Entrevista con el organizador Pepe Palacios
Un orgulloso luchador gay de la resistencia habla abiertamente
Stephen Durham
volume:  
volume 34
issue 3
junio de 2013
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Marcha LGBT el Día Internacional contra la Homofobia de 2012 en Tegucigalpa, Honduras. Foto: crln.org

Pepe Palacios es miembro del Movimiento de Diversidad Sexual en Resistencia (MDR), organización lésbica, gay, bisexual y transgénero de Honduras. Forma parte del comité directivo del Frente Nacional de Resistencia Popular, amplia coalición que se opone al gobierno actual, el cual tomó el poder durante un golpe de estado respaldado por los EEUU que derrocó al presidente electo, Manuel Zelaya.

A principios de este año, durante una gira de EEUU patrocinada por la Red de Liberación Gay de Chicago, Palacios publicó la campaña del MDR para exigir justicia para las 91 personas LGBT que han sido asesinadas en Honduras desde el golpe. Palacios fue entrevistado para el Freedom Socialist por Stephen Durham, activista gay siempre y candidato presidencial de EEUU por el Partido de Libertad Socialista (Freedom Socialist Party, o FSP) en 2012.

FS — ¿Cuál es la historia del movimiento LGBT de Honduras y qué cambios ha producido el golpe en la vida de la gente gay y de sus organizaciones?

PP — El movimiento LGBT comenzó a mediados de los 80, en gran medida como reacción al VIH/SIDA. Estas primeras organizaciones realizaron una formidable labor en la lucha contra el VIH/SIDA en nuestra comunidad. De clubes sociales gay pasaron a ser ONGs y se concentraron en su propia lucha, sin darse cuenta de que existían otras luchas por parte de las feministas, los indígenas y los afro-hondureños, los trabajadores sindicalistas y la juventud.

Dichas ONGs se hicieron dependientes de los fondos para el desarrollo internacionales destinados exclusivamente a la lucha contra el VIH/SIDA. Como resultado, se excluyeron de sus agendas incluso demandas por derechos humanos LGBT.

Al principio de la presidencia de Manuel Zelaya, las condiciones de vida de los gays eran similares a como habían sido bajo los gobiernos derechistas previos.

Sin embargo, en 2008 las disturbios que estaban sacudiendo a toda América Latina, la “onda socialista”, llegaron a Honduras y Zelaya también se inclinó hacia la izquierda.

Antes del golpe, el presidente Zelaya les pidió a las organizaciones LGBT que apoyaran su campaña en pro de una asamblea constitucional. La mayoría de los grupos estuvieron de acuerdo, porque la iniciativa de Zelaya les ofrecía una oportunidad sin precedentes de hacerse visibles y de formar parte de un movimiento social más amplio que exigía una nueva constitución global.

Por eso, cuando fue derrocado el gobierno de Zelaya, la gente LGBT salió a las calles desde el primer día, exigiendo la restauración de la democracia. Ése fue nuestro rebelión de “Stonewall” cuando dijimos: ¡no más!”

FS — Eres co-fundador del Movimiento de Diversidad Sexual en Resistencia (MDR). ¿Cómo y por qué se formó tu organización?

PP — Desde su implantación, el Frente Nacional de Resistencia invitó a organizaciones LGBT a que se unieran al comité directivo. Sin embargo, el régimen golpista respondió con una ola de violencia y 26 personas LGBT fueron asesinadas en siete meses, incluyendo a un renombrado líder gay y activista de la resistencia, Walter Tróchez. Como consecuencia, las organizaciones LGBT decidieron reducir su visibilidad y activismo, y muchas abandonaron su sitio en el Frente de Resistencia.

No comprendieron que era una oportunidad histórica y única de finalmente hacer que el movimiento gay se expandiera más allá de su estrecho ámbito de lucha contra el VIH hacia una lucha más amplia a favor de la justicia social y la igualdad para todos.

El MDR vio la luz “oficialmente” en octubre de 2010 gracias a un grupo de activistas LGTB que eran socialistas y simpatizantes de la resistencia. Muchos habíamos participado, e incluso fundado, ONGs gays, pero cuando se retiraron dichas agencias, decidimos formar una organización política LGBT de izquierda.

Nuestra meta era exigir una participación justa dentro del Frente de Resistencia y que se reconociera nuestra voz, la cual era capaz de luchar por la justicia en todos los crímenes y asesinatos de odio contra nuestra comunidad LGBT, pero también de apoyar las luchas de todos los grupos sociales de la resistencia.

FS — ¿Puedes describir la función de los activistas del MDR en el movimiento de resistencia contra el gobierno actual de Porfirio Lobo y en las futuras elecciones nacional de Honduras en noviembre?

PP — Nunca hemos reconocido el actual gobierno, no sólo debido al golpe ni a la impunidad con la cual se llevan a cabo los asesinatos de gente LGBT; también hay otras razones.

En 2004, cuando Porfirio Lobo era el Vocero de la Cámara de Diputados, promovió una enmienda a la constitución que especificaba que el matrimonio debería ser entre dos personas del sexo opuesto. También abogó por la restauración de la pena capital.

Un mes después, Porfirio Lobo fue nominado por su partido con el apoyo de las iglesias, los conservadores y las élites acomodadas. No obstante, Zelaya lo venció en las elecciones presidenciales el año siguiente.

El año pasado, el Frente de Resistencia creó su propio partido electoral y en las elecciones primarias se postularon para el Congreso un hombre gay y una mujer transgénero. No ganaron pero fue un adelanto significativo para la comunidad LGBT.

Para las elecciones de noviembre la candidata presidencial de la resistencia es Xiomara Castro, la esposa de Zelaya y antigua primera dama.

FS — Cuando hablaste en la Universidad de Columbia en Nueva York, me impresionó tu descripción de ti mismo como socialista y feminista. ¿Cómo se relacionan en ti esas dos ideologías? ¿Hay muchos otros activistas gays y de izquierda en Honduras que comparten tu perspectiva?

PP — “Si el socialismo no es feminista entonces no es socialismo.” Ésta no es sólo una frase sino también una verdad absoluta. La cultura patriarcal ha forjado una sociedad heterosexista y masculina. Si no desmantelamos el patriarcado no podremos garantizar que tendremos una sociedad igualitaria y justa, por eso ésa debe ser una de las metas de cualquier movimiento socialista serio.

Desgraciadamente, el patriarcado se ha difundido en todos los grupos sociales, incluso en las organizaciones LGBT, la mayoría de las cuales son organizaciones “G” (de hombres gays). Reproducen la cultura machista: las lesbianas son tratadas como ciudadanas de segunda clase (al igual que todas las mujeres de nuestra sociedad), y la población trans es tratada peor que ninguna. Hoy día hay pocos activistas o líderes que comparten la perspectiva socialista y feminista del MDR, pero las cifras están aumentando.

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