Los anti-nazistas superan a los supremacistas blancos
Debemos defender el derecho de los militantes a organizarnos contra el creciente fascismo
Monica Hill
volume:  
volume 38
issue 5
octubre de 2017
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Manifestantes afuera de la Torre Trump en la Ciudad de Nueva York reaccionan ante la marcha de supremacistas blancos en Charlottesville, Va. Foto: Joe Penney / Reuters

La atronadora indignación marcó un momento de cambio en los Estados Unidos después de que James Fields Jr. asesinara a un manifestante anti-nazi e hiriera a docenas más en su ataque del 12 de agosto en Charlottesville, Virginia. El antagonismo entre la izquierda y la derecha es ahora una batalla a campo abierto. Y hasta ahora, estamos ganando aquéllos que nos oponemos al fanatismo.

Éste es el momento de construir un movimiento de resistencia sostenido y unido. Esto es lo que es preciso para contrarrestar no sólo a los rufianes supremacistas blancos, sino también a la policía y a la prensa corporativa, los cuales están fomentando la histeria por la supuesta violencia de los manifestantes antifascistas.

Los nazis pegan la carrera. Debemos felicitar calurosamente a las decenas de miles de guerreros anti-nazis que han superado en organización y números a los supremacistas blancos en todo el país, entre ellos los contingentes del Partido de Libertad Socialista (FSP) y de las Mujeres Radicales.

El grupo islamofóbico Act for America canceló 67 marchas de “Primero EUA” a la vez que se cancelaron otras manifestaciones desde Boston hasta Atlanta. Se forzó al gurú reaccionario Steve Bannon a salir de la Casa Blanca, y renunciaron los CEOs de los concilios de asesores de la Casa Blanca. Los sitios Web de supremacistas como Vanguard America fueron expulsados del Internet.

Las personas que nos resistimos a la ultraderecha ahora tenemos la oportunidad de analizar la amenaza de la extrema derecha, evaluar nuestras estrategias y reforzar nuestras defensas.

Acusando a los anti-fascistas de “violentos.” Las corrientes fascistas crecen cuando la gente se siente sitiada y desesperada, y ambos partidos del capitalismo de EEUU han ayudado a preparar el terreno para su avance hoy día. Después de varias décadas en que la clase trabajadora ha perdido terreno tanto bajo los demócratas como los republicanos, la anémica recuperación después de la crisis económica de 2008 y las turbias perspectivas para el futuro están alimentando las inseguridades y los temores de la gente.

Ambos partidos están fomentando la tolerancia ante el comportamiento racista y sexista y están dufundiendo la paranoia sobre los inmigrantes y el “terrorismo islámico”, lo cual impulsó el surgimiento de Donald Trump y sus partidarios de extrema derecha.

Ahora, comenzando con los comentarios de “muchos lados” de Trump, los políticos y los medios de comunicación participan en un esfuerzo para equiparar la violencia de extrema derecha con la autodefensa por parte de los contra-manifestantes. El Departamento de Seguridad Nacional ha clasificado las actividades de “antifa” — una tendencia anarquista en el movimiento antifascista — como “violencia terrorista doméstica”.

A partir de la enorme manifestación de Boston, la mayoría de los titulares han destacado los pequeños combates entre racistas y sus adversarios, no las masas de manifestantes que marchan y cantan. Una cuestión que raramente se reporta es que los supremacistas blancos son casi siempre los que provocan peleas (junto con algunas personas posteriormente identificadas como saboteadores de la policía encubierta). Sin embargo, la mayoría de los detenidos eran contra-manifestantes, no fascistas.

¡Los manifestantes derechistas y aquéllos a favor de los derechos humanos no son iguales! La batalla es ideológica: ¿quién defiende los derechos humanos y la igualdad, y quién defiende el fanatismo y los campos de concentración?

Lo que funciona — y lo que no. En la década de 1980, el FSP junto con otros grupos dirigieron la creación del Frente Unido contra el Fascismo, el cual fue clave para una exitosa campaña para aplastar los planes neonazis de convertir el Noroeste en una Patria Aria.

Esa experiencia dejó claro que la derrota de este tipo de grupos requiere valor y una plataforma audaz que exprese claramente lo que apoya y a lo que se opone. Exige una colaboración seria y democrática entre organizaciones de izquierda, sindicatos, grupos comunitarios, anarquistas, personas religiosas progresistas y cualquier otra persona comprometida con la lucha.

¡El objetivo de los antifascistas no es privar a los ultraderechistas de su libertad de expresión, sino ganar la batalla de ideas mediante el ejercicio vigoroso de nuestros propios derechos conferidos por la Primera Enmienda!

La implicación del movimiento laboral es esencial, porque cuando el capitalismo toma la ruta fascista, lo hace como un último intento de sobrevivir en un momento de crisis en el que arrasa con todas las organizaciones obreras. Y si los líderes laborales hacen algo más que simplemente respaldar la lucha en papel, pueden aportar a la batalla fuerzas disciplinadas en cantidades críticas. El crédito es de la International Longshore and Warehouse Union y a la Hermandad Internacional de Trabajadores de la Electricidad, quienes se organizaron y acudieron al área de la Bahía de San Francisco y a los muchos sindicalistas individuales que participaron en todo el país.

La enorme contraprotesta de Boston de 40,000 personas inmediatamente después de Charlottesville, fue un electrizante éxito. Cuatro grupos de izquierda con diferentes políticas colaboraron para crear una lista de demandas y construir la impresionante protesta “Apoyemos la Solidaridad — Opongámonos a la Supremacía Blanca” contra un evento racista de “libertad de expresión” del 19 de agosto. Recibieron un amplio apoyo de numerosos grupos de base y se manifestaron en Boston Commons, exactamente el sitio que los derechistas querían ocupar. Aunque los organizadores planeaban una manifestación pacífica, dejaron claro que la gente tenía derecho a defenderse.

La situación fue diferente en el área de la bahía el 26 y 27 de agosto.

Los activistas se enteraron en julio de que los nacionalistas blancos volverían de nuevo — por la “Libertad de Expresión” en San Francisco y el “Di no al marxismo” en Berkeley. Los medios de comunicación se concentraron en la posibilidad de violencia, y los funcionarios liberales de la ciudad de Berkeley pidieron que se mantuvieran alejados los posibles contra-manifestantes. Por desgracia, la mayoría de los grupos de izquierda acató este perjudicial consejo. La Organización Socialista Internacional, los Socialistas Democráticos de América y la Voz de los Trabajadores organizaron en Berkeley una “Manifestación contra el Odio” que recibió el apoyo de Acción Socialista y Alternativa Socialista entre otros, a ocho manzanas de distancia del lugar donde estaba planeado el evento de la derecha.

Ésta es una estrategia equivocada y peligrosa. Enfrentarse directamente a los movimientos fascistas incipientes es la única manera de hacerlos retroceder antes de que se hagan poderosos. También es peligroso minimizar la amenaza que representan, como lo hace la Acción Socialista en un artículo que los describe como “pequeños grupos de reaccionarios aislados y patéticos”. Alentar a las personas a enfrentarse a la amenaza de extrema derecha, sin menospreciarla, es el camino para infundir confianza en nuestra capacidad de ganar.

Esto es lo que hizo el FSP del Área de la Bahía, trabajando en la coalición ad hoc Comunidades contra el Racismo y el Fascismo, para correr la voz. Cientos de anti-nazis llegaron al Parque Martin Luther King Jr. del Centro Cívico lo suficientemente temprano para tomar control del escenario. Si había ultra-derechistas presentes, estaban escondidos. Más tarde, cerca de 500 personas de la Manifestación contra el Odio se unieron a los que ya defendían el parque.

En Alemania, los nazis de Hitler ganaron debido a la resistencia inadecuada de las fuerzas de oposición divididas. Como dijo la organizadora del FSP Su Docekal, después de una gran manifestación en Seattle contra la extrema derecha al día siguiente de Charlottesville: “La forma de evitar que el fascismo se arraigue es a través de acciones directas y contra-manifestaciones disciplinadas cuando salgan a reclutar. Nuestro objetivo es construir un amplio frente unido democrático para pararlos en seco.”


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