Crece el movimiento por Nestora Salgado y prisioneros políticos mexicanos
Gloria Romero
volume:  
volume 35
issue 5
octubre de 2014
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OLINALÁ, MÉXICO — Residentes del pueblo natal de Salgado se manifestaron con gran fuerza.

Con motivo del primer aniversario de la detención de Nestora Salgado, se celebraron inspiradoras protestas el 21 de agosto de este año en México, en el resto de América Latina, en Australia y en Estados Unidos. Cientos de personas salieron a exigir la libertad de Salgado y otros presos políticos que llenan las cárceles de México.

Salgado está sufriendo condiciones inhumanas en una prisión de alta seguridad y se ha convertido en un símbolo de la creciente resistencia contra el aumento de la represión del Estado durante la presidencia de Enrique Peña Nieto.

En respuesta a la violencia de los cárteles de drogas y la corrupción del gobierno, las comunidades indígenas están reviviendo los métodos tradicionales de defensa propia. Esto incluye las fuerzas de policía comunitaria, en la que los líderes son elegidos directamente por los residentes y los deberes son compartidos.

Nestora Salgado es una de esos líderes. A los 20 años, se mudó a los EEUU de México, y se convirtió en una ciudadana naturalizada de Estados Unidos. Durante los últimos años, ha dividido su tiempo entre Renton, Wash., donde vive con su familia, y Olinalá, Guerrero, su pueblo natal en México. Fue elegida finalmente comandante de la policía comunitaria de Olinalá. Durante su mandato, los índices de criminalidad se redujeron en un 90 por ciento y las mujeres le pedían consejos en asuntos de violencia intrafamiliar.

Luego, en agosto del año pasado, funcionarios del gobierno detuvieron a Salgado y a otros por falsas acusaciones como parte de una ofensiva más amplia contra el movimiento de defensa propia. A pesar del apoyo de los legisladores en México — y la orden de un juez federal para liberar a Salgado — permanece en prisión, y su salud se sigue deteriorando.

Pero el esfuerzo organizado para conseguir su libertad, comenzado en Seattle el año pasado, está ganando fuerza. También está revelando la relación entre la ayuda militar de los EEUU y la represión intensificada así como la corrupción gubernamental en México. Hasta la fecha, la campaña ha conseguido el apoyo de más de 170 organizaciones e individuos, incluyendo sindicatos y grupos de derechos humanos.

Las acciones del 21 de agosto de este año, el mayor esfuerzo coordinado hasta el momento, produjeron cartas al presidente Peña Nieto que condenaban los ataques contra los grupos de defensa propia como “una forma de genocidio”.

Diez días más tarde, el diputado de EEUU, Adam Smith del estado de Washington, envió una carta al secretario de Estado, John Kerry, pidiendo que interviniera el Departamento de Estado. La carta fue firmada también por los senadores Patty Murray y Maria Cantwell y otros seis delegados del Congreso de Washington y California.

Desde su celda en la prisión, Salgado envió un mensaje a los manifestantes: “No estoy quebrada. Aguantaré lo que sea necesario. ... Saludo a todas aquellas y aquellos que todos los días luchan en sus pueblos o en donde quiera que estén por un México justo, libre, sin delincuentes ni gobernantes corruptos y con democracia.”

Una causa internacional. Las protestas fueron iniciadas por el Comité por la Reagrupación Internacional Revolucionaria (CRIR), junto con la familia de Salgado. El CRIC está formado por los partidos socialistas que representan a cinco países: Partido Obrero Socialista (POS), de México; Núcleo por un Partido Revolucionario Internacionalista, de la República Dominicana; Partido Revolucionario de las y los Trabajadores, de Costa Rica; y el Partido de Libertad Socialista (FSP), de los EEUU y Australia.

Las protestas tuvieron lugar frente a consulados y embajadas mexicanas en los EEUU, Costa Rica, Brasil, Argentina y la República Dominicana. Ellos ayudaron a elevar la presión contra Peña Nieto por la represión de las fuerzas de defensa propia, las comunidades indígenas y los activistas sociales.

Entre las víctimas se encuentran el Dr. José Mireles, organizador de un grupo de autodefensa en Michoacán que fue arrestado con compañeros en junio, y Marco Antonio Suástegui, dirigente del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota, un proyecto en Guerrero.

Especialmente inspiradores fueron los mítines realizados en todo México. En Olinalá, la gente llegó desde las zonas circunvecinas para marchar, desafiando los retenes militares.

En la Ciudad de México, la manifestación contó con la presencia de los miembros de la familia de Nestora, el rector de la Universidad Autónoma de México, y la hermana de Rocío Mesino, líder indígena asesinada en Guerrero.

La esposa de Arturo Campos, otro líder detenido de la fuerza de seguridad de Olinalá, dijo que nunca guardaría silencio sobre las injusticias que ella y su esposo han sufrido. Cuauhtémoc Ruiz, líder del POS y co-fundador del CRIR, dijo que la represión desatada por Peña Nieto ha creado miseria para la comunidad, a la vez que ayuda a los cárteles de la droga y las corporaciones mineras multinacionales en la explotación de las tierras indígenas.

En Buenos Aires, un mitin organizado por Tendencia Piquetera Revolucionaria (TPR) se encontró con 30 policías federales, camiones con cañón de agua y un vehículo de inteligencia satelital móvil — un recordatorio aleccionador de que la militarización de la policía es un fenómeno global. La TPR reconoció la lucha de Nestora como uno que une a “la izquierda a los dos lados del Río Bravo”.

En Melbourne, una protesta encabezada por el FSP incluyó líderes aborígenes, grupos de Australia y Papua Occidental, y la Cruz Negra Anarquista.

Énfasis en la conexión de EEUU. Los actos en Estados Unidos se llevaron a cabo en Nueva York, Chicago, San Francisco, Los Ángeles, Seattle y Portland, Ore.

En Los Ángeles, partidarios de los presos políticos mexicanos celebraron una conferencia de prensa y una manifestación festiva que incluyó bailarines aztecas. Luego, el 26 de agosto, salieron a formar piquetes contra Peña Nieto cuando pasó con su caravana a través de su ciudad.

En Chicago, Yo Soy 132 se unió a la Red de Liberación Gay. En San Francisco y Nueva York, los voceros relacionaron los ataques contra las comunidades indígenas de México con el miedo perpetuado por la policía en las comunidades de color estadounidenses.

En Seattle, los defensores sostenían carteles en una conferencia de prensa frente al consulado mexicano mientras que el esposo de Salgado, José Luis Ávila, exhortaba a los funcionarios a liberarla. Entre los oradores estuvieron Lynne Dodson del Consejo Laboral del Estado de Washington, y el miembro del Consejo del Condado de King, Larry Gossett.

En un mitin al final del día en el Edificio Federal, voceros como Rita Zawaideh de la Coalición Comunitaria Árabe Americana mostraron el interés cada vez mayor por la causa de Salgado.

En nombre del CRIC, Guerry Hoddersen, líder del FSP, hizo un llamado para que se dé fin a la formación estadounidense de contrainsurgencia y a la ayuda militar a México, las cuales se utilizan para despejar el camino de las inversiones extranjeras para la explotación de recursos.

¡Liberen a Nestora! En cada reunión, cartas firmadas por los partidarios fueron entregadas a través de los consulados a Peña Nieto para pedirle que “abra las puertas de la cárcel” de Salgado y otros líderes de los grupos de defensa propia.

A medida que se intensifican los ataques de México contra el derecho a la organización, está aumentando la oposición a dichos ataques, impulsada por la pasión por la justicia de las personas como la familia y los partidarios de Salgado.

Para participar o hacer una donación, visita facebook.com/LibertadParaNestoraFreedom forNestora o freenestora.org.

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