La desobediencia civil en apoyo a los derechos de los inmigrantes
Los jóvenes se ponen en acción desde Los Ángeles a D.C.
Yolanda Alaniz
volume:  
volume 35
issue 1
febrero de 2014
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2 de mayo de 2013: una mujer y su hijo se unen a una protesta contra las políticas migratorias de EEUU durante la visita del presidente Obama a la Ciudad de México. Foto: Marco Ugarte / AP

Están surgiendo nuevos ímpetus para los derechos de los inmigrantes, en gran medida gracias a la energía y determinación de los jóvenes activistas. Iracundos debido a la cantidad de deportaciones sin precedentes con el presidente Obama y a la negativa del Congreso a aprobar leyes de reforma humanitarias, ellos están presionando para que haya cambios con valientes actos de desobediencia civil.

Sus protestas van desde ayunos y arriesgados cruces de la frontera hasta denuncias de sí mismos como indocumentados y bloqueos de los autobuses de deportación y de los centros de detención. Su escenario se extiende desde la Costa Este y Nueva Orleáns hasta Los Ángeles y la frontera del suroeste con México.

Cadenas por la libertad. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) opera bajo el Departamento de Seguridad Nacional (DHS). La legislación que financia el DHS le impone al ICE el logro de una meta: 400,000 deportaciones por año y el alojamiento de 34,000 detenidos todos los días (muchos de ellos en prisiones con fines de lucro). Ésta es una de las excusas de Obama para justificar su aterradora ola de deportaciones.

Los jóvenes no se la creen. El Presidente hizo uso de su autoridad ejecutiva para implementar un programa (DACA) que pospone la deportación para los “Soñadores” (“Dreamers”), inmigrantes que fueron traídos a este país de niños y que satisfacen ciertas condiciones. Los manifestantes de hoy exigen que se expanda esta iniciativa para suspender las deportaciones totalmente — “DACA para todos”.

El 16 de diciembre, manifestantes en Los Ángeles y Fairfax, Va., fuera de Washington, D.C., enviaron el mensaje de “¡Ni una deportación más!” al Presidente que llaman el “deportador en jefe”.

En el centro de Los Ángeles, cinco jóvenes indocumentados se encadenaron a dos escaleras ante el centro de detención, impidiendo de esa forma que saliera ningún autobús que llevara deportados. Los manifestantes hicieron protestas a favor, cantando “¡Indocumentados — sin miedo!” (“Undocumented — unafraid!”)

Arrestaron a los cinco, los acusaron de varios delitos, y los liberaron. Aún no se han determinado sus fechas de juicio.

Algo similar ocurrió en Fairfax, donde aproximadamente 60 personas crearon una cadena humana ante un establecimiento del ICE ligando sus brazos con un tubo de plástico. A nueve se les acusó de obstruir la entrada a un edificio federal y luego los liberaron. Se presentarán ante el tribunal en febrero.

En Los Ángeles, Ilse Escobar fue una de los cinco arrestados; vino de México con su familia cuando tenía tres años. Escobar comentó: “Ya no permitiremos que usen nuestros cuerpos para lucrar; lucro de nuestro trabajo, lucro de nuestro encarcelamiento. Exigimos que el presidente Obama pare las deportaciones de nuestras familias ahora mismo.”

Kevin Solis, asesor adulto del grupo DREAM Team Los Angeles, le comentó al Freedom Socialist, “El Gobierno no ha hecho nada importante por la reforma migratoria; por lo tanto, ahora la misión es cerrar el ICE.”

Una ola que cobra fuerza. Los sucesos de Los Ángeles y Fairfax fueron sólo los últimos de una oleada de actos osados e innovadores.

El verano pasado comenzó con un viaje de tres Soñadores a la frontera de Arizona durante el insoportablemente caliente mes de junio. Ahí se reunieron con sus madres en México y las abrazaron a través de la oxidada cerca fronteriza en Nogales y nos proporcionaron una reveladora imagen de la crueldad de la separación familiar.

El 22 de julio, nueve miembros de la Alianza Nacional de Jóvenes Inmigrantes cruzaron la frontera desde México a los EEUU, una vez más por Nogales, y solicitaron libertad bajo palabra y asilo. Conocidos como los Dream Nine, todos han pasado la mayor parte de sus vidas en los EEUU y lo consideran su hogar. Tres de los nueve son indígenas con raíces en Oaxaca y una es una madre de 37 años.

Los nueve fueron arrestados y alojados en el centro de detención Eloy durante dos semanas pero, un logro importante, fueron liberados y se les permitió que permanecieran en los EEUU y se les otorgó el asilo provisional. Aún no se han emitido las decisiones finales con respecto a su petición.

En agosto, un grupo de mujeres de Phoenix organizaron a manifestantes para que rodearan un autobús lleno de inmigrantes que iban a deportar. El plantón duró cinco horas y terminó cuando el autobús regresó al centro de detención. Este acto audaz explotó en los noticieros nacionales a la vez que se difundían fotos en los medios sociales. Cientos de personas se manifestaron ante las oficinas del ICE en Phoenix una vez más en octubre.

Tres cuartos de aquéllos que inmigran a los EEUU son mujeres y niños. En septiembre, más de 100 mujeres de 20 diferentes estados, algunas de ellas inmigrantes sin papeles, fueron arrestadas después de bloquear una calle principal en el centro de D.C. para protestar contra las separaciones familiares y para exigir leyes que proporcionen un camino hacia la ciudadanía. Las liberaron sin cargos.

La meta de este acto fue apoyar a los políticos demócratas y presionar a los republicanos para que aprueben la profundamente fallida legislación de reforma migratoria que se está debatiendo actualmente. (Véase “El cruel engaño migratorio de Obama” en www.socialism.com.) Sin embargo, fue un acto osado que puso en evidencia la grave situación de las mujeres y los niños.

Plantones, bloqueos de vehículos y de establecimientos, y otros actos directos han tenido lugar en ciudades de todo el país: Elizabeth, N.J.; Filadelfia; New Orleáns; Chicago; Laredo, Texas; Tucson, Ariz.; Fresno, Calif.; San Francisco; y más.

Estas protestas, al igual que las manifestaciones masivas, son la mayor esperanza de justicia. Cuando el pueblo se involucra en la desobediencia civil se arriesga a ser arrestado, y con frecuencia deportado, para defender a sus propias familias y a millones de trabajadores indocumentados. Merecen nuestro apoyo — y la gente que están defendiendo merece la amnistía incondicional y una frontera abierta donde a nadie se le acose, detenga, deporte ni oprima por tratar de sobrevivir.

Envíale un correo electrónico a Yolanda Alaniz, coautora de Viva la Raza: A History of Chicano Identity and Resistance, a yoli.alaniz@yahoo.com.

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