El FSP envía ayuda a México para aliviar los daños del terremoto
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Construyendo refugios en Juchitán.

El FSP recaudó 775 dólares en una campaña iniciada por el Partido Obrero Socialista de México para llevar una caravana de ayuda al pueblo indígena de Juchitán, Oaxaca. Juchitán sufrió gran daños por el terremoto de septiembre pasado. Lo que sigue es un informe de un participante de esta caravana de solidaridad.

¿Se levantarán los pueblos del Istmo tras los temblores?

Cuauhtémoc Ruiz
9 de octubre 2017

¿Te puedes imaginar que en tu ciudad más de la mitad de las personas pierden sus casas?

Esto parece sacado de una película de catástrofes, pero lamentablemente es una realidad en Juchitán y el resto del istmo de Tehuantepec.

Aquí viven cerca de medio millón de personas. Se estima que alrededor de un 70 por ciento de las casas se cayeron o quedaron inservibles luego de los terremotos de septiembre y que algo parecido ocurre en la región. Repentinamente cientos de miles han perdido su patrimonio, parte de éste o sus empleos. Muchos están literalmente en la calle. ¿El gobierno será capaz de restituir lo perdido? ¿Los pueblos istmeños se movilizarán por el derecho a una reconstrucción justa?

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Jesús Valdés, joven obrero de la construcción y militante socialista y yo llegamos a Juchitán el 30 de septiembre. El viaje desde la Ciudad de México duró casi 14 horas, dos o tres horas más de lo previsto. El chofer del autobús nos explicó que tuvo que cambiar de camino pues en Palmarillo los huachicoleros –delincuentes que roban combustible de los ductos- habían bloqueado la carretera. Esto es hoy México, en donde el gobierno es incapaz de garantizar hasta el libre tránsito.

Al llegar a Juchitán nos reciben con un delicioso desayuno, que disfrutamos con algo de culpa pues sabemos las estrecheces por las que muchos están pasando. Cargamos con 46 cajas de víveres, lonas, medicinas, ropa y otras cosas que apenas cupieron en la capital en cuatro vehículos y que en tierra zapoteca llenan una camioneta.

“70 por ciento de las casas se cayeron, una sí y otra no”, dice un compañero. A pesar de la inmensa desgracia, los tecos no pierden el humor: “El istmo ahora se va a llamar sismo”, dicen.

Nos reunimos 18 personas durante una hora, en la que ocurren tres sismos. Uno de ellos causa pánico, gente que corre y se oyen ladridos. En la reunión está también una brigada de la asociación civil Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias –TIC-, que vienen a construir refugios y lo hacen con entusiasmo y generosidad. Asunción Magariño, ama de casa y fabricante de ropa típica que se ha puesto al frente de la Cocina comunitaria 3 de mayo, dice que es “muy, muy feo lo que estamos viviendo: ¿ha visto las películas de los zombies? Así se pone la gente cuando sabe que va a haber reparto de lonas o víveres.”

Nos proponen hacer un tour –así le llaman-. La destrucción es enorme y para mí la ciudad en algunos sitios es irreconocible. Un área en la que había escuelas, campos de juegos, la Casa de la Cultura y un pequeño jardín ahora está cercada, ya no existen los edificios y unas máquinas cargan con los últimos escombros. Saco algunas fotos que dirán más de lo que yo soy capaz de expresar. Pareciera una ciudad recién bombardeada. Miguel Linares hijo a cada rato me recuerda que debo caminar por la mitad de las calles porque un nuevo temblor derrumbaría fácilmente muros, tejas o construcciones enteras, que se mantienen en pie pero a punto de caer. La ciudad ya es intransitable en su centro y en muchas zonas en automóvil y en muchos lugares incluso en mototaxis, porque miles viven en las calles ya sea porque sus casas quedaron arrodilladas en el suelo o porque están tan dañadas que podrían caerse.

También llegaron este día a Juchitán maestros socialistas de la sección 22 –así se autonombran- desde Miahuatlán y los Valles centrales. Entre ellos están Mario y Heriberto Martínez. Para ellos ya es el tercer o cuarto viaje en estas semanas de emergencia, y aseguran que el magisterio rebelde ha sido más eficaz que el ejército y el gobierno para llevar ayuda a muchos rincones.

Un día después llega un grupo desde la ciudad de Puebla con ayuda en una camioneta repleta. Son Alfonso, Guillermina y María Elena, que antes habían organizado repartos en Izúcar de Matamoros y sus alrededores. Esta vez manejaron más de 10 horas para llevar solidaridad. Apenas están unas pocas horas pues deben de presentarse a laborar el día siguiente, lunes.

Llevamos tres o cuatro cajas con medicinas que se propone se les entreguen a Valentín Toledo y Eufemia, médicos con fama de ser considerados y solidarios con sus pacientes modestos. “Valentín está dando en la calle consultas y medicinas regaladas.” Conozco a Ana Benita, de cerca de 80 años, que perdió su casa y apareció en un video hablando en zapoteco y llorando. Cuando llegaron los topos, les suplicó que rescataran de entre los escombros lo único que quedó de valioso en su vida: las fotografías de sus padres.

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Juchitán fue uno de los focos de mayor rebeldía contra la dictadura del PRI. Aquí el pueblo logró que en 1980 se erigiera el primer ayuntamiento no priísta. Surgieron coordinadoras de obreros, campesinos y estudiantes que le presentaron una dura batalla al régimen. Pero el profesor César de la Cruz opina que los últimos gobiernos han cambiado esa tradición de lucha y solidaridad por la subcultura de recibir dádivas de los partidos y del Poder a cambio de pasividad y de votos.

Juan Magariño, intendente organizado en la sección 22 y al frente junto con su esposa Mari de la Cruz de una cocina comunitaria, recuerda que hubo tres años de sequía a la que le han sucedido lluvias torrenciales e inundaciones que han impedido la agricultura. Añade que mucha gente trabaja en el comercio, igualmente colapsado, y que carecen de un salario fijo. “Ellos están sufriendo mucho y van a sufrir más.”

Heriberto Magariño, ex líder magisterial y el año pasado preso político, se pregunta qué pasará dentro de unas semanas o meses. En estos momentos la ayuda abunda en Juchitán pero cuando falte, la situación podría ser explosiva. Dice que en la Séptima sección la gente corrió al Ejército.

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El profesor Miguel Linares también es un veterano activista sindical. Su pequeña casa quedó dañada y de inmediato organizó junto con su esposa e hijos una cocina comunitaria en la Octava sección, en la que comen unas 60 familias a las que se les pone como condición que colaboren en las labores de preparar la comida, limpieza, etcétera. Se trata de satisfacer una necesidad de los vecinos y al mismo tiempo fomentar la organización y la participación.

Se acordó repartir las cosas en cuatro cocinas comunitarias y en ellas construir albergues más grandes. Una de estas cocinas está en Ciudad Ixtepec y a su frente está la profesora de preescolar Ofelia Rivera, también incansable y siempre solícita y activa.

Hoy lunes 9 de octubre una camioneta proveniente del Valle de Tehuacán llegó a Juchitán con un cargamento de más de mil pantalones conseguidos por obreros maquiladores organizados en “Altepexi Vive”.

A todos los que donaron les agradecemos profundamente su generosidad y confianza.

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