Cuba: la encrucijada de una revolución
Andrea Bauer
volume:  
volume 36
issue 2
abril de 2015
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Muchos pequeños negocios esperan poder beneficiarse del comercio turístico. Foto: Caridad

Muchos cubanos se sintieron alegres por las noticias de la distensión de las relaciones con EEUU. El anuncio de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro en diciembre de 2014 provocó la esperanza de que se terminara la separación entre seres amados, que pudieran disfrutar más de la libertad de comunicarse, o de conseguir un empleo en la industria turística y del acceso a los valiosos dólares americanos. Además, se produjo un intercambio de prisioneros que permitió la liberación de los últimos tres héroes de los “Cinco Cubanos”, prisioneros políticos en los EEUU.

Sin embargo, el peligro de “el Norte” ha acechado a la Revolución Cubana desde el principio y este acercamiento en realidad aumenta el riesgo.

¿Cómo se puede salvar la isla de la restauración capitalista? Esta cuestión es importante para los simpatizantes de siempre de todo el mundo, incluyendo a los miembros del Partido de Libertad Socialista (FSP), los cuales se han arriesgado a que los arresten y que los multen por desafiar el embargo de EEUU enviando ayuda e ignorando la prohibición de viajar; ha patrocinado a conferencistas cubanos y recibido a diplomáticos; y ha aprendido acerca de los desafíos a los que se enfrenta la revolución durante sus frecuentes visitas. Pero, sobre todo, por supuesto la cuestión de la mejor forma de defender la revolución es una cuestión de vida o muerte para los propios cubanos. Y es una cuestión que sólo ellos pueden resolver.

Buscando una manera de salir de los malos momentos. La Revolución Cubana produjo enormes mejoras en la vida del pueblo: en el analfabetismo, cuidado médico, educación y mucho más. Sin embargo, la mayoría de los cubanos han tenido pocos bienes materiales y, en años recientes, la situación ha sido muy dura, sobre todo para los cubanos negros y la gente que no recibe dinero de parientes que viven en el extranjero.

El embargo comercial de EEUU ha causado tremendas penurias. Las equivocadas decisiones de los líderes cubanos, incluyendo la continua dependencia en el monocultivo de azúcar en la agricultura, ha empeorado la situación. No obstante, los problemas más severos comenzaron con el desplome de la URSS, el mayor socio comercial de Cuba. Dichos problemas se intensificaron de nuevo en años recientes debido a las crisis y recesión financieras globales, intensificados por los devastadores huracanes.

Desde la década de 1990, los líderes del Partido Comunista Cubano (PCC) han respondido a las dificultades económicas con algunas medidas internas de “libre mercado” y han expandido su comercio con países capitalistas.

Durante el periodo especial posterior al desplome de la URSS, Fidel Castro explicó que las medidas de estilo capitalista que el PCC estaba imponiendo eran un mal necesario que sería eliminado tan pronto como fuera posible, y algunas sí se eliminaron. No obstante, hoy día el PCC está integrando a Cuba decididamente al sistema neoliberal mundial a expensas del pueblo. No ha habido disculpas por los cambios ni promesas de que serán temporales.

Para los cubanos privados tanto de bienes de consumo como del control directo de su destino, es atractivo estar más involucrados con el capitalismo, lo cual les da esperanzas tanto de conseguir la satisfacción material como la democracia.

Desgraciadamente, esto no es lo que los cubanos conseguirán con el “libre mercado”. Al igual que el 99 por ciento del resto del mundo, conseguirán explotación, inseguridad, destrucción ambiental y una brecha más profunda entre los ricos y los pobres.

Eliminando los logros, redefiniendo el socialismo. Los líderes del PCC están estableciendo un curso general que implica el abandono de las metas básicas de la revolución.

Las reformas incluyen el cortejar a las corporaciones extranjeras como nunca antes. Por ejemplo, la Ley de Inversiones Extranjeras de 2014 reduce a la mitad los impuestos sobre los beneficios corporativos, elimina los impuestos laborales que han ayudado a financiar la seguridad social, y agiliza la aprobación de las propuestas de proyectos empresariales. También facilitará los proyectos como el de $1,000 millones para la modernización del puerto profundo de Mariel, el cual financiará principalmente Brasil y será el centro de la nueva zona de “libre mercado”.

La ley de inversiones representa un profundo cambio estructural en las relaciones económicas cubanas, el cual es a largo plazo y no fácilmente reversible.

Otro ejemplo de una traición fundamental es el despido de cientos de miles de trabajadores, o sea, la revocación de una garantía de muchos años de pleno empleo. También está prevista la eliminación de la libreta de abastecimientos, la cual ayuda con las necesidades básicas de suministros de la población. Estos son sólo dos de una serie de retrocesos sociales que afectarán a casi todo el mundo, pero que perjudicarán primero y mayormente a los negros y a las mujeres.

Como socio necesario de estos cambios económicos, la burocracia del PCC está redefiniendo el socialismo.

Los líderes del PCC no pueden admitir que están abandonando el objetivo del socialismo, porque demasiados cubanos todavía creen en este camino. En su lugar, Raúl Castro está “vendiendo” las reformas al afirmar que el socialismo no es la igualdad real (como de ingresos), sino “la igualdad de derechos y oportunidades”. En otras palabras, si falla tu pequeña empresa porque no tienes dinero para establecerla apropiadamente, y tus vecinos no tienen dinero para comprar tus productos, entonces es tu culpa, porque tuviste tu oportunidad.

A medida que los líderes del Partido Comunista Chino desmantelaban el estado obrero en China, afirmaban constantemente que estaban construyendo el “socialismo con características chinas”. Los líderes cubanos aseguran claramente que están siguiendo el “modelo chino”.

A medida que el país evoluciona hacia el capitalismo, el PCC está bloqueando todas las vías para cambiar su curso.

Miembros del PCC que han tratado de inclinar el partido hacia la izquierda desde adentro han sido expulsados o marginados. La principal arma utilizada contra los disidentes que se vuelven demasiado explícitos es económica: se les despide de sus puestos de trabajo. Los críticos se encuentran aislados en el Internet, el cual pocos cubanos pueden utilizar; la Ley de Seguridad de la Información prohíbe el acceso a Internet en los hogares.

Se necesita una oposición socialista organizada. La negativa del PCC desde el principio de permitir el control de los trabajadores en Cuba es un fracaso mortal. Y es una de las razones principales por la cual el FSP considera a Cuba lo que se denomina un estado "deformado" de los trabajadores.

Privados de control, los trabajadores no pueden solucionar los problemas que enfrentan en la producción y en la sociedad. No pueden corregir una mala política establecida por el liderazgo. Como resultado, se establece la alienación, como es el caso de un amplio sector de la juventud cubana.

Para que Cuba pueda marchar hacia adelante, los trabajadores deben tener el poder real - el control de sus vidas y de la dirección de la nación. Para ganar se requerirá hacer una revolución política, que significa cambiar la forma de gobierno de un país sin cambiar su estructura económica básica. Esto sigue siendo posible en Cuba, ya que, a pesar de incursiones peligrosas, la economía del país sigue estando principalmente nacionalizada y no en manos de especuladores privados.

En una revolución política, los trabajadores cubanos podrían volver a hacer de su estado uno en el que sean ellos quienes toman las decisiones, en lugar del régimen burocrático que está a cargo ahora. El movimiento revolucionario crearía nuevas formas de gobierno como los consejos democráticos de los trabajadores para determinar las políticas y supervisar su ejecución. Esto sería un agudo contraste con la situación actual en la que el PCC en ocasiones invita a la gente a comentar sobre una nueva política, sin darles la posibilidad de detener su ejecución si la mayoría no está de acuerdo.

La historia nos enseña que la lucha por el cambio revolucionario lleva consigo el riesgo de una feroz resistencia. En el caso de Cuba, lo cierto es que los EE.UU. trataría de convertir un movimiento para salvar la revolución en una contrarrevolución para acabar con ella. Esta es una razón clave del FSP por la cual no ha hecho un llamado por la revolución política antes de este momento.

Ahora, sin embargo, a pesar de los peligros, el FSP cree que no hay otra opción si los trabajadores cubanos han de preservar las conquistas de la revolución de 1959. En este momento, la dirigencia cubana está decidida a bloquear cualquier propuesta a favor del poder de los trabajadores. Esto pone de relieve la necesidad de que un partido de la clase trabajadora disciplinado dirija la lucha.

Es claro que un movimiento de oposición pro-socialista debe ser el lugar de nacimiento de este nuevo partido. El primer paso sería que los revolucionarios se reúnan para desarrollar un programa unido para contrarrestar las políticas desastrosas del PCC. Esto le proporcionaría al pueblo una visión alternativa para la supervivencia de la revolución y le presentaría cuestiones específicas por las cuales luchar.

Tal oposición también tendría que discutir la forma de defenderse de la represión estatal. Esta defensa requeriría el apoyo de los trabajadores, radicales y progresistas a nivel internacional.

Los cubanos no pueden salvar su revolución por sí mismos. Las ideas estalinistas, que han tenido una influencia muy perjudicial en los líderes cubanos, incluyen la idea de que el socialismo puede existir de manera pacífica en un solo país al lado del capitalismo. Pero esto es falso. El revolucionario ruso León Trotsky predijo, y la historia ha demostrado que: los estados de trabajadores no pueden existir indefinidamente en un mundo dominado por el capitalismo. Necesitan la ayuda de las revoluciones en los países altamente desarrollados, si han de sobrevivir a largo plazo.

Esto no significa que ahora ya todo esté perdido. Si el pueblo triunfa en Cuba, si crea un nuevo gobierno con la democracia de los trabajadores y una política de internacionalismo revolucionario, atraerá un apoyo renovado para continuar la lucha. Y la luz de la revolución cubana continuará ardiendo como fuente de inspiración para la gente de la isla y del mundo.

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This article in English / Este artículo en inglés

"Cuba: crossroads for a revolution" apareció originalmente en el ejemplar de abril-mayo del Freedom Socialist y se revisó para hacerlo más claro el 5 y 14 de mayo de 2015.