luchadores locales, y para inspirar y fomentar todo levantamiento contra la injusticia y la explotación.

La crucial importancia del feminismo socialista y del partido de vanguardia hace que el Partido de Libertad Socialista sea más importante de lo que muchos piensan comúnmente. Lo que el FSP tiene que ofrecer para paliar la grave crisis actual es nada menos que la verdadera clave para el progreso.

II.El inevitable derrumbamiento del capitalismo
Los publicistas del capitalismo esperan que nosotros creamos que la turbulencia económica actual es una cuestión pasajera, un bache en el camino causado por este o aquel problema específico y solucionable. Y esta Gran Mentira es corroborada no sólo por los medios convencionales sino también por los principales líderes de sindicatos y otros movimientos sociales.

Sin embargo, la verdad es que las contradicciones del sistema lo están agobiando fatalmente. Uno se vería tentado a preguntar: ¿Es esta crisis La Grande? ¿La crisis de la que el capitalismo no se podrá recuperar - a menos que recurriera al fascismo o a otra guerra mundial? Es imposible responder a esto actualmente. Más pertinente es la pregunta: ¿Es ésta la crisis que incitará a la clase trabajadora internacional a superar sus divisiones, a rechazar las inútiles estrategias de sus falsos líderes y a luchar por un cambio fundamental?

Causas y significado de la desintegración económica

La culpa de este desastre (una recesión en retroceso según los políticos y directores corporativos, una depresión atormentadora según la vida real del pueblo) se le adjudica a las “malas manzanas” del barril capitalista: a especuladores tramposos del mercado de bienes raíces y a la regulación inadecuada del sector financiero. Pero éste es un análisis superficial y esencialmente falso. Esta depresión, como todas las recesiones y depresiones, es causada por la crisis de la sobreproducción de mercancías, la cual es inherente al ADN del capitalismo -- una crisis específica del sistema de producción causada por el lucro.

Por naturaleza, el capitalismo es una bestia expansionista. Las ganancias son producidas a través del crecimiento -- la producción de una cantidad cada vez mayor de productos para vender -- y del intento de mejorar los costos de los competidores, sobre todo a través de un constante esfuerzo por mantener bajos los costos laborales. La combinación de estos dos esfuerzos provoca inevitablemente periodos en los cuales los mercados están inundados de productos y servicios pero que los trabajadores no se pueden permitir comprar.

Desde principios hasta mediados de la década de 1970 existió un periodo de este tipo, una seria advertencia que las décadas de crecimiento producidas por los ensangrentados campos y las devastadas ciudades de la Segunda Guerra Mundial habían llegado a su fin. El neoliberalismo -- la política global dirigida por EEUU para privatizar la riqueza pública y para abrir por la fuerza los mercados protegidos -- fue la estrategia capitalista de recuperación. Pero, como predijeron los analistas socialistas, el neoliberalismo sólo empeoró la tendencia hacia la recesión que había sido diseñado para evitar -- aunque sí produjo ganancias enormes para unos cuantos capitalistas. Como Megan Cornish escribe en “Una marxista observa la desintegración del capitalismo”:

En los últimos 20 años, el libre comercio, la globalización, la privatización y la desregulación han transferido una riqueza enorme de manos de los trabajadores de todo el mundo a los capitalistas de EEUU y Europa. Esto ha hecho disminuir cada vez más el poder adquisitivo de los trabajadores -- a la vez que cada vez se producen más productos.

De manera que las estrategias económicas que han mantenido altas las ganancias en periodos recientes han estado preparando el camino para este desastre.

Durante este último periodo, mientras que todos los trabajadores veían cómo se reducía su poder adquisitivo, millones eran despedidos y veían desaparecer sus sueldos por completo. Esto ilustra una de las peores características del capitalismo: más desempleo como recompensa para los trabajadores por su mayor productividad.

Durante la pre-recesión, entre 2000 y 2007, la producción económica de EEUU (producto nacional bruto, o PNB) aumentó dramáticamente, gracias al incremento en la productividad. Para la primera mitad de 2010, el PNB había regresado casi al nivel de 2005. La tasa oficial de desempleo, sin embargo, permaneció estancada ligeramente por abajo del 10 por ciento, o casi 15 millones de personas -- un incremento con respecto al 6.1 por ciento de 2005.

El incremento en la productividad significa que menos horas de mano de obra crean más productos y servicios. Es una tendencia histórica provocada por las innovaciones técnicas y el incremento en el uso de la maquinaria -- además, en el capitalismo, por el aceleramiento forzado del trabajo. En un mundo racional libre de la adicción al lucro, la tendencia al crecimiento de la productividad beneficiaría a los trabajadores inmensamente, y les brindaría más tiempo libre y más tiempo para dedicar a actividades creativas. Pero éste no es un mundo así. Al contrario, los patrones se aprovechan del incremento en la productividad para forzar a los trabajadores a que compitan -- nacional e internacionalmente -- por una raquítica oferta de trabajo. En esto radica la importancia de la demanda transicional de 30 horas de trabajo por 40 horas de paga, la cual incrementa la oferta de empleos a la vez que mantiene los ingresos de los trabajadores -- concepto eminentemente lógico desde el punto de vista de un trabajador.

Sin tales reformas, los avisos de despido se amontonan a la par de los productos de consumo, y el resultado eventual es la recesión. La clase gobernante trata de salvaguardar sus ganancias durante los tiempos difíciles a expensas de los trabajadores y los pobres disminuyendo los fondos para la educación y los servicios públicos. Esto mina aún más la habilidad de los trabajadores para consumir, agudiza las contradicciones fundamentales y permanentes del sistema, y garantiza que surjan recesiones más graves y duraderas.

Un fenómeno aparentemente reciente es la “recuperación sin empleos” después de una recesión. Pero lo que se enfatiza menos es el hecho de que la tasa “normal” de desempleo bajo el capitalismo ha estado subiendo por décadas. Tanto el grave desempleo de una recesión/depresión como la siempre más alta tasa de desempleo implican que es importante luchar por la demanda de reducir la semana laboral de 40 a 30 horas sin disminución en los salarios.

Tradicionalmente, los socialistas proponen esta eminentemente lógica demanda, la cual crearía empleos a expensas de la gerencia, cuando los empleos son escasos. A principios del siglo XX, el movimiento laboral era lo suficientemente fuerte para realizar algo similar cuando logró que se instituyera el día de ocho horas y el 50 por ciento más de sueldo por horas extras.

Hoy día, la situación es muy distinta. La posibilidad de una reforma progresista duradera -- cualquier cosa que amenace las cuentas bancarias de la clase gobernante -- ya se acabó en todas las circunstancias excepto en las circunstancias más específicas y limitadas. El sistema de lucro está declinando -- es global, irreversible, largo y lento, pero es interrumpido por periodos de agudas crisis económicas y provoca desastres para la gente y el planeta. Ya no puede ofrecer a los trabajadores la promesa de mejoras en las condiciones de vida, aun en países altamente desarrollados como los EEUU.

Las mismas naciones capitalistas y los individuos capitalistas, implicados en una competencia en la que el ganador se lo lleva todo y en que se aferran a sus ganancias propias, están divididos en su concepción de los problemas subyacentes del sistema y en la manera de resolverlos. El neoliberalismo triunfó en mantener el estatus económico superior de los EEUU gracias a la intensa explotación, pero fracasó como estrategia para incrementar sostenidamente el crecimiento global y para evitar la crisis. La economía de los Estados Unidos y la mundial se apoyan en el gasto militar y en el complejo carcelario-industrial, los cuales crecen obscenamente año tras año, y en la deuda nacional, corporativa y personal.

Las causas y los efectos de la actual crisis no son nada nuevo. Lo que sí es nuevo, por lo menos desde la Gran Depresión, es su gravedad. Sin opciones socialmente progresistas, los capitalistas de todo el mundo están recurriendo a medidas contra los trabajadores, las cuales representan una desafortunada regresión histórica. Y esto sí conlleva una nueva situación cualitativamente hablando. Que sea positiva o negativa depende de la reacción de la clase trabajadora.

Las falsas soluciones de la clase dirigente y de la casta media:
se están acabando las estratagemas y las mentiras

Sea la que sea la realidad, la apariencia de que es posible una mejoría de los afligidos trabajadores es todavía la clave para la supervivencia del sistema.

En 2008, los electores de EEUU eligieron a su primer presidente negro. Muchos habían rechazado a los candidatos republicanos al inicio del ciclo electivo a causa de su aversión por George W. Bush y, sobre todo, debido a la interminable guerra de Irak. Después, justo antes de las elecciones, se publicó la noticia de que inmensas instituciones financieras se encontraban balanceándose al borde del desastre gracias a la corrupta y dudosa especulación en el mercado de bienes raíces y derivativos, la causa de tantos embargos hipotecarios y de tanto estrés para la clase trabajadora y las familias de bajos recursos. Se hizo patente la gravedad de la crisis económica, la recesión fue reconocida oficialmente y el resultado electoral estaba decidido. La gente tenía sed de cambio.

Para evitar una inmensa rebelión que pudiera ser una amenaza para las gigantes corporaciones patrocinadoras de candidatos, se puso a Barack Obama y a Hillary Clinton al frente de la pandilla de los demócratas. Ésta fue una audaz y sabia medida de emergencia por parte de Goldman Sachs, Citigroup Inc., JP Morgan Chase & Co., y sus seguidores para crear una falsa apariencia de cambio utilizando la fama del Partido Demócrata como defensor de sindicalistas, mujeres y gente de color -- el partido de los trabajadores y las “minorías” contra las corporaciones.

Dicha reputación, que el segundo partido del capitalismo de EEUU no se merece en absoluto, sobrevive gracias a los incesantes esfuerzos, y a veces trapaceria, de los falsos líderes de los movimientos sociales y laborales. Estos miembros de la casta media utilizan todos los recursos a su disposición para convencer a sus constituyentes de este mito. Por medio de un longevo y trillado cuento, ellos afirman que los demócratas crearán las reformas que la gente necesita con urgencia en los campos del cuidado médico, los derechos civiles, la inmigración y las leyes laborales, la garantía de empleo, los derechos reproductivos, etc. Ésta es la función tradicional de la casta media: persuadir a los explotados y oprimidos, a quienes representan y de quienes dependen para su más o menos cómoda existencia, de que hay esperanza de que vendrán mejores tiempos y de que no hay necesidad de un total derrocamiento y sustitución del sistema.

El ser presidente de los EEUU equivale a ser presidente de la casa matriz del imperialismo mundial, y la principal obligación de Obama es la misma que la de cualquier otro presidente: mantener el estatus quo cueste lo que cueste. En tiempos de depresiones económicas severas, a medida que las clases gobernantes tratan desesperadamente de salir de la crisis, el costo para el pobre y el trabajador a nivel mundial es exorbitante.

Las profundas fisuras y contradicciones del sistema de lucro, y sus tremendas consecuencias para los trabajadores y los oprimidos, son hoy evidentes y todos las podemos ver. La actual situación ha provocado un tremendo avance: está creciendo la conciencia de la necesidad de un camino radical que nos saque del impase hacia el cual el capitalismo ha dirigido a la humanidad. ¡Cuál sería el disgusto del candidato presidencial republicano, John McCain, cuando la acusación de que Obama es socialista de hecho incrementó la popularidad de Obama!

Los jóvenes, sobre todo, están reconociendo que han sido traicionados por el reformismo y la fútil promesa del “cambio” abstracto. Desde Grecia y Gran Bretaña hasta Puerto Rico y la Universidad de California, ellos están demostrando que están listos y dispuestos a pelear.

Al mismo tiempo, toda crisis social nos ofrece una oportunidad no sólo de movimiento rápido hacia la izquierda sino también de acercamiento a la derecha. Los capitalistas estimularán las fuerzas reaccionarias en los medios, los tribunales y las legislaturas si la casta media es incapaz de canalizar de manera eficaz la ira de los trabajadores. Los billonarios hermanos Koch están financiando el Partido del Té, por ejemplo, y el magnate billonario de los medios, Rupert Murdoch, usa a Fox News y otras agencias para desatar el veneno anticomunista.

La extrema derecha está tratando con todas sus fuerzas de utilizar la actual conmoción para difundir sus perniciosos planes. Ataca sindicatos. Usa demagogia antigubernamental para acercarse a aquéllos que necesitan la ayuda social: los pobres, los enfermos, los ancianos, las mujeres solteras y sus hijos. Como siempre, usa como chivos expiatorios a los más vulnerables y maltratados de la clase trabajadora, comenzando con los inmigrantes, la juventud negra y otros jóvenes de color, y las mujeres y gays que exigen sus derechos. Y está ganando terreno en el electorado, según se hizo evidente en las elecciones medias de 2010 en los EEUU.

Ya que las crisis pueden avanzar en cualquiera de las dos direcciones, es imperativo que el FSP y otros revolucionarios aprovechen esta oportunidad mayor para inspirar y apoyar la rebelión de la clase trabajadora y de esa manera fomentar la causa de la solución real y duradera: el socialismo.

III. El papel crucial de la teoría y el programa como guía para la acción
En “La rebelión pos-Seattle”, análisis del movimiento contra la globalización corporativa un año después de la explosión de 1999 contra la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Seattle, la secretaria internacional del FSP de los EEUU, Guerry Hoddersen, escribió lo siguiente en el Freedom Socialist:

Como es el caso de todos los movimientos, los anarquistas se enfrentan al problema de mantener la inercia. Esto es muy difícil de lograr cuando no hay un programa ni metas claros, cuando la organización se ve mermada por el principio de la descentralización, y cuando el estado está respondiendo violentamente. Al lema “Esta es la cara de la democracia”, ahora se puede responder: “Sí, pero ¿cuál es la cara de la victoria?”
Para saber cuál es la cara de la victoria, se debe saber con exactitud contra qué se pelea y por qué, quiénes son los enemigos, quiénes son los amigos y cuáles las fuerzas y debilidades de las partes contendientes. ¡Uno se tiene que conocer a sí mismo! Se tiene que comenzar con la teoría y el programa -- y entre más importante sea la batalla y más esté en juego, más importante es esta base. La teoría nos proporciona una comprensión general y, en la medida de lo posible, completa de un asunto, con base en la experiencia y el análisis. En el caso de la lucha contra el sistema, nos ofrece la comprensión de la naturaleza del sistema, incluyendo su origen, desarrollo, y deterioro, así como las partes que lo integran y la interacción de las mismas. En la política, así como en la cocina y en las competencias deportivas, de la teoría surge el programa -- una serie de principios y un plan general de acción delineados por las condiciones existentes.

En diciembre de 1847, Carlos Marx y Federico Engels comenzaron a redactar un documento propuesto para la Liga Comunista, asociación internacional de trabajadores, delineando su ideología y orientación. Se publicó en febrero de 1848 como el Manifiesto del Partido Comunista (conocido como El Manifiesto Comunista). En él, guiados por la metodología materialista dialéctica, Marx y Engels elaboraron la teoría de la sociedad de clases capitalista y el programa del comunismo, o socialismo. Ninguna otra teoría ni programa ha tenido el poder transformador del marxismo, poder que aún se debe aprovechar en su totalidad. Esto se debe a que el marxismo dilucida correctamente el mundo real de los tiempos de Marx y Engels y de nuestros tiempos: un mundo de irreconciliable antagonismo entre los intereses de la clase capitalista y los de la clase trabajadora, el cual incrementa la miseria de ésta con el paso del tiempo, y que se puede resolver sólo mediante la toma del poder por parte de los trabajadores y la creación de una nueva sociedad.

“Sin la teoría revolucionaria no cabe movimiento revolucionario alguno. Esta idea no se puede enfatizar lo suficiente en momentos en que la popular predicación del oportunismo va de la mano del encaprichamiento por las más limitadas formas de actividad práctica”. En ¿Qué hacer? V.I. Lenin continúa con esta afirmación con una cita de 1874 de Engels, quien explicó que el movimiento de los trabajadores consta de tres partes: “la teórica, la política y la práctica-económica”. Con estos tres aspectos, Engels se refería a la lucha de ideas, la creación de una voz política para los trabajadores a través de un partido, y la resistencia al capitalismo a través del activismo laboral.

Según Engels, el movimiento de trabajadores alemanes de ese tiempo se había fortalecido particularmente debido a que integraba estos tres aspectos “concéntricos” de la lucha en harmonía y tomaba en cuenta sus interconexiones. La posición de liderazgo de los trabajadores alemanes a nivel internacional, escribió Engels, exigía “redoblar los esfuerzos en cada aspecto de la lucha y la agitación. En particular, será la responsabilidad de los líderes conseguir una comprensión cada vez mayor de todas las cuestiones teóricas, liberarse cada vez más de la influencia de frases tradicionales heredadas de la perspectiva del viejo mundo, y tener en mente constantemente el socialismo, ya que se ha convertido en una ciencia, exige que se le use como una ciencia, o sea, que se le estudie. La tarea será difundir entre las masas de trabajadores y con un celo superior la comprensión cada vez mayor adquirida de esa forma.”

Actualmente muchos activistas menosprecian la importancia de la teoría y el programa; sin embargo, lo que no pueden reconocer -- o, en algunos casos, se rehúsan a admitir -- es que todas las personas nos guiamos por alguna perspectiva política, seamos o no conscientes.

Consideremos el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de México. En 1994, cinco años antes de la “Batalla de Seattle” contra la OMC, el arrojo de los zapatistas para enfrentarse al neoliberalismo, su apasionada defensa de los derechos de los indígenas y campesinos pobres, y la prominencia de las mujeres en sus filas despertaron la solidaridad y creció su estima en todo el mundo. Éste fue el caso especialmente entre los jóvenes. En 2005, los zapatistas se movilizaron para “acudir al pueblo” para que los instruyera sobre las causas por las cuales deberían luchar, y la forma de luchar -- un “programa nacional de lucha”. Sin embargo, en realidad el EZLN ya contaba con un programa, el cual contiene muchos elementos positivos, incluyendo el apoyo a los derechos soberanos de los indígenas y la igualdad gay, pero se queda corto debido a una perspectiva general que es anarquista. Esto significa que el EZLN no está interesado en librar una lucha para hacerse del poder estatal; es decir, se opone a la idea misma de un poder estatal, sin importar en manos de quién recaiga. De esa forma, la campaña de “acudir al pueblo” no fue precisamente ultra-democrática sino una renunciación al liderazgo necesario justo en tiempos en que grandes acontecimientos, los cuales ofrecían grandes oportunidades, estaban sacudiendo a México.

De hecho, el anarquismo fue el principal desafío teórico del marxismo cuando éste maduró durante la segunda mitad del siglo XIX. El proponente principal del anarquismo, Mikhail Bakunin, era un destacado insurgente pero nefasto intrigante de la Asociación Internacional de Trabajadores, o Primera Internacional.

En una carta de 1872, Engels caracterizó la filosofía de Bakunin: “Bakunin afirma que el Estado es el creador del capital, que el capitalista posee su capital únicamente por obra y gracia del Estado. Y puesto que el Estado es, por tanto, el mal principal, hay que acabar ante todo con él, y entonces el capital hincará el pico por sí solo.” Esta teoría contradice la verdadera relación histórica del estado y el sistema de lucro, la cual Engels explicó en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. De hecho, fue el crecimiento del intercambio de bienes por lucro -- los primeros pasos en la evolución del capitalismo -- lo que requería que existiera el estado para proteger al sistema de riqueza privada que estaba emergiendo.

Un resultado programático lógico de la teoría equivocada de Bakunin fue que rechazó toda participación en las elecciones burguesas. Más ampliamente, rechazó “la política”. No consideraba la Primera Internacional como un vehículo para hacerle frente al sistema -- en otras palabras, no lo consideraba un partido político revolucionario. Por el contrario, lo veía como una sociedad de propaganda para la revolución y como un futuro sustituto anti-autoritario del estado para cuando éste fuera derrocado por las masas después de su iluminación.

El anarquismo alcanzó su máxima influencia dentro del movimiento de la clase trabajadora durante la Guerra Civil Española, en la cual grupos e individuos anti-autoritarios demostraron un glorioso compromiso y un heroísmo sostenido. No obstante, la falsa concepción anarquista del estado produjo confusión, contradicciones y decisiones erradas que contribuyeron a la derrota fascista de las fuerzas democráticas y revolucionarias.

Uno de los más grandes ejemplos de la función positiva que puede desempeñar una perspectiva política acertada es la Revolución de octubre de 1917 en Rusia. Después de la revolución de febrero, Lenin se dio cuenta de que los acontecimientos habían eclipsado la idea original que los bolcheviques tenían del curso de la revolución. Dicha idea era que los trabajadores y campesinos rusos, después de derrocar al Zar y al feudalismo (mediante una revolución democrático-burguesa), tendrían que sufrir un periodo completo de desarrollo capitalista antes de que tuvieran la oportunidad de reclamar el estado y de comenzar a construir el socialismo. Lenin llegó a creer que el estado obrero era tanto necesario como posible, lo cual lo acercó a Trotsky con respecto a esta cuestión (un elemento de la teoría de la revolución permanente de Trotsky). Cuando Lenin logró que el Partido Bolchevique adoptara este programa -- cuyo primer apoyo provino de las filas de los trabajadores -- lo llevó a la triunfante creación del primer estado obrero.

A menor escala, la experiencia propia del FSP proporciona muchos ejemplos del impacto de un programa acertado.

Un caso notable es nuestro énfasis en la derecha y su función de dividir y suprimir a los trabajadores y oprimidos. Es difícil de creer en la era actual de Pat Robertson, Glenn Beck y Michelle Malkin, pero durante la década de 1970 muchos socialistas ignoraban dicho énfasis e, incluso, lo ridiculizaban. Nuestro feminismo socialista, y nuestro estudio de las lecciones históricas, nos permitieron comprender la naturaleza y el alcance de la amenaza cuando aún se podía ver más obviamente dirigida a las mujeres, las lesbianas, los hombres gays y antes de que se comprendiera cabalmente. Esto nos preparó para ser la vanguardia de una campaña consciente y coordinada contra los blancos supremacistas y fascistas contemporáneos cuando se estaban haciendo prominentes al final de la década de 1980. El FSP hizo una contribución esencial para frustrar el plan de convertir al Noroeste Pacífico en una zona de influencia aria, y todas las filiales de EEUU, así como la sección australiana, han sido exitosas en la continua lucha contra la extrema derecha, ganando así el reconocimiento y respeto de que goza el partido.

Además, el reconocimiento programático de los fundadores del FSP acerca de la importancia de un movimiento autónomo de mujeres fue el elemento clave para el histórico nacimiento de las Mujeres Radicales en 1967. Y la insistencia del partido sobre la función fundamental de los más oprimidos como parte de la clase trabajadora ha logrado un mayor grado de aceptación dentro del movimiento laboral de los derechos de los gays, ha garantizado el apoyo de los sindicatos a conceptos como la acción afirmativa y el valor comparable, y mucho más. Nuestro programa lo determina todo, desde la naturaleza de las demandas que pregonamos en nuestras campañas electorales hasta la forma en que nos defendemos como radicales de los ataques en los tribunales o de los patrones. Ya sea que defendamos los derechos de pesca de los nativos, la libre expresión, la propiedad pública de la industria o los derechos de los inmigrantes, el programa del partido es el hilo con el que se hace el tejido que incluye todas las partes. Y los miembros del FSP, apoyados en la teoría, el programa y el estudio de la historia, son los tejedores. Junto con el programa, son la mayor fuerza del partido.

A medida que continúe la crisis del capitalismo, más y más gente, sobre todo la juventud, buscará una mayor comprensión de la sociedad debido a un profundo deseo de cambio. Como declaró James P. Cannon, fundador del trotskismo en EEUU, en otro contexto en 1942, y que está registrado en La historia del trotskismo americano: “Con frecuencia ocurre que después de que el pueblo recibe un golpe duro, comienza a preguntarse acerca de la causa del mismo.”

IV. El partido de vanguardia: el liderazgo como mecanismo para el cambio revolucionario
Un programa político por la emancipación colectiva de los trabajadores sólo puede darse por medio de la organización para la acción colectiva. El tipo de organización adecuado para esta monumental tarea es el partido de vanguardia.

Un portento de la imaginación puede ilustrar la enorme importancia del partido de vanguardia o leninista o bolchevique. Durante la época de la revuelta contra la OMC en 1999, ¿qué habría pasado si hubiera existido un partido leninista con amplia influencia en los sindicatos y demás movimientos y en la juventud? ¿Qué posibilidades habría creado para el movimiento contra el “libre comercio”, cuya admirable energía se disipó durante los años posteriores en batallas callejeras de masas contra la policía en todo el mundo?

Origen del concepto de partido de vanguardia

Lenin comenzó a formular el concepto de partido de vanguardia democrático y centralista a principios del siglo XX. Su análisis del tipo de organización que requería el movimiento socialista ruso se generó a partir de las condiciones existentes. En Rusia crecía la actividad revolucionaria y las ideas marxistas eran muy populares, pero la tremendamente represiva autocracia zarista hizo ilegal la actividad socialista, forzándola a la clandestinidad. El Partido Laborista Social Demócrata Ruso (PLSDR) era ecléctico y primitivo en sus políticas y novato en sus prácticas. (En esa época, “democracia social” era el término usado para el movimiento socialista, como reconocimiento del movimiento de los trabajadores en su lucha por las reivindicaciones democráticas así como por el socialismo.) La policía controlaba los sindicatos y colocaba números ingentes de infiltrados en las organizaciones radicales.

Bajo esas circunstancias, la “tarea práctica primaria e imperativa” del partido era “establecer una organización de revolucionarios capaz de proporcionar energía, estabilidad y continuidad a la lucha política”, escribió Lenin en ¿Qué hacer? El PLSDR se había convertido en un grupo centralizado y disciplinado de revolucionarios profesionales con preparación teórica y política. La postura de Lenin le provocó fricciones con aquéllos de sus colegas que se sentían cómodos con la naturaleza casual y la naturaleza oportunista del extremadamente regionalizado y dividido partido.

Los acontecimientos del momento mostraban que la disputa entre Lenin y los bolcheviques, por una parte, y sus opositores mencheviques, por otra, era mucho más profunda que una cuestión de forma organizativa. Resultó que los mencheviques eran conciliadores con la burguesía liberal. En Socialismo y guerra, escrito por Gregory Zinoviev, Lenin afirmó acerca de los mencheviques: “La adaptación de la lucha de la clase trabajadora al liberalismo -- ésa era su substancia.” Durante la Revolución Rusa de 1917, los mencheviques fueron la principal herramienta de la burguesía contra los trabajadores y campesinos. Como se discutió anteriormente, Lenin se dio cuenta de que ya era el momento de que la clase trabajadora se hiciera con el poder, que lo mantuviera y que lo utilizara para la rápida transición al socialismo. Esto era necesario si los trabajadores y campesinos querían conseguir y mantener los beneficios democráticos importantes. Pero los mencheviques se aferraron a la anticuada teoría de las “fases” -- primero la revolución demócrata-burguesa y luego, mucho después, la revolución socialista -- ignorando de esa forma lo que en realidad estaba sucediendo a su alrededor.

Como Trotsky afirma en La historia de la Revolución Rusa:

Sólo con el estudio de los procesos políticos sobre las propias masas se podrá entender el papel de los partidos y los dirigentes. … Son un elemento, si no independiente, sí muy importante, de este proceso. Sin una organización dirigente, la energía de las masas se disiparía, como se disipa el vapor no contenido en una caldera. Pero sea como fuere, lo que impulsa el movimiento no es la caldera ni el pistón, sino el vapor.”
Así que fue la combinación de la interpretación correcta del tipo de organización necesaria y de la orientación teórica y programática correcta lo que hizo posible la revolución de octubre -- ¡revolución que propició avances para la humanidad, no sólo en Rusia sino en todo el mundo! La historia demostró que la lucha de Lenin por un partido profesional democrático y centralista de revolucionarios comprometidos protegió al partido de la hostil ocupación por parte de transigentes y traicioneros.

Esto escribió Cannon en La lucha por un partido proletario:

Las cuestiones de organización y los métodos organizacionales no son independientes de las líneas políticas sino subordinadas a las mismas. Como regla, los métodos organizacionales surgen de la línea política. Efectivamente, la gran importancia de la organización es implementar el programa político. En último análisis no existen excepciones a esta regla. No es la organización -- el partido o grupo -- el que crea el programa; al contrario, es el programa el que crea la organización o el que conquista y utiliza una existente.
Por lo tanto, la teoría y el programa marxistas sobre la imposibilidad de reconciliación de las clases y la necesidad de una revolución de la clase trabajadora para establecer el socialismo requieren de una organización que se tome en serio y que siempre esté orientada escrupulosamente hacia la clase trabajadora y los oprimidos, no hacia los capitalistas ni hacia aquéllos que los apoyen y que hagan excusas para ellos: en breve, un partido revolucionario de vanguardia.

El partido leninista y la democracia
Muchos anarquistas y liberales acusan a todos los partidos de vanguardia de ser antidemocráticos y elitistas. Los anarquistas cuestionan, en principio, la idea de que los individuos, aun en el contexto de una asociación voluntaria, deban someterse a la autoridad -- por ejemplo, como a la autoridad de un voto mayoritario, el cual es un proceso democrático básico. Por otra parte, los liberales pueden pertenecer a algunas de las más antidemocráticas organizaciones que existen, tales como iglesias con una jerarquía feudal, el Partido Demócrata, organizaciones de servicios subvencionadas y grupos de pacifistas y de cambio social administrados burocráticamente. Aun así, para muchos de ellos es el partido leninista lo que provoca su repudio.

A los críticos con conocimientos básicos de las obras de Lenin les encanta enfocarse en ¿Qué hacer? Este libro es, en parte, una discusión contra los llamados a favor de “una democracia plena” en el PLSDR. Lenin despreciaba estos llamados por “jugar” a la democracia en la peligrosa situación del estado policiaco zarista. Observó que provenían principalmente de miembros de la democracia social fuera de Rusia. Las circunstancias de Rusia en esos momentos, las cuales forzaron al partido a operar en secreto, incrementaron la necesidad de centralismo e hicieron imposibles las expresiones de democracia tales como la abierta publicidad de las operaciones y elecciones de los funcionarios del PLSDR. Lenin escribió, “'La democracia plena' en la organización del partido, bajo las tinieblas de la autocracia y la dominación de la gendarmería, no es nada más que un juguete inútil y perjudicial.”

No obstante, a pesar de las severas restricciones a la democracia formal impuestas desde el exterior, anotó Lenin, otra clase de democracia era todavía característica del PLSDR. Era una democracia de camaradas: total y mutua confianza entre los revolucionarios investidos con “un alto sentido de su responsabilidad” para con el movimiento de la clase trabajadora.

Quizás lo más importante para una democracia real en una organización sea el libre debate -- la discusión libre, vigorosa y desinhibida de todos los asuntos importantes. Y el PLSDR contaba con esto, a pesar del ojo avizor del censor zarista y de la dispersión de muchos de los miembros del partido como consecuencia del exilio y el encarcelamiento. ¡Definitivamente Lenin hizo su contribución!

Aunque cambien los medios disponibles para implementar la democracia dentro del partido de vanguardia, el reconocimiento de su crucial importancia no cambia. Desde Lenin hasta Clara Fraser, los mejores dirigentes socialistas han insistido en que la supervivencia del partido depende del libre flujo de la discusión y el debate, de la responsabilidad mutua de los dirigentes y miembros, y del poder de los mismos para mantener el control.

Desarrollo del partido en circunstancias cambiantes

Como se ha dicho anteriormente, las ideas de Lenin sobre la forma que debería tomar el partido fueron determinadas por sus ideas acerca de sus tareas, las cuales provienen del programa y de las condiciones específicas del tiempo y el lugar. Sobre todo, pensaba que era necesario constituir “una organización revolucionaria capaz de unir todas las fuerzas y de dirigir el movimiento, no sólo nominalmente, sino en la realidad, es decir, capaz de estar siempre dispuesta a apoyar toda protesta y toda explosión, aprovechándolas para multiplicar y fortalecer los efectivos que han de utilizarse en el combate decisivo”. Lenin propuso esta perspectiva contra “el economismo”, tendencia oportunista y laborista limitada de la democracia social dedicada exclusivamente a mejorar el salario y las condiciones de trabajo y a adaptarse a los prejuicios los rusos más conservadores. Al contrario, abogó por lo que el FSP llama hoy un movimiento de asuntos múltiples, involucrado en toda lucha democrática contra la opresión. La misión del partido no era adaptarse al atraso sino alentar, educar y dirigir.

La manera en que el partido debía fortalecerse para realizar dicha tarea, declaró Lenin, era establecer un periódico nacional ruso -- un órgano para el partido en todo el país y no local. El periódico les daría a los revolucionarios rusos en lugares remotos un medio de comunicación, de información y análisis de las movilizaciones en diferentes lugares. Les proporcionaría nuevas ideas para campañas en las que se podían involucrar. Guiaría a los miembros del PLSDR en sus intentos de desarrollar y expandir el partido. También reuniría y educaría a los camaradas que produjeran el periódico.

Este plan desató una férrea oposición por parte de los mencheviques y otros grupos y provocó una división en el movimiento. Sin embargo, los bolcheviques pudieron llevar a cabo su plan y lograron su meta para el partido: la creación de un grupo básico de revolucionarios disciplinados, coordinados, educados políticamente, con un amplio criterio y con experiencia en la batalla.

Cuando cambian las circunstancias, el partido también debe cambiar, para poder responder correctamente a la pregunta “¿Y ahora qué?” Tiempos distintos requieren estrategias distintas. En 1905 sacudió a Rusia un enorme movimiento, el cual hizo tambalear el castillo del absolutismo zarista. Ya que se habían creado los fuertes cimientos necesarios, los bolcheviques pudieron cambiar de orientación drásticamente y abocarse a convertirse en un partido de masas realmente revolucionario reclutando entre decenas de miles de luchadores recientemente radicalizados -- sin poner en peligro ni opacar el programa del partido.

Para poder abrir el partido, Lenin tuvo que hacer frente a una fuerte oposición. En febrero de 1905, arguyó:

Debemos aumentar considerablemente la admisión de miembros en todo el partido y en órganos conectados al mismo para poder mantener, en alguna medida, el flujo de energía popular revolucionaria que ha sido multiplicada por cien.

Se debe reclutar a luchadores jóvenes de forma más osada, amplia y rápida para las filas de todas y todo tipo de nuestras organizaciones. Centenas de nuevos organizaciones deben ser montados para este propósito sin un minuto de demora. Sí, centenas, ésta no es una hipérbole. … Debemos usar la libertad que estamos consiguiendo por ley y la libertad que estamos usando a pesar de la ley.

Aunque la revolución de 1905 fue derrotada, significó un gran progreso para los trabajadores y campesinos, quienes habían conseguido nuevas libertades y habían aprendido lecciones invaluables. Durante un tiempo, los bolcheviques pudieron funcionar legalmente. Para 1907, antes de que un resurgimiento de la extrema reacción zarista los condenara de nuevo a la clandestinidad, se habían convertido en una organización de masas de alrededor de 45,000 personas.

Después de la revolución de 1917, las tareas del partido cambiaron drásticamente. La fundación de la Tercera Internacional o Internacional Comunista en 1919 fue un reflejo de ello. El Partido Comunista Ruso (PC) era entonces el órgano más respetado en un partido centralista demócrata mundial -- el reconocido líder del movimiento socialista mundial. Se había ganado a pulso su autoridad.

En el periodo previo al surgimiento del estalinismo, los partidos de todo el mundo acudían con sus problemas al Cominterm, conscientes de que recibirían consejos justos e inteligentes de alto calibre. En Los primeros diez años de comunismo americano, Cannon relata una de esas solicitudes de ayuda del PC de EEUU en 1922. El partido de EEUU, fundado en 1919, era un partido clandestino cuando nació, debido a la tenaz persecución de todos los radicales de EEUU durante y después de la primera guerra mundial. Para 1922, Cannon y otros pensaban que el clima había cambiado lo suficiente como para que el PC operara abiertamente y de esa forma pudiera incrementar su influencia. Pero el partido estaba profundamente dividido con respecto a esta cuestión. Durante el Cuarto Congreso del Comintern en Moscú, representantes de ambos lados pudieron discutir esta cuestión en reuniones con los principales representantes del Comintern, incluyendo a Trotsky y Zinoviev, y presentar su caso en una sesión formal.

Al final, y después de un cuidadoso y cabal análisis, todos los dirigentes rusos apoyaron plenamente la propuesta de la facción de Cannon a favor de la legalización del partido. La facción opositora había argüido que seguir siendo clandestino era una cuestión de principio. Los dirigentes soviéticos rechazaron rotundamente esta postura, y Zinoviev calificó el trabajo clandestino ilegal como una cruel necesidad bajo ciertas condiciones y algo que en absoluto debería convertirse en un fetiche. La ayuda del Comintern para resolver este debate sentó las bases para que el partido de EEUU se hiciera público y creciera. Sin ella, el incipiente partido pudo no haber sobrevivido.

En “El partido revolucionario: Su función en la lucha por el socialismo” (originalmente publicado como “El partido de vanguardia y la revolución mundial”), Cannon escribe que: “La historia del comunismo americano desde su inicio en 1919 ha sido un registro de la lucha por el tipo apropiado de partido. Todos los demás problemas han estado relacionados con este asunto principal”.

El frente popular como un sustituto criminal del partido bolchevique

Una de las moralejas de la historia de Cannon acerca del Cuarto Congreso de la Tercera Internacional es el incalculable e insustituible valor de una Internacional sana que cuente con la lealtad de los partidos socialistas de todo el mundo. Aunque actualmente muchos partidos pretenden o aspiran a ser una Internacional, ninguno cuenta con la combinación de integridad política y la cantidad de seguidores que caracterizó a Internacionales anteriores en su momento de apogeo. Por consiguiente, una de las tareas de los partidos actuales debe ser el hacer todo lo posible para recrear una Internacional similar.

Cuando partidos socialistas de diferentes rincones del globo batallan con este problema, desde el interior del vacío de liderazgo revolucionario mundial surge la “ayuda” de origen improbable: el dirigente de un estado capitalista. El presidente venezolano Hugo Chávez ha hecho un llamado por una Quinta Internacional para “luchar contra el imperialismo y el capitalismo”.

Chávez ha hecho algunas cosas buenas por la gente trabajadora y los indígenas de Venezuela y también ha hecho algunas cosas malas. Pero ni los buenos actos de Chávez ni los malos son parte de la ecuación en lo que se refiere a la cuestión de una Internacional que supuestamente continúe la tradición de las primeras cuatro. La propuesta de Chávez es fallida pues no se adecúa al primer principio del marxismo: la liberación de la clase trabajadora la conseguirán únicamente los trabajadores mismos, organizados en su propio partido.

Al contrario, esta imaginaria Quinta Internacional no es nada más que la más reciente variante de una antigua “alternativa” a la auto-emancipación de los trabajadores y al partido de vanguardia: el frente popular o del pueblo. El diseño de esta Quinta Internacional delegaría la emancipación de la clase trabajadora a una combinación heterogénea e indeseable de representantes de gobiernos (Irán está en la lista de invitados) y de órganos capitalistas, estalinistas, estalinista-capitalistas, reformistas y políticamente confundidos, incluyendo el Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México, el Partido Justicialista de Argentina, el Partido Liberal de Colombia, el Partido Comunista Chino, el Partido Comunista Vietnamita, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua, la Alianza Socialista de Australia y el Partido Socialista Unido de Venezuela del propio Chávez (PSUV).

El frente del pueblo es una alianza para lograr metas democráticas que está formado por trabajadores y sus representantes y de capitalistas, bajo el liderazgo capitalista y con un programa capitalista. Es una degradación del frente unido, el cual es una alianza para metas democráticas, abierto a todos los que compartan sus objetivos, pero con liderazgo de la clase trabajadora y un programa de la clase trabajadora.

Hugo Chávez utiliza la retórica socialista pero en la práctica dirige un estado capitalista y protege al sistema contra un cambio radical. Como escribió Guerry Hoddersen en la resolución política del FSP en 2006, Un hemisferio indivisible: la revolución permanente y el neoliberalismo en América, “La constitución [venezolana] protege los derechos de la propiedad privada y, en el pasado, Chávez declaró que respetaría dichos derechos. Hasta ahora, su gobierno sólo ha aprobado la incautación de tierras o de fábricas si éstas están abandonadas o no son utilizadas al máximo.” La Quinta Internacional que Chávez propone no promete en absoluto convertirse en una organización revolucionaria.

El frente popular que ejemplifica la Internacional de Chávez actualmente es quizás mejor conocido entre sus críticos como una herramienta de Joseph Stalin para aniquilar la Revolución Española y permitir que el fascismo triunfara sangrientamente en España. El Partido Comunista Español, los anarquistas y los socialistas reformistas (quienes heredaron el término de “democracia social” después de la división de revolucionarios y reformistas en la víspera de la primera guerra mundial) apoyaron y participaron en el gobierno burgués. Lo hicieron con más o menos sinceridad para proteger a la joven República Española contra los realistas y fascistas. El resultado fue un debacle que aún afecta hoy a los trabajadores europeos, sobre todo a los inmigrantes y a otros más vulnerables a los ataques fascistas.

En los EEUU, un amplio, difuso y longevo frente popular es mantenido por funcionarios laborales con alianzas con políticos demócratas que están a las órdenes de las corporaciones norteamericanas. La “reforma” del cuidado médico es una de las más recientes excrecencias de dicha alianza.

El frente popular es sólo una de las numerosas “alternativas” al partido de vanguardia que se les ofrece a los trabajadores y estudiantes insatisfechos. Estas opciones, que se solapan con frecuencia, incluyen, pero no exclusivamente: el involucramiento en un solo asunto de un tipo u otro; el limitarse a “un sindicalismo laboral puro y simple”; el apoyo a vehículos electorales de terceros partidos que critiquen al capitalismo pero que, sin embargo, lo defiendan como la única opción; la acción directa como principio y fin del activismo político; y el escapismo para la consecución de un cierto estilo de vida, el opio predilecto de hoy. Pero el frente del pueblo es uno de los primeros y más perniciosos sustitutos. Cuando el fascismo amenazaba a Europa, Trotsky estableció nexos con el frente del pueblo original en La Revolución Española (1931-39).

La cuestión de las cuestiones es presentemente el Frente Popular. Los centristas de izquierda intentan plantear esta pregunta como una maniobra táctica o incluso técnica, con el fin de vender sus mercancías a la sombra del Frente Popular. En realidad, el Frente Popular es la cuestión más importante de la estrategia de la clase proletaria en esta época. También ofrece el mejor criterio para las diferencias entre bolchevismo y menchevismo. Porque se suele olvidar que el mayor ejemplo histórico del Frente Popular es la revolución de febrero de 1917. De febrero a octubre, los mencheviques y los social revolucionarios … estaban en la más estrecha alianza y en una permanente coalición con el partido burgués de los cadetes, junto con los que formaron una serie de gobiernos de coalición. Bajo el signo de este Frente Popular se erguían todas las masas populares, incluyendo los concilios de trabajadores, campesinos y soldados. Con seguridad, los bolcheviques participaron en los concilios, pero no hicieron la mínima concesión al Frente Popular. Su demanda era romper este Frente Popular, destruir la alianza con los cadetes y crear un gobierno genuino de trabajadores y campesinos.
Como escribió Les Evans en su introducción a La Revolución Española, “Todas las condiciones para la victoria socialista habían existido en España -- salvo una. Y ésa, o sea, la existencia de un partido revolucionario de masas dedicado al establecimiento de un gobierno de trabajadores, pasó a ser indispensable”.

V. Feminismo socialista: el marxismo de nuestros tiempos

Lenin, Trotsky y los otros bolcheviques no podrían haber previsto que el tipo de partido revolucionario de masas que menciona Evans, el cual existió en muchos países en diferentes momentos durante la primera mitad del siglo XX, estaría virtualmente extinto casi 100 años después de la revolución de 1917. Sin embargo, ésta es una situación temporal, aunque duradera, cuyas causas se pueden explicar. Entre ellas se encuentra la vida artificial conferida al capitalismo por la economía de guerra permanente y el efecto contrarrevolucionario de la Unión Soviética estalinista en los trabajadores radicales, campesinos y los jóvenes de todo el mundo. A los socialistas de hoy Trotsky probablemente les diría lo que les dijo a los socialistas en 1938, los cuales se enfrentaban al ascenso del fascismo y la cercanía de la segunda guerra mundial (plasmado en El programa transicional para la Revolución Socialista): “Por supuesto sería impermisible caer en la histeria.” ¡Consejo siempre válido!

Los revolucionarios de EEUU se enfrentan a dificultades particulares. Las mismas libertades y recursos materiales que hacen la vida más fácil para mucha gente de aquí, incluyendo a los radicales, también merman la conciencia de clase y refuerzan las falsas apariencias acerca de las soluciones reformistas e individuales para los problemas sociales. La combinación de la era anticomunista de McCarthy, de una casta media asfixiante, la desinformación de los medios y de una cultura saturada de distracciones ha convertido, en la imaginación de muchas personas, en exóticas anomalías del pasado a los socialistas fieles a Marx.

¿Qué se necesita para sobrevivir en estas circunstancias, para evitar caer en el sectarismo u oportunismo, o simplemente claudicar? ¿Qué se necesita para avanzar? Se necesita un buen corazón y compromiso, con certeza, pero sobre todo se necesita un amplio panorama de la historia, una fuerte brújula política y la creación de la solidaridad entre la gente oprimida. Y esto es exactamente lo que ofrece la teoría y el programa del feminismo socialista.

La fundación del Partido de Libertad Socialista

Nada puede demostrar más claramente la veracidad de la declaración de Cannon citada anteriormente de que el programa crea la organización que la fundación del FSP, el cual emergió del Partido Socialista de los Trabajadores (SWP) en 1966 porque la orientación política del FSP contaba con una base más sólida en aquellos tiempos cambiantes.

Para el 1966 el SWP se había convertido en una organización recalcitrante. Su periodo de mayor impacto coincidió con el apogeo militante de las décadas de 1930 y 40 por parte de un movimiento sindicalista de EEUU dominado por los trabajadores en el comercio industrial. Después de los severos reveses y del aislamiento de la era de McCarthy, el SWP se estancó en lo que los fundadores del FSP describían como laborismo radical. Ésta era una orientación hacia los trabajadores más privilegiados y hacia la burocracia sindical, a costa de la exclusión de la apreciación del dinamismo demostrado por los miembros más oprimidos de la clase trabajadora.

En contraste, Richard Fraser creó la innovadora teoría de la integración revolucionaria y la desarrolló en colaboración con David Dreiser, Clara Fraser y un grupo multirracial de miembros del SWP de Seattle y Los Ángeles. Dicha teoría, según se discute en el libro Integración revolucionaria: Análisis marxista de la liberación africano-americana, explora la interdependencia de la liberación negra y la emancipación de la clase trabajadora de los EEUU y explica por qué el liderazgo negro es absolutamente crucial para toda la clase.

Además de la integración revolucionaria, miembros de la tendencia Kirk-Kaye (conocida por los nombres de partido de Richard y Clara Fraser, los cuales adoptaron debido al macartismo) coincidieron en el reconocimiento del poder explosivo de la lucha por la liberación de las mujeres. Esta conciencia provino de una duradera preocupación por la “cuestión de la mujer” entre mujeres miembros del SWP. Clara Fraser y Susan Williams describen este asunto en el ensayo de 1978 “Feminismo socialista: Donde se resuelve la batalla de los sexos”, en Revolución, escribió ella:

Durante el final de la década de 1940 y la de 1950, cuando la mujer era confinada de nuevo a Kinder, Kirche und Küche (los niños, la iglesia y la cocina), unas cuantas mujeres trotskistas del SWP mantuvieron viva la cuestión de la mujer. … Éstas son las mujeres que inventaron el término “feminismo socialista” para distinguir su política avanzada del feminismo de causa única, de derechos civiles y del sector anticomunista de los “feministas radicales”. Y éstas son las mujeres que pusieron en marcha no sólo el feminismo revolucionario sino también el socialismo revolucionario contemporáneo.

En Feminismo socialista: La primera década, 1966-76, Gloria Martin continúa la historia:

El surgimiento de un movimiento de masas por la liberación de las mujeres a finales de la década de 1960 y a principios de la de 1970 sorprendió a todos los partidos de izquierda excepto a uno. Los fundadores del FSP habían vaticinado dicho suceso inevitable desde hacía mucho tiempo. Nuestras teóricas, capacitadas en el método marxista de análisis de la realidad material de la vida norteamericana, pudieron observar la obvia realidad política. Estudiaron las estadísticas sobre las mujeres en la fuerza laboral. Aprendieron de su experiencia personal y de datos objetivos que el sector más instruido de la clase trabajadora eran las mujeres.

… Nosotras [las futuras integrantes del FSP] aún éramos parte del SWP cuando comenzó nuestro trabajo teórico sobre la cuestión de la mujer, y la mayor diferencia entre nosotras y otras mujeres del SWP era que nosotras no considerábamos que nuestra ira, nuestro resentimiento y nuestro fuerte sentido de la injusticia feministas fueran atípicos o excepcionales entre las mujeres en general. Sabíamos que nuestra avanzada conciencia y nuestros conocimientos de la súper explotación no eran superiores a los de las masas, y en 1950 ya estábamos urgiendo al SWP a que se alistara programática y estratégicamente para la venidera irrupción masiva de las mujeres en el ámbito de la protesta social.

Cuando todas las filiales del SWP de Seattle y su grupo juvenil, la Alianza Socialista de la Juventud, se separaron y fundaron el Partido de Libertad Socialista en 1966, lo hicieron bajo el estandarte de la integración revolucionaria y la emancipación de la mujer. Desgraciadamente, a los primeros miembros varones del FSP les parecía difícil poner en práctica el programa feminista que habían adoptado, lo cual causó una escisión temprana en el nuevo partido. Durante los años que siguieron, los miembros varones originales que quedaban, también desertaron. Durante seis meses en 1971, todos los miembros del FSP eran mujeres -- ¡seguramente una situación única de un partido leninista! Alrededor de 40 años después, por supuesto, muchos camaradas varones han sido modelos feministas socialistas y líderes de la organización por décadas.

La creación del primer partido socialista feminista es un testimonio del hecho de que a medida que cambian los tiempos, la teoría marxista cambia también: crece, se profundiza y se actualiza siguiendo los acontecimientos de la realidad. ¿De qué otra forma podría ser? La ideología de Marx y Engels se ha expandido con el paso del tiempo para incluir el estudio de Lenin sobre el imperialismo, el concepto de la revolución permanente de Trotsky, la función clave de la revolución en EEUU para la revolución mundial según lo expresan las “Tesis sobre la Revolución Americana” de Cannon, etc. El feminismo marxista es una expansión del arsenal revolucionario basado en el devenir de la historia. Se basa en el pensamiento de líderes socialistas anteriores acerca de la explotación de clase así como de la subordinación de la mujer.

Los primeros marxistas sobre la opresión de las mujeres y la función de éstas en la revolución

Engels, quien no es totalmente reconocido como el teórico marxista original del patriarcado y de la liberación de la mujer, creó las bases de toda la teoría socialista feminista que aparecería posteriormente en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Publicada en 1884, esta obra se basó en la evidencia antropológica pionera de esos tiempos. Engels explicó la forma en que el patriarcado surgió del matriarcado y el sistema de propiedad privada del sistema de propiedad comunal, aseverando célebremente que, “La abolición del derecho materno fue la gran derrota histórico-mundial del sexo femenino”.

Acerca de la condición de hombres y mujeres, Engels escribió:

La desigualdad de ambos ante la ley, la cual es un legado de las condiciones sociales anteriores, no es la causa sino el efecto de la opresión económica de las mujeres. En el antiguo hogar comunista, que comprendía numerosas parejas conyugales con sus hijos, la dirección del hogar, confiada a las mujeres, era también una industria socialmente tan necesaria como el cuidado de proporcionar los víveres, cuidado que se confió a los hombres. Las cosas cambiaron con la familia patriarcal y aún más con la familia individual monógama. El gobierno del hogar perdió su carácter público. La sociedad ya no se preocupó de ello. El gobierno del hogar se transformó en servicio privado; la mujer se convirtió en la criada principal, sin tomar ya parte en la producción social.
Engels fue el primero en estudiar sistemáticamente el surgimiento de la opresión femenina con relación al surgimiento del sistema de lucro. Pero la comprensión de la relación de la condición de las mujeres con el progreso social general se remonta a los primeros socialistas utópicos. En 1808, Charles Fourier escribió: “Los avances sociales y los cambios de períodos son originados en virtud del progreso de las mujeres hacia la libertad, y las decadencias del orden social son originadas en virtud de la disminución de la libertad de las mujeres. … La extensión de los privilegios a las mujeres es el principio general de todo progreso social.”

La particular importancia de la opresión de la mujer y la batalla por su liberación era reconocida comúnmente por los socialistas de todo el mundo durante el siglo XIX y durante los primeros años del XX, desde James Connolly en Irlanda hasta Daniel De León en los Estados Unidos. En 1903, en el prefacio de su traducción de La mujer en el socialismo de August Bebel, De León observó de forma similar a Fourier que la “cuestión de la mujer es el eslabón más débil” de la armadura capitalista. “El golpe que hace añicos el daño causado a ella [a la mujer] hace patente una vulnerabilidad que reverbera de polo a polo en el mundo capitalista”, escribió.

Como es el caso de muchas cuestiones, la Revolución Rusa validó y enriqueció enormemente la teoría socialista acerca de las mujeres. La función de la mujer irrumpió en el escenario, desde la descripción de Trotsky en La historia de la Revolución Rusa de la manera en que mujeres trabajadoras produjeron la chispa de la revuelta de febrero hasta las animadas conversaciones entre Lenin y Clara Zetkin acerca de la obligación de los comunistas de luchar por las demandas particulares de las mujeres y de pugnar para crear un movimiento internacional de mujeres.

Las iniciativas legales y prácticas implementadas durante los primeros años de la revolución para mejorar la condición de la mujer, y para reconocer los derechos de los homosexuales, nunca han sido igualadas, y menos superadas.

En una plática del Primer Congreso de toda Rusia de Mujeres Trabajadoras en 1918, recogido en una colección de manuscritos y discursos de Lenin, La emancipación de las mujeres, Lenin destacó el progreso legal, el cual incluía la introducción de la total libertad de divorcio y la abolición de los trámites de divorcio, “esa fuente de degradación, represión y humillación burguesas”. Sin embargo, añadía, “Lo importante no es la ley” sino permitir que la mujer “realice su trabajo proletario socialista independiente”.

Según lo expresó en este discurso, Lenin creía que, “La experiencia de todo movimiento de liberación ha demostrado que el éxito de una revolución depende del grado de participación de la mujer”. Debido a que la Unión Soviética peleaba por su supervivencia contra el imperialismo, era esencial movilizar el potencial revolucionario de las mujeres a nivel internacional. En la URRS, donde la mayoría del pueblo aún cultivaba la tierra, esto significaba deshacerse de las pequeñas granjas campesinas aisladas y crear una agricultura cooperativa, cuyo resultado sería que las mujeres pudieran formar parte de la producción social.

Socialismo y feminismo: la síntesis

En Origen de la familia Engels se ocupó de la cuestión de la relación entre la opresión de la mujer en general y la exclusión femenina de la fuerza de trabajo: “La primera premisa de la emancipación de las mujeres es la reintroducción de todo el género femenino en la industria pública”. Cuando escribió lo anterior, sin embargo, Engels creía que dicha reinserción tendría lugar después de que la familia patriarcal individual fuera reemplazada como la unidad económica básica de la sociedad. No obstante, ya que el capitalismo ha durado más de la cuenta, la mayoría de las mujeres se han unido a la fuerza de trabajo cuando la familia, a pesar de que sus formas se han multiplicado, aún es el núcleo económico responsable del cuidado, la alimentación, la crianza y la educación de la siguiente generación de trabajadores.

El genio de las primeras líderes del FSP, según se demuestra en la cita anterior de Gloria Martin, es que previeron este desarrollo, porque ellas mismas eran parte de la vanguardia de mujeres trabajadoras -- y porque estaban armadas con las herramientas analíticas marxistas para comprender su significado. La transformación a gran escala de las mujeres en esclavas asalariadas le dio una total nueva dimensión al significado del famoso comentario de Trotsky en El programa transicional: “¡Acudamos a la mujer trabajadora!”

Puede no ser fácil para las generaciones de jóvenes de hoy comprender cuán drásticamente ha cambiado la situación de las mujeres. Un documento de 1965 escrito por los futuros fundadores del FSP (ahora parte del libro Crisis y liderazgo) discutía la realidad de las mujeres en esa época.

La “inferioridad” de la mujer deriva de la condición de la mayoría de las mujeres, a quienes la economía y la tradición les impiden participar en la producción social pública y las mantienen confinadas a la labor doméstica privada, viviendo así, una vida de servicio personal a familias aisladas.

El hombre se involucra en la producción social y, de ese modo, sirve a la sociedad; la mujer sirve esencialmente a su hombre. Ya que la mayoría de las mujeres se encuentran en la periferia de la industria pública y son objetivamente dependientes, todas las mujeres son estereotipadas como secundarias. Todas representan una función doméstica uniforme característica de su género.

El trabajo no remunerado de las mujeres en el hogar es aún la base del trabajo mal pagado de las mujeres. ¡Pero cuánto ha cambiado! Una vez que las mujeres adquirieron una existencia productiva fuera del hogar, la subversión de su longeva condición de segunda clase se puso en marcha definitivamente -- según se había previsto. Aumentaron sus destrezas y su confianza, adquirieron una nueva relación de solidaridad junto a los trabajadores varones contra los patrones, y comenzaron a llevar a casa su salario. El feminismo socialista pudo florecer.

El feminismo socialista es el reconocimiento de que la opresión de las mujeres, el “pecado original” del sistema de propiedad privada y de lucro privado, es una cuestión revolucionaria, la más antigua y profunda de todas las subyugaciones. Justo de la misma forma que la desigualdad de la mujer fue una precondición necesaria para el surgimiento del capitalismo, sigue siendo una condición para la supervivencia del mismo. Los derechos democráticos básicos de la mujer, como los derechos de la gente de color de EEUU, no se pueden conseguir si no se destruye el capitalismo: ésta es una característica de la revolución permanente. Y es la razón por la cual las mujeres son el blanco de toda serie de recortes por parte de los patrones, de toda cruzada reaccionaria de la derecha, y de todo ataque a los derechos por parte del estado.

Para garantizar sus ganancias, el capitalismo depende, especialmente durante su agotamiento y deterioro, de la súper explotación de las mujeres, los trabajadores de color, los indígenas, los inmigrantes y los trabajadores de los países poscoloniales y menos desarrollados. Dicha súper explotación es justificada por ideologías sexistas y racistas que dividen y desorientan a la clase trabajadora, los sindicatos y los movimientos sociales, y que se hacen aún más ponzoñosas y mortales en tiempos de crisis económica y social. La clase está dividida aún más por el heterosexismo, consecuencia patriarcal del sometimiento de las mujeres.

En un ensayo inconcluso llamado “El papel desempeñado por el trabajo en la transición de simio a hombre”, Engels comenta acerca del fenómeno de consecuencias no intencionales. Escribió que, “El modo de producción actual se ocupa principalmente sólo del primer y más tangible resultado; y después se expresa aun sorpresa de que los más remotos efectos de las acciones dirigidas a este fin acaban siendo de un carácter diferente o incluso opuesto”. El animado e imparable liderazgo de los más oprimidos, desde los esclavos de Haití en 1791 hasta los jóvenes inmigrantes árabes de Francia y los enfermeros de EEUU de hoy día, es un arma contra la clase gobernante que ella misma creó. Y el liderazgo de las mujeres de color, explotadas al máximo y doblemente oprimidas, es el arma más fuerte de todas.

Marx y Engels escribieron célebremente que como consecuencia del crecimiento de la clase trabajadora, el capitalismo engendra sus propios sepultureros. Como resultado de la súper explotación y la persecución social de los grupos de trabajadores más oprimidos, se han creado los sepultureros que serán los primeros en acudir a este llamado.

La prueba de Litmus para la Izquierda

Durante los primeros años del FSP, el programa de asuntos múltiples y socialista feminista del partido y el liderazgo de las mujeres, la gente de color y los gays dentro del mismo provocaron el repudio manifiesto de otros socialistas revolucionarios tanto en EEUU como en el resto del mundo. Éstos eran los tiempos en que amplios sectores de la Izquierda, sobre todo el Partido Comunista estalinista y el Partido Comunista Revolucionario maoísta, aún creían que la homosexualidad era una aberración causada por la distorsión capitalista de las relaciones entre mujeres y hombres.

La Izquierda tampoco aceptaba mucho el movimiento de liberación de la mujer. Puesto que no se estaba enviando a mujeres a servir en Vietnam y que la AFL-CIO se oponía a la Enmienda de Derechos Iguales, el feminismo se consideraba una distracción de los asuntos “serios” -- es decir, los asuntos de los hombres.

Hoy día se ha reducido mucho el sexismo manifiesto de la Izquierda. Sin embargo, la renuencia al liderazgo de las mujeres es aún un hecho, y la combinación por parte del FSP de socialismo y feminismo sigue siendo controversial. En EEUU, grupos tan distintos como la Liga Espartacista y la Organización Socialista Internacional (ISO) están unidas por su desaprobación del feminismo pues lo tildan de burgués, aunque piensan que “los derechos de las mujeres” o “la liberación de las mujeres” son aceptables. Aún persiste la noción, ya sea encubierta o abierta, de que el feminismo es una distracción y detracción del asunto principal, la lucha de clases, en vez de un componente esencial, aunque descuidado, de dicho asunto.

Con frecuencia, como en el caso de la ISO, la objeción es que el feminismo es un “movimiento propio” -- o sea, un movimiento autónomo. La ISO también niega la existencia del privilegio con base en el género y la raza. Los miembros del partido y de las Mujeres Radicales se han cansado de discutir estas cuestiones: de explicar que autonomía no significa separación de las batallas sindicales ni de muchas otras manifestaciones de la lucha de clases, ofreciendo ejemplos cuidadosamente razonados acerca de cómo opera el privilegio masculino y blanco. Quizás es hora de dejar que Lenin tome la palabra. En La emancipación de las mujeres, Clara Zetkin cita a Lenin diciéndole en 1920 que:

Es … perfectamente correcto que presentemos demandas para el beneficio de las mujeres. … Nuestras demandas no son más que conclusiones prácticas, extraídas por nosotros de las urgentes necesidades y lamentables humillaciones que las débiles y no privilegiadas mujeres deben soportar bajo el sistema burgués. De esa forma, demostramos que somos conscientes de dichas necesidades y de la opresión de la mujer, que somos conscientes de la condición privilegiada de los hombres, y que odiamos -- sí, odiamos -- y queremos eliminar lo que oprima y perturbe a la mujer trabajadora, la esposa del trabajador, la campesina, la esposa del hombre humilde, e incluso, en muchos respectos, la mujer de las clases acomodadas.

… Nuestras secciones nacionales aún carecen de la comprensión adecuada de esta cuestión y adoptan una actitud pasiva y morosa con respecto a la creación de un movimiento de masas de mujeres trabajadoras bajo el liderazgo comunista. No se dan cuenta que desarrollar y dirigir tal movimiento de masas es un factor importante de toda actividad del Partido, pues constituye la mitad de todo el trabajo del Partido. Su reconocimiento ocasional de la necesidad y el valor de un movimiento decidido, fuerte y numeroso de mujeres comunistas son sólo palabras en lugar de una preocupación y una tarea constantes del Partido.

Uno podría objetar que aquí Lenin está hablando de un movimiento de mujeres trabajadoras “bajo el liderazgo comunista”. Pero, en esas épocas, no existía un movimiento masivo de mujeres; estaba urgiendo a los comunistas a que lo crearan. Lenin sería el último revolucionario en el mundo en condenar de “burgués” el inspirador progreso del “segundo sexo” en décadas recientes. Lo vería tal y como ha sido y aún es: una tremenda oportunidad para la agitación e instrucción revolucionarias, y un poderoso instrumento de mejoría de las “urgentes necesidades y lamentables humillaciones” de las mujeres.

En el escenario global, el FSP desempeña una importante función proveyendo conocimientos teóricos y experiencia práctica para la creación de un partido socialista feminista y de una organización de masas de mujeres como las Mujeres Radicales. El interés en el feminismo socialista es amplio, sobre todo en América Latina, donde se ha concentrado el reciente trabajo internacional de la sección de EEUU. Sin duda, esto se debe a la combinación del reciente fervor militante en el hemisferio sur de América y la tradición del feminismo con consciencia de clase en esa región.

Aunque el FSP aún no ha encontrado ningún vehículo para el reagrupamiento internacional, algunas de las relaciones que hemos explorado con los morenistas de América Latina a lo largo de los últimos años todavía pueden resultar ser pasos en el camino correcto. En cualquier caso, esas experiencias han incrementado nuestra comprensión de la tradición morenista, de los acontecimientos en América Latina y del estado actual del trotskismo mundial, y aún de nuestro propio programa socialista feminista. Tenemos mucha confianza en que el poder unificador del feminismo revolucionario sea un ingrediente clave en el eventual reagrupamiento.

El feminismo burgués y la integración racial burguesa

Por supuesto que existe el feminismo burgués, así como la integración burguesa. El mundo pudo observar ambos en su máximo esplendor durante las elecciones para presidente de EEUU en 2008. Cuando la crisis económica significa que a la vasta mayoría de la gente de color y a las mujeres se les hará sufrir más que nunca, es hora de maquillar el rostro del gobierno.

El éxito de la clase dirigente de Barack Obama, Hillary Clinton, Sarah Palin, Condoleezza Rice, Janet Reno y demás, les proporciona argumentos a los reformistas, quienes difunden la noción de que, salvo algunas excepciones, el capitalismo provee un camino estable hacia la tierra prometida de igualdad y oportunidad. Los destellos de estos caudillos tienen como intención el desviar la atención de la gran cantidad de evidencia que desmiente este mito.

Más que nada, la esperanza burguesa es transformar el deseo de cambio de las mujeres, la gente de color, los inmigrantes y lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros -- aquéllos que deberían estar a la vanguardia de la resistencia militante -- en canales reformistas seguros (por ser ineficaces). En un discurso de noviembre de 2009, Glen Ford del Black Agenda Report condenó el efecto calmante de la elección de Obama en muchos negros, diciendo que, “Cuando el pueblo negro se colapsa no puede existir ningún movimiento progresista en los Estados Unidos”.

Afortunadamente, es muy claro que, bajo la presión de la realidad, el brillo del actual ocupante de la Casa Blanca está menguando. Desgraciadamente, sus opositores más ruidosos son de derecha.

Hoy día, la tarea de los radicales es proveer una oposición alternativa: relacionar el actual engaño de la clase dirigente con todos los que lo han precedido, para explicar el funcionamiento del sistema que regularmente produce representantes que satisfacen las necesidades capitalistas del momento. La tarea actual de los radicales es persuadir a los trabajadores, sobre todo a los más oprimidos, que sólo su acción inquebrantable puede crear una mejor vida. La tarea actual del FSP es ofrecer orgullosamente el feminismo socialista y el partido de vanguardia como respuesta a las necesidades actuales de la clase trabajadora.

VI. La confianza y la tenacidad para avanzar hacia el socialismo

El futuro inmediato promete más tumultos y más militancia contra las dificultades del capitalismo y nuestro partido tiene una función especial que desempeñar.

Un área crucial de trabajo es el movimiento laboral, definido ampliamente. Esto incluye no sólo los sindicatos sino también los trabajadores desempleados y no organizados. La historia del partido de fundar coaliciones laborales y comunitarias para defender a los más oprimidos y explotados es una vasta fuente de lecciones para las batallas de hoy. Nuestra función es continuar fomentando y construyendo estos frentes unidos para unir a los sindicatos, los educadores, los proveedores de servicios, y la gente más golpeada por la crisis. En los casos en que las Mujeres Radicales toman la iniciativa para crear campañas populares como ésta, tal como Sisters Organize for Survival (Las Mujeres se organizan para la supervivencia), el FSP debe ayudar en esa tarea.

Nosotros podemos brindar un programa radical y una perspectiva de asuntos múltiples a dichos frentes unidos. Será nuestra tarea reconocer y promover en ellos el liderazgo de los inmigrantes, los trabajadores de color, las mujeres, y los gays e insistir en los asuntos que afectan a estos grupos, tales como la defensa contra la derecha, la calidad de la educación pública, el cuidado infantil, la acción afirmativa, la reforma de cuidado médico, y la aprobación de ENDA, la Ley de No Discriminación de Empleo que se concentra en los gays.

También será nuestra tarea dentro del movimiento laboral y las coaliciones que luchan contra la crisis ayudar a la gente a crear una alternativa al Partido Demócrata. Debemos trabajar para persuadir a los sindicalistas de bases y funcionarios afines para que postulen a candidatos laborales independientes como parte de un programa anticapitalista -- un paso hacia la construcción de un partido serio y genuino de los trabajadores.

La línea política que nos guíe en nuestro trabajo deberá culpar de la crisis a quien se lo merece: definitivamente a los capitalistas. El uso del programa de 10 puntos del partido nos permitirá lograr lo anterior y también ocuparnos de las necesidades inmediatas del pueblo. La demanda de “30 por 40”, por ejemplo, es una solución muy lógica y eficaz al desastroso problema de desempleo. Forzar a las corporaciones a reducir la semana laboral de 40 a 30 horas sin reducción de sueldos crearía suficientes nuevos empleos y de esa forma eliminaría una tremenda cantidad de sufrimiento.

Cuando nos preguntan cómo es posible que los trabajadores puedan lograr semejantes demandas, respondemos, ¡con unidad laboral y huelgas por demandas políticas, apoyados totalmente por todos los sindicatos! Ya es hora de que sigamos el ejemplo de los trabajadores de Europa y otros lugares del mundo y que comencemos a luchar contra el fuego con fuego.

En el FSP creemos en la colaboración de los socialistas en asuntos y campañas electorales y, además de eso, en la reagrupación de las fuerzas trotskistas. Abogamos por la cooperación entre los grupos de izquierda para defender a los trabajadores, radicales, soldados que se oponen a la guerra, denunciantes y prisioneros políticos en estos nuevos tiempos peligrosos de macartismo. ¡Necesitamos ser constantes!

Nuestro trabajo internacional también seguirá siendo importante. La crisis del trotskismo mundial y la ausencia de una Internacional socialista revolucionaria frenan enormemente la revolución mundial. Aunque en el FSP hemos conseguido nuevos aliados y hemos incrementado nuestra comprensión del trotskismo en este hemisferio, ¡a veces parece que si queremos una Internacional, nosotros tendremos que crearla! Nuestro continuo involucramiento en el ámbito internacional es crítico.

Para satisfacer todas estas responsabilidades, el FSP debe crecer, tanto política como numéricamente.

Esto significa que debemos afianzar nuestros conocimientos en el área de la teoría. Estudiando a los clásicos, los camaradas encontrarán de inestimable valor los principios y la metodología básicos. ¡Y no podemos olvidar la riqueza que abunda en nuestras propias publicaciones! Una prioridad indispensable es utilizar y apoyar financieramente el Freedom Socialist y nuestras otras armas de educación masiva.

Además de aprender de los libros podemos aprender por medio de la actividad práctica -- el entrenamiento político que conseguimos a través de nuestro involucramiento en los movimientos de masas. Los camaradas no deben tener miedo de tomar riesgos ni sentirse paralizados por el temor a los errores. Se puede aprender de los errores si las filiales locales los resuelven por medio de una cuidadosa consideración y aprovechan las lecciones aprendidas.

Y, por supuesto, queremos y necesitamos atraer a más miembros al partido. Tenemos un gran programa: ¡para hacerlo funcionar plenamente, necesitamos más gente. ¡Éste es el caso sobre todo de los negros, otra gente de color y los jóvenes!

Los fundamentos de nuestro programa son la integración revolucionaria y el reconocimiento de la función de vanguardia de la gente oprimida por el color de su piel. Sin el liderazgo negro, particularmente, no se podrá hacer la revolución en EEUU -- y necesitamos ese mismo liderazgo en nuestro partido.

Con respecto a los jóvenes, el FSP, como el futuro mismo, pertenece a las generaciones que han madurado desde la última gran revuelta radical de la década de 1960. Cannon escribe en “El partido revolucionario” que la vitalidad del partido “la determinan la capacidad de ampliar y restaurar sus cuadros y de proveer líderes calificados de generación en generación”. Éste es nuestro reto, y tenemos algo especial y valioso que ofrecer: un partido feminista de generaciones múltiples que le proporciona a cada camarada la oportunidad de aprender y sobresalir.

El partido les provee a los jóvenes un amplio panorama histórico y una estabilidad que, de otra forma, es difícil obtener, y los jóvenes le ayudan al partido a mantener su brío. Los radicales necesitan contar con profundas reservas de paciencia y tenacidad, y también deben permanecer atentos y alertas a las oportunidades. No hay una mejor manera de lograrlo que tomando parte en toda lucha democrática.

En el tiempo entre dos revoluciones, los socialistas pueden temer que la siguiente revolución nunca llegue -- ¡y los capitalistas esperan que no llegue! Pero las leyes sociales no operan en concierto con ninguna esperanza ni temor. Aún es necesaria la revolución socialista mundial, aún es apropiada, y aún va a llegar. ¡Y el FSP desempeñará su papel!

De la misma forma en que la crisis en la que nos encontramos actualmente es tan profunda y aguda, así será de grande y dulce nuestra victoria cuando superemos dicha crisis -- sólo para enfrentarnos a nuevos retos pues el feminismo socialista trabaja, no para destruir el sistema social, sino para hacer que nazca uno nuevo.


Cronología de la continuidad política

Liga Comunista, primera organización internacional de socialismo científico, fundada en junio de 1847 en Londres como un avance con respecto a los grupos socialistas utópicos y conspirativos que existían en esa época. Éste es el grupo para el cual Marx y Engels escribieron el Manifiesto del Partido Comunista, que terminó con el famoso lema, “¡Trabajadores de todos los países, uníos!” La LC se dispersó en 1852. La interesante “History of the Communist League” puede encontrarse en http://www.marxists.org/archive/marx/works/1847/communist-league/1885his... (Marxists Internet Archive, con sección en español incluida) y en Basic Writings on Politics and Philosophy (New York: Anchor Books [Doubleday], 1959), una colección de Marx y Engels editada por Lewis S. Feuer.

Asociación Internacional de Trabajadores o Primera Internacional, fundada en 1864 en Inglaterra por Marx, Engels y otros como respuesta a la intensificación de la lucha de clases cuando la clase trabajadora crecía en número y organización. El choque entre filosofías marxistas y anarquistas marcó políticamente a esta Internacional. La derrota de la Comuna de París en 1871, durante la cual trabajadores revolucionarios tuvieron el poder 72 días por primera vez en la historia, provocó el verdadero fin de la Primera Internacional en 1872. Fue disuelta oficialmente unos años más tarde. Se pueden encontrar descripciones y breves esbozos históricos de esta Internacional y de las dos siguientes en The First Three Internationals: Their History and Lessons (New York: Pathfinder Press, 1974), de David Frankel, George Novack y Fred Feldman.

Segunda Internacional o Internacional Socialista, fundada en París en 1889 (centenario de la Revolución Francesa) y que aún existe actualmente. En sus primeros años, esta Internacional ayudó al movimiento de trabajadores revolucionarios a realizar grandes avances tanto en la actividad práctica como en la teoría. Dejó de ser una genuina organización de internacionalismo de la clase trabajadora cuando, después de un periodo de creciente influencia reformista interna, sus representantes en varios países apoyaron a “sus propias” clases capitalistas en la víspera de la Primera Guerra Mundial.

Partido Laborista Social Demócrata Ruso (PLSDR), fundado en 1898 en Minsk en oposición a los populistas, no marxistas Narokniks, que fueron los antecesores de los Revolucionarios Socialistas. Durante la mayor parte de su existencia, a diferencia de los partidos social demócratas europeos, el PLSDR fue un partido ilegal que promovió las ideas marxistas en condiciones de extrema censura y represión zaristas.

Partido Socialista Revolucionario (también conocido como Partido Social Revolucionario), fundado en 1901 con una orientación hacia los campesinos como la principal fuerza revolucionaria y con una enorme base en la estrategia del terror. En La historia de la Revolución Rusa, Trotsky usó el término “casta media” para describir la función de los Revolucionarios Socialistas (o Revolucionarios Sociales) y los mencheviques después de que los trabajadores y soldados tomaron el poder en febrero de 1917.

Bolcheviques, la tendencia interna de la democracia social rusa dirigida por Lenin, la cual surgió de la división con los mencheviques en 1903. El asunto principal fue la concepción de Lenin del partido de vanguardia. Oficialmente los bolcheviques emergieron como un partido aparte en 1912 cuando, después de varios intentos de reunificación, se hizo final la división con los mencheviques. En 1918, los bolcheviques adoptaron el nombre de Partido Comunista.

Mencheviques, los socialistas rusos que abogaban por un partido revolucionario menos integrado y menos disciplinado y que se aferraron a la teoría de las dos fases: la necesidad de la revolución democrática burguesa que sería seguida por un largo periodo de consolidación capitalista antes de que pudiera darse la revolución socialista. En la práctica, durante la Revolución Rusa, esto significó aliarse con los capitalistas contra los trabajadores y campesinos.

Cadetes o Partido Democrático Constitucional, fundada en octubre de 1905, el mes en que la revolución de 1905 forzó al Zar Nicolás II a hacer concesiones democráticas y a reconocer las libertades civiles básicas. Los Cadetes fueron el principal partido ruso del liberalismo burgués.

Tercera Internacional o Internacional Comunista (Comintern), fundada en marzo de 1919 en Moscú. La Tercera Internacional, producto de la Revolución Rusa, fue el sustituto revolucionario de la políticamente agotada Segunda Internacional. Se basó en una profunda comprensión del imperialismo y la valorización de la revolución internacional como la única ruta posible hacia el socialismo. Después del surgimiento del estalinismo, sin embargo, la Internacional se convirtió en lo opuesto -- en una herramienta para hacer las paces con el imperialismo. Su último congreso se celebró en 1935 y Stalin lo disolvió formalmente en 1943.

Partido Socialista de los Trabajadores (SWP) (EEUU), fundado el día de año nuevo de 1938. Sus raíces se remontan a diez años antes, al descubrimiento por parte de James P. Cannon de la respuesta programática de Trotsky a Stalin durante el sexto congreso de la Tercera Internacional en 1928. El SWP reunía las mejores tradiciones del radicalismo de EEUU y las convirtió en el fundamento del marxismo y leninismo incorrupto por el estalinismo -- fundación trotskista. Declinó políticamente después de la era de McCarthy, pues sucumbió al oportunismo de un solo asunto, al centralismo burocrático y al laborismo radical, que es una orientación hacia las luchas de trabajadores interpretadas estrechamente y que involucran a la aristocracia laboral (los trabajadores con los sueldos más altos y con intereses creados en el sistema). A principios de la década de 1980, dirigido por Jack Barnes y Mary Alice Waters, el SWP repudió la teoría de Trotsky de la revolución permanente y se abocó a promover el Partido Comunista Cubano.

Cuarta Internacional, fundada por la iniciativa de Trotsky en Francia en septiembre de 1938, un año después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Los partidos de la Cuarta Internacional libraron una heroica batalla simultánea contra el capitalismo “normal”, contra el fascismo, su variante, y contra el estalinismo. La Cuarta Internacional también produjo el Programa Transicional de Trotsky, el cual sigue siendo esencial para los revolucionarios contemporáneos como una guía metodológica para determinar programa y estrategia, y como una serie de reivindicaciones aún vigentes. (Véase The Transitional Program for Socialist Revolution, New York: Pathfinder Press, 1977.) Sin embargo, la Cuarta Internacional se desbandó en 1953 debido a profundos desacuerdos sobre las perspectivas de la revolución mundial y nunca se recuperó, aunque algunos grupos que existen aún pretenden mantener su continuidad.

Partido de Libertad Socialista, fundado el 9 de julio de 1966 en Seattle por antiguos miembros de las filiales de Seattle del Partido Socialista de los Trabajadores y de la Alianza de la Juventud Socialista, que habían renunciado en mayo de 1966, y por otros jóvenes recientemente radicalizados y participantes en una coalición electoral socialista de 1964. Su programa incluía el internacionalismo y la defensa de la Revolución China, la inmediata e incondicional igualdad para los negros, la emancipación de las mujeres y la obligación de los socialistas de integrar el análisis anticapitalista y feminista al movimiento contra la Guerra de Vietnam. El partido se dedicó expresamente a convertirse en una organización nacional durante la década de 1970 estableciendo filiales y proporcionando apoyo a los miembros fuera de Seattle, y logró su primera sección afín internacional con la fundación del FSP en Melbourne en 1982. Véase http://www.socialism.com (con secciones en español incluidas) para saber más acerca de la historia del partido.


Glosario de personajes

Mikhail Bakunin. 30 de mayo de 1814 - 1 de julio de 1876. Nacido en la nobleza rusa, Bakunin se hizo revolucionario y fue uno de los primeros teóricos del anarquismo. Fue el principal contrincante de Marx y Engels en la Primera Internacional y también tradujo al ruso su Manifiesto del Partido Comunista.

Augusto Bebel. 22 de febrero de 1840 - 13 de agosto de 1913. Dirigente obrero de la socialdemocracia alemana durante el apogeo de su influencia al final de la década de 1890 y a principios del siglo XX. Autor de La mujer y el socialismo, publicado en 1879. También véase http://marxists.org/archive/bebel/1879/woman-socialism/index.htm (Marxists Internet Archive).

James P. Cannon. 11 de febrero de 1890 - 21 de agosto de 1974. Clásico revolucionario estadounidense, agitador y propagandista socialista desde su adolescencia. Fundador del trotskismo en EEUU junto con Max Shachtman y Martin Abern, y autor de “Tesis de la Revolución Americana”. Véase http://www.marxists.org/history/etol/document/swp-us/cannon.htm (Marxists Internet Archive).

James Connolly. 5 de junio de 1868 - 12 de mayo de 1916. Sobresaliente luchador marxista por la independencia irlandesa, nacido en Escocia de padres inmigrantes irlandeses. Fundador del Partido Socialista Republicano Irlandés en 1896, fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento británico por su importante participación en la Revuelta de Pascua por la independencia en abril de 1916.

Daniel De León. 14 de diciembre de 1852 - 11 de mayo de 1914. Lingüista y académico que emigró de Holanda a los EEUU a principios de la década de 1870. Líder del Partido Laboral Socialista. De León también fue fundador de los Trabajadores Industriales del Mundo con Eugene V. Debs y William (“Big Bill”) Haywood en 1905. Véase “The I.W.W. -- the Great Anticipation” en The First Ten Years of American Communism de Cannon (New York: Pathfinder Press, 1974).

Federico Engels. 28 de noviembre, 1820 - 5 de agosto de 1895. Colaborador político y amigo de toda la vida de Carlos Marx, autor (junto con él) de muchas obras esenciales, editor y traductor al inglés de los volúmenes de El capital, y autor de El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Dirigente teórico de la joven Segunda Internacional hasta su muerte. Véase Portraits, Political and Personal de Trotsky (New York: Pathfinder Press, 1977).

Carlos Fourier. 7 de abril de 1772 - 10 de octubre de 1837. Socialista utópico francés crítico de las limitaciones de la Revolución Francesa democrático-burguesa que tenía una especial preocupación por el tratamiento de las mujeres y los niños. Se cree que él inventó la palabra “feminismo” (“féminisme”).

Clara Fraser. 12 de marzo de 1923 - 24 de febrero de 1998. Teórica del feminismo socialista y fundadora del feminismo socialista como tendencia organizacional. Talentosa escritora y editora, estudiante y maestra de El capital. Una de los fundadores y las fundadoras del Partido de Libertad Socialista y una de las fundadoras de las Mujeres Radicales, era conocida por su combinación de la perspicacia teórica, sus destrezas para constituir un partido y su apreciación de la actividad de los movimientos de masas. Véase “Clara Fraser: A Passion for Politics” de Adrienne Weller en Revolution, She Wrote de Fraser (Seattle: Red Letter Press, 1998). http://www.redletterpress.org/revolution.html.

Richard Fraser. 30 de junio de 1913 - 27 de noviembre de 1988. Uno de los primeros críticos del giro hacia la derecha del Partido Socialista de los Trabajadores (SWP) después de la era de McCarthy, estudioso de la historia negra de EEUU, y creador de la teoría de integración revolucionaria. Con Clara Fraser, fue dirigente de la tendencia Kirk-Kaye en el SWP y fundador del Partido de Libertad Socialista en 1966. Fraser provocó una división en el FSP el siguiente año debido a las normas organizacionales feministas y leninistas.

Vladimir Ilyich Lenin. 22 de abril de 1870 - 21 de enero de 1924. Dirigente del Partido Bolchevique, dirigente junto con Trotsky de la Revolución Rusa y fundador de la Tercera Internacional. Formuló el concepto de partido de vanguardia y luchó dentro de la democracia social rusa por su aceptación y contra el reformismo. Analizó el imperialismo como la fase final del capitalismo. Véase Portraits, Political and Personal de Trotsky (New York: Pathfinder Press, 1977).

Gloria Martin. 3 de junio de 1916 - 22 de noviembre de 1995. La más cercana colaboradora de Clara Fraser después del lanzamiento del Partido de Libertad Socialista y una de las fundadoras, junto con ella, de las Mujeres Radicales en 1967. Con Fraser y Melba Windoffer, fue una de las principales educadoras y capacitadoras de nuevas generaciones de feministas marxistas. Véase “Gloria Martin: Irrepressible, Inspirational Pioneer of Socialist Feminism” y “Valedictory for a Free Spirit” en Freedom Socialist Vol. 16, No. 4 (Enero - marzo de 1996).

Carlos Marx. 5 de mayo de 1818 - 14 de marzo de 1883. Conocido como el más tenaz crítico del capitalismo y fundador teórico del socialismo científico, Marx fue asimismo un organizador y activista que comprendió el crucial papel del partido revolucionario en la emancipación de la clase trabajadora. Véase el esbozo sobre Marx de Lenin en el Glosario de personas en http://www.marxists.org/glossary/people/m/a.htm (Marxists Internet Archive).

León Trotsky. 7 de noviembre de 1879 - 21 de agosto de 1940. Uno de los principales líderes de las revoluciones rusas tanto de 1905 como de 1917 y dirigente de la Armada Roja en el periodo de guerra civil e invasión imperialista. Entre otras contribuciones esenciales de Trotsky se encuentran su teoría de la revolución permanente, la lucha contra el estalinismo, el análisis del fascismo y de la manera de derrotarlo y la fundación de la Cuarta Internacional. La autobiografía de Trotsky es Mi vida; o véase http://www.marxists.org/archive/trotsky/1930/mylife/ (Marxists Internet Archive). Para un resumen accesible, véase Leon Trotsky: His Life and Ideas de Helen Gilbert (Seattle: Red Letter Press, 2003). http://redletterpress.org/redreaders.html#trotsky

Murry Weiss. 9 de septiembre de 1915 - 26 de diciembre de 1981. Pensador y organizador del SWP y, junto con Myra Tanner Weiss, capacitador y mentor de Clara Fraser y otros miembros de la tendencia Kirk-Kaye. Colega cercano y colaborador de Cannon en las “Tesis de la Revolución Americana”. Después de unirse al FSP durante sus últimos años de vida, aportó un análisis de la relación entre la revolución permanente y la liberación femenina (“Permanent Revolution and Women's Emancipation” en Women's Emancipation and the Future of the Fourth International). Véase “Murry Weiss, 1915-1981” en Freedom Socialist Vol. 7, No. 3 (Primavera de 1982).

Clara Zetkin. 5 de julio de 1857 - 20 de junio de 1933. Líder feminista internacionalista del socialismo alemán. Fue una de las fundadoras, junto con Rosa Luxemburg, Karl Liebknecht y otros, del Partido Comunista Alemán en 1918; inspiradora del Día Internacional de la Mujer en 1910. El surgimiento del fascismo forzó a Zetkin a exiliarse a la Unión Soviética unos meses antes de su muerte.

Gregory Zinoviev. 23 de septiembre de 1883 - 25 de agosto de 1936. Colaborador más cercano de Lenin e importante escritor y pensador durante su exilio de Rusia durante los años previos a 1917. Zinoviev titubeó entre Trotsky y Stalin después de la muerte de Lenin, distanciándose de Trotsky definitivamente a finales de 1927. Junto con Lev Kamenev y otros 14, fue ejecutado por Stalin después del primero de los notorios juicios de Moscú, durante los cuales los pilares de la revolución y del joven estado soviético fueron acusados de fantasiosos crímenes. Véase Portraits, Political and Personal de Trotsky (New York: Pathfinder Press, 1977).


Lecturas recomendadas

Andrea Bauer, De las cenizas del antiguo siglo está naciendo un mundo mejor (Seattle: Red Letter Press, 2001)

James P. Cannon, La historia del trotskismo americano, 1928-38 (New York: Pathfinder Press, 2002)

James P. Cannon, La lucha por un partido proletario, 2nd ed. (New York: Pathfinder Press, 2008)

Federico Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, http://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/index.htm.

Helen Gilbert, León Trotsky: su vida y sus ideas (Seattle: Red Letter Press, 2006).

Guerry Hoddersen, Un hemisferio indivisible: la revolución permanente y el neoliberalismo en América (Seattle: Red Letter Press, 2006).

Guerry Hoddersen, et al., La voz del feminismo socialista (Seattle: Red Letter Press, 2001).

V.I. Lenin, ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento, http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/quehacer/index.htm.

Carlos Marx and Federico Engels, Sobre el anarquismo, http://www.scribd.com/doc/22224251/Carl-Marx-y-Federico-Engels-Sobre-El-...

León Trotsky, Programa de transición: La agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional, http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1938/prog-trans.htm.

León Trotsky, Historia de la Revolución rusa, http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1932/histrev/tomo1/index.htm.

León Trotsky, Escritos sobre España, http://www.marxists.org/espanol/trotsky/spain/index.htm

Murry Weiss, La emancipación de las mujeres y del futuro de la IV Internacional (Seattle: Red Letter Press, 2006)