La corrupción y los abusos a los trabajadores se ciernen sobre la Copa Mundial de 2022
Raymond V. Murphy
volume:  
volume 37
issue 5
octubre de 2016
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Trabajadores de la construcción inmigrantes en la cola del autobús en la Torre Doha del World Trade Center en Qatar. Photo credit: Fadi Al-Assad / Reuters

Dicen que la Copa Mundial de la FIFA debe ser un espectáculo mundial. El campeonato cuatrienal de lo que algunos llaman futbol — y algunos llaman soccer — reúne a los representantes de las naciones de todo el mundo, proporcionando una experiencia cultural compartida por todos los rincones del globo. Incluso en los Estados Unidos, los medios de comunicación como ESPN y los malhumorados columnistas deportivos muestran más respeto hacia la Copa Mundial que antes.

Sin embargo, como la mayoría de las mega-producciones deportivas en estos días, el más grande de todos ellos conlleva grandes cantidades de dinero, corrupción y abusos constantes contra los trabajadores, los atletas, los residentes de los países anfitriones y los aficionados a los deportes. Una Copa Mundial a todavía seis años de distancia ya ha creado una tormenta de controversia.

La adjudicación de los juegos de 2022 a Qatar, un pequeño país rico en petróleo situado en el Oriente Medio, provocó muchas objeciones por la viabilidad de Qatar como país anfitrión, y las sospechas sobre la imparcialidad del proceso de licitación de la FIFA (Federación Internacional Futbol Asociación).

“La carencia de infraestructura y tradición futbolística de Qatar, combinada con las objeciones sobre el historial de derechos humanos y acusaciones de soborno de ese país, hacen que sea una de las más controvertidas naciones anfitrionas de la Copa Mundial de la historia’’, escribe el escritor de futbol, Tony Manfred. Qatar gastó la mayor cantidad de dinero haciendo campaña para obtener los juegos y de acuerdo con el Times de Londres, algunos miembros del grupo de votación de 24 miembros que otorga la Copa Mundial prefieren a los países autoritarios en los que no tienen que preocuparse por los molestos sindicatos y activistas políticos. Rusia será el anfitrión de la Copa Mundial en 2018 y China es uno de los favoritos para conseguir la Copa en el año 2026.

La esclavitud de hoy en día. Gran parte de la protesta de que Qatar haya conseguido el contrato de la Copa Mundial surge del lamentable historial de derechos humanos de ese país. La mayoría de los trabajadores contratados para construir la infraestructura para los próximos juegos son trabajadores migrantes de la vecina Nepal. De hecho, 1,6 millones de trabajadores de Qatar, el 90 por ciento, son trabajadores migrantes que durante décadas han sufrido bajo condiciones casi esclavistas laborando bajo un acuerdo contractual de tipo medieval de Qatar conocido como kafala.

Actualmente en el centro de atención debido a la próxima Copa Mundial, Human Rights Watch y la Confederación Sindical Internacional declaran que los trabajadores migrantes son vulnerables al abuso sistémico atroz. Están obligados a pagar a los reclutadores para conseguir empleo. Les quitan sus pasaportes y no pueden salir del país sin permiso patronal. En noviembre de 2013, Amnistía Internacional informó que los trabajadores tuvieron que firmar declaraciones falsas en el sentido de que habían recibido salario con el fin de recuperar sus pasaportes.

La embajadora de Nepal en Qatar, Maya Kumari Sharma, dijo que Qatar se había convertido en “una cárcel abierta” para los trabajadores de su tierra natal. Los trabajadores migrantes viven en campamentos con condiciones insalubres y The Guardian informó que los trabajadores estaban muriendo a razón de uno por día, con exceso de trabajo en temperaturas veraniegas que habitualmente llegan a los 120 grados.

En marzo de 2016, Amnistía Internacional emitió un comunicado: “Juntos pedimos al órgano rector del futbol, la FIFA, y al gobierno de Qatar que protejan a los trabajadores migrantes de la construcción de la Copa Mundial de 2022”.

El gobierno de Qatar afirma que se están abordando estas cuestiones, supuestamente mediante la construcción de instalaciones para albergar a 258,000 trabajadores a finales de año; construcción efectuada, por supuesto, por los propios trabajadores en condiciones de esclavitud moderna. Las negaciones de abusos y muertes abundan, como es de esperarse. Pero lo que más destaca es el fuerte contraste entre las luces brillantes del futbol internacional y las miserables condiciones inhumanas de los trabajadores migrantes que lo construyen.

Corrupción descarada. La disidencia estalló tan pronto como Qatar fue galardonado con el evento por el comité de selección de la FIFA en 2010, a pesar de que un estudio de la FIFA se había pronunciado contra la elección de Qatar. Casi inmediatamente, se divulgaron alegatos de que Qatar había “comprado” la Copa Mundial a través del soborno. Se informó que Mohammed Bin Hammam, presidente de la Confederación Asiática de Futbol, ofreció $ 5 millones a otros votantes. Un testigo contra Bin Hammam se retractó posteriormente, pero en 2012, el brasileño Richard Texeira de la FIFA se retiró después de las acusaciones de que fue sobornado. El ex-presidente de la FIFA, Blatter Shep, también renunció a la FIFA después de estar involucrado en escándalos de soborno.

La FIFA ha completado una investigación interna sobre las acusaciones (¡sí, se estaban investigando a sí mismos!). Y mientras que un informe eximió a Qatar de toda culpa, el investigador principal Michael García describió el informe de la FIFA en la investigación como “materialmente incompleto y erróneo”.

Apenas adecuado. ¿Qatar puede manejar adecuadamente un evento de esta magnitud? Este es el otro importante argumento contra Qatar como anfitrión de la Copa Mundial. El público no sólo ha cuestionado si Qatar tendrá suficientes estadios para los juegos, sino también si existen suficientes caminos para llegar a los juegos o ciudades suficientemente grandes como para albergar los juegos.

Algunos estiman que el Mundial de Qatar tendrá un costo de $220 millones de dólares, 60 veces más de lo que se gastó en Sudáfrica para la Copa Mundial de 2010. Según el Dr. Nicola Ritter, analista financiero alemán, se gastaron $107 millones en la construcción de estadios y $31 millones de dólares en transporte. Otros $28 mil millones se dedicarán a crear una ciudad entera llamada Lusail que rodeará un importante estadio de la FIFA. ¿De qué forma se benefician de todo esto los trabajadores de Qatar?

Algunos activistas políticos descalificarían a Qatar como sitio para la Copa Mundial porque la homosexualidad es ilegal. Cuando Qatar fue galardonado con la Copa Mundial, el entonces presidente de la FIFA Blatter, respondió de manera petulante que: “La gente simplemente no debe tener relaciones sexuales homosexuales cuando va a la Copa Mundial.” Otros señalan que el alcohol también es ilegal en Qatar. Qatar ahora dice que habrá “zonas de alcohol” en el evento. Incluso la legalidad temporal para el sexo gay parece poco probable.

Las convincentes observaciones políticas de Jules Boykoff, autor del libro Celebration Capitalism and the Olympic Games y ex jugador profesional de futbol, arrojan una luz sensata en todo este asunto. Como le dijo al periodista deportivo, Dave Zirin, “Los mega-eventos deportivos como la Copa Mundial son extorsiones optimistas con terribles costos humanos. Esta es una economía de chorreo que amplía la brecha cada vez mayor entre las promesas felices de los propulsores de los mega-eventos y la realidad cotidiana del resto de la población”.

Las crecientes protestas contra la Copa Mundial por la falta de derechos humanos de Qatar también pueden ayudar a poner fin al brutal sistema de kafala.

Se puede contactar a este escritor invitado en raymurphy12@email.com.

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