El destino de Cuba se balancea en el filo de la navaja
Susan Williams, M.D.
volume:  
volume 30
issue 5
octubre de 2009
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Un artesano le vende a un turista. Foto: Lars Kristian Flem

Durante cinco décadas, el pueblo cubano ha defendido valientemente su meta de crear el socialismo a pesar de presiones económicas, políticas y militares. Hoy día, sin embargo, su revolución corre un gran peligro como nunca antes.

Con una economía agonizante desde la década de 1990, Cuba está intentando sobrevivir a la actual crisis mundial a la vez que lidia con $10,000 millones en daños causados por los huracanes del año pasado. En dichas circunstancias, ¿cuánto tiempo más podrá la isla evitar el regreso al capitalismo?

Sí existen pasos que se podrían tomar en Cuba para proteger los logros de la Revolución de 1959 hasta que las victorias de los trabajadores de otros países hagan posible la ayuda mutua. Sin embargo, la burocracia dirigida por Raúl Castro está acelerando el paso en la dirección equivocada, agudizando así la amenaza de la restauración del capitalismo y la necesidad de un cambio de dirección de 180 grados.

Todo lo que ha logrado la Revolución está en peligro. Es mucho lo que está en juego — para Cuba y para el resto del mundo. Varias generaciones se han inspirado al ver lo que es posible cuando se expulsa a los explotadores.

Cuba lanzó campañas que hicieron universales el cuidado médico, la educación y la vivienda. Se hicieron importantes progresos en cuestiones de pobreza, racismo y explotación sexual, productos de siglos de colonización y dictaduras.

Forzados por la agresión de EEUU para que se nacionalizaran las propiedades extranjeras, la banca y otras industrias claves, los líderes cubanos pudieron planificar de forma centralizada y controlar el comercio, mejorando enormemente el nivel de vida.

Pero el nuevo estado obrero sufrió de una deformidad importante desde el principio. El pueblo nunca fue quien tomaba las decisiones principales: qué bienes se producirían y de qué manera; qué prestaciones sociales se proporcionarían; si se ayudaba a hermanas y hermanos rebeldes de otras tierras. Al contrario, dichas decisiones las tomaba una burocracia políticamente similar al régimen de Stalin en la URSS, aunque nunca creó el sangriento estado policíaco como Stalin lo hizo.

El Partido Comunista Cubano (PCC) adoptó la traicionera y engañosa política estalinista de construir el “socialismo en un solo país”. Usando ésta como justificación, el PCC traicionó repetidamente las luchas proletarias de toda América Latina, abandonándolas por el supuesto interés propio de Cuba al negociar la distensión con el imperialismo mundial.

Sin embargo, el socialismo sólo puede existir como un sistema internacional, compartiendo y coordinando los bienes y recursos globales. Siempre y cuando el capitalismo controle la mayor parte del mercado mundial, el destino de cualquier estado obrero seguirá siendo precario. La recuperación del Bloque Soviético y de China por parte del capitalismo es una dura prueba de ello.

Peligro externo e interno. Cuando cayó la URSS, Cuba perdió su socio comercial más importante, el cual compraba azúcar y otros productos de exportación y le vendía tecnología industrial y otros productos de importación vitales en condiciones favorables. La economía de Cuba llegó a una situación desesperante. Como siempre tan humanitario, EEUU incrementó su embargo para intentar ahogar a la revolución.

Como respuesta, el PCC inició medidas para atraer las desesperadamente necesarias divisas que podía usar en el mercado capitalista mundial. Las reformas atrajeron al capital extranjero a Cuba, y con éste surgió el peligro de la reversión al dominio del sistema de lucro y a su inevitable explotación y opresión.

A medida que crecían los negocios extranjeros en Cuba, también aumentaba la desigualdad pues algunos sectores de la población tuvieron acceso a más ingresos, beneficios y a descarados sobornos. Los cubanos negros sufrieron el racismo más fuerte, sobre todo en la rápidamente creciente industria del turismo. Volvió a aparecer la prostitución.

Nadie podía vivir con el salario estatal promedio de $20 al mes; por eso, crecieron con vigor el mercado negro así como la corrupción. Todos se sienten frustrados por la falta de bienes de consumo. Muchos jóvenes se están alejando de la revolución que hicieron sus abuelos.

Los sucesos del año pasado son alarmantes. El presidente Raúl Castro ha abierto la puerta a una desigualdad salarial aún mayor anulando los límites de salarios e instituyendo incentivos para la producción, arguyendo que los trabajadores deberían “ganar lo más que puedan”. La tierra estatal no cultivada se está transfiriendo a los agricultores privados.

A escala mundial, Cuba se ha aliado con los gobiernos de frentes populares de América Latina, los cuales son gobiernos, como en el caso de Venezuela, cuyos líderes hablan a favor de los trabajadores y de los pobres, pero que no ofrecen un desafío real al capitalismo. Dichos países están intentando mejorar su posición en la economía mundial por medio de un bloque comercial llamado Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

Para un estado obrero aislado, las alianzas comerciales con los países capitalistas son inevitables. El daño causado por los funcionarios cubanos yace en que han presentado estos acuerdos como una fase del camino hacia el socialismo en lugar de como una desviación necesaria pero peligrosa.

¡Mantengamos viva la Revolución! La salvación potencial de Cuba es que la voz del pueblo, aunque inhibida, nunca fue eliminada. Se están dando apasionadas discusiones en las calles y en la Red.

Una colección de voces en Cuba están haciendo un llamado para que se tomen las medidas precisas que darían una nueva vida a la Revolución: el poder de decisión en manos de los consejos de trabajadores y campesinos; un control más estricto del comercio exterior y la revocación de las privatizaciones; la libertad de expresión, de reunión, de viajar y de acceso al Internet por parte de los trabajadores; la autonomía para los sindicatos y las organizaciones de masas; y unas políticas exteriores guiadas por el internacionalismo revolucionario.

Un ejemplo de esto es un programa difundido por el antiguo diplomático Pedro Campos y colegas que hace un llamado a la democracia de los trabajadores a la vez que exige que el PCC permita las facciones internas. Difundido en http://www.kaosenlared.net y ampliamente discutido durante el año pasado, los proponentes esperaban presentar el programa en el venidero sexto congreso del PCC, convirtiéndolo en “catalizador para una democratización nacional”.

Sin embargo, Raúl Castro parece decidido a incrementar el control burocrático y a no permitir que el pueblo sea escuchado. Algunos críticos revolucionarios, como el colaborador de kaosenlared Miguel Arencibia Daupés, han sido hostigados y han perdido sus empleos estatales. Además, el 31 de julio, Raúl anunció la postergación del congreso del partido. Días después se supo la noticia de que más compañías estatales pasarían al control del ejército, el cual ha sido dirigido por Raúl durante varias décadas y tiene un papel de suma importancia en las co-inversiones que llevaron a los capitalistas extranjeros a Cuba.

Mientras tanto, Barack Obama anunció en agosto el cese de las restricciones a los viajes y al dinero enviado a familias en Cuba por familiares desde EEUU. Pero su interés real es abrir una puerta a Cuba para las corporaciones de EEUU.

Los trabajadores empáticos de todo el mundo deberían buscar formas de apoyar a los defensores de la democracia obrera socialista dentro de Cuba. Al mismo tiempo, la lucha para mantener el yugo de EEUU fuera de Cuba debe hacerse más fuerte. Esto implica el exigir que cese el embargo y toda la interferencia de EEUU — las amenazas militares, las misiones secretas tipo CIA y la coerción económica.

Al igual que sólo la democracia de los trabajadores puede imponer el cambio de dirección necesario en la isla, Cuba no puede sobrevivir sola para siempre. El capítulo final de esta lucha épica debe ser la edificación de un movimiento revolucionario en los EEUU lo suficientemente poderoso para hacer que cese la agresión de EEUU en todo el mundo y para construir una sociedad igualitaria en el corazón del imperialismo. ¡Comencemos ahora!

Susan Williams, cofundadora del sindicato Doctors Council Local 10MD, SEIU, se puede contactar en drsusan@nyct.net.

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