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Hermanas y hermanos feministas socialistas de los Estados Unidos: ¡No están ni estamos solos!
Patricia Ramos, Partido Revolucionario de las y los Trabajadores (PRT) de Costa Rica
volume:  
volume 34
issue 4
agosto de 2013
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Patricia Ramos

Como lo recordamos durante la conmemoración de nuestro 35 aniversario, en septiembre del 2006 el XVIII Congreso del PRT decidió cambiar nuestro nombre, desde ese momento pasamos a denominarnos Partido Revolucionaria de las Trabajadoras y los Trabajadores. Podría parecer poca cosa, pero no lo es, porque el cambio de nombre significaba una forma de hacer justicia a las mujeres, largamente invisibilizadas “por la palabra y en la palabra” como manifiesta la escritora costarricense Yadira Calvo. Este hecho marca un salto político en el PRT pues se acompaña con un compromiso de trabajar por la incorporación real de las mujeres en el Partido, en condiciones de equidad y promoviendo su liderazgo.

Pero, sin duda, ese gran paso en el camino de forjar nuestra teoría y práctica para la liberación de las y los oprimidos, lo asumimos en gran medida gracias a la experiencia de fraternal coordinación y reconocimiento muto con el Partido de la Libertad Socialista de los Estados Unidos. De hecho no por casualidad, recordamos con cariño que en ese XVII Congreso del PRT contamos con la presencia de una entusiasta delegación del PLS, que fue decisiva para que adoptáramos esa resolución.

Para las y los feministas socialistas de Costa Rica y Centroamérica, es un honor que nos abran un espacio en las páginas del Freedom Socialist, y no podemos dejar de expresar, por un lado, el agradecimiento con el PLS y Mujeres Radicales, y por otro lado, decirles que la semilla que sembraron en Centroamérica germina y se robustece. Camaradas, nos alegra constatar que, bajo la bandera del feminismo socialista, no se encuentran solas, y su lucha además nos alimenta a redoblar nuestro esfuerzo, desde la delgada cintura de América.

No puede existir un verdadero Partido y una Internacional revolucionaria sin la participación decisiva de las mujeres trabajadoras; sin embargo en las filas de los partidos de izquierda se continúan reproduciendo patrones de la sociedad patriarcal y conductas machistas, y se deja de lado el hecho innegable de que las mujeres somos las que sufrimos más de cerca la violencia y la barbarie del sistema capitalista, que se hace cada vez más brutal, tal y como se expresa de múltiples formas con el hostigamiento sexual, con el incremento sostenido de las víctimas de femicidio y la trata, que se ha convertido en uno de los negocios más rentables que somete a gran cantidad de mujeres sobrere todo inmigrantes pobres, a nuevas formas de esclavitud, en sus diversas manifestaciones: laboral, sexual y matrimonial.

Si las mujeres trabajadoras constituimos los destacamentos más explotados y oprimidos de la clase obrera y el pueblo, justamente ello encierra a su vez el gran potencial y capacidad de lucha de las mujeres trabajadoras. La experiencia nos demuestra que cientos de mujeres obreras, cuyos nombres no conocemos porque siguen siendo invisibilizadas, irrumpen en la Historia, impulsadas por la necesidad concreta de defender y resguardar a sus hijos del hambre, de la falta de casa, de la miseria. Y aunque podríamos pensar que actúan así por cumplir con el rol estereotipado que “las obliga a ser buenas madres”, lo cierto es que ese mismo impulso es el que las hace enfrentarse a las condiciones de miseria y desilusión que impone el sistema capitalista.

Parafraseando a Marx, “no puede liberarse quien oprime a otro”. No existe posibilidad de avanzar hacia posiciones revolucionarias consistentes, sin considerar que existe también opresión a lo interno de la casa, del movimiento obrero y popular, del sindicato y del mismo partido, lo que debemos combatir todos los días. En la medida en que se mantenga la violencia, la discriminación y la humillación contra compañeras trabajadoras por parte de sus parejas y compañeros, la clase dominante se perpetúa y fortalece, y en contrapartida, la clase obrera se divide.

Por eso es que, de la misma forma que los hombres trabajadores luchan contra su patrón y contra el Estado capitalista que los explota, deben combatir la ideologías retrógradas que impone el adultocentrismo, la xenofobia, el prejuicio contra la población gay, lesbiana, bisexual, transgénero, transexual y ante todo, la opresión contra las mujeres. Ellas deberán dejar de ser “las proletarias del proletario”, como decía Flora Tristán en el siglo XIX.

Esta es nuestra bandera feminista socialista, que es también la vuestra. Por eso reafirmamos que, sin ubicar a la mujer en la primera línea del combate socialista, no se pueden sembrar los cimientos del verdadero socialismo.

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