Las crisis del presupuesto estatal ameritan una respuesta unida de parte de los sindicatos laborales y las comunidades
Nancy Reiko Kato
volume:  
volume 32
issue 1
febrero de 2011
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Es cuestión de prioridades: En 2010 la cantidad total otorgada a los estados por el Acta de Recuperación fue menos del 10 por ciento del presupuesto militar. Para el 2012, será menos — tal vez mucho menos – del 1 por ciento.

Rickii Ainey, confinada en su casa de Nueva Orleans a causa de la artritis, está luchando desesperadamente por conservar su asistente de cuidado personal financiado por Medicaid. Hace cuatro años, comenzó a recibir ayuda en su hogar después de que intentó suicidarse. Ahora el estado de Louisiana está planeando internar en una institución a Ainey y a otras 11,000 personas incapacitadas y pobres como “solución” a un déficit presupuestario de $1,600 millones.

La historia de Ainey es sólo la punta del iceberg. Millones de residentes de EEUU se están enfrentando a situaciones igualmente devastadoras a la vez que los estados remedian su déficit colectivo de $140,000 millones — destruyendo el tejido social de la nación.

Los déficits presupuestarios estatales parecen monumentales. En realidad, son sólo morralla comparados con los gastos del gobierno federal en ventajas fiscales para los ricos y las sangrientas ocupaciones militares. Las extensiones de Obama de reducciones fiscales para los ricos cuestan $68,000 millones por año. Las guerras de Irak y Afganistán otros $170,000 millones, los cuales podrían salvar a cada uno de los estados.

A nivel estatal, los políticos le están agregando más leña al fuego. Christie, el gobernador de Nueva Jersey, vetó un impuesto para los millonarios. Walker, el gobernador de Wisconsin, ofrece reducciones fiscales a los negocios que se trasladen a su estado, a pesar de que está en la miseria.

En resumen, mientras las corporaciones estadounidenses reciben ganancias sin precedentes (un promedio anual de alrededor de $1,600 billones), la gente común y corriente sufre los incrementos en impuestos y tarifas, las reducciones en su salario y el recorte de servicios.

El movimiento laboral ha acudido a los demócratas para dar fin a este masivo hurto de riqueza perteneciente a la clase trabajadora. Sin embargo, ambos partidos son igualmente culpables. ¡Atención, líderes laborales, despierten y hagan algo! Boten a los demócratas, salgan a las calles y hagamos que los patrones paguen por su crisis.

Recortes que matan. Un blanco principal de los recortes presupuestarios es la red de seguridad que ayuda a sobrevivir a la gente de bajos y medianos recursos. Hoy día, muchos programas, ya de por sí raquíticos, corren el peligro de ser eliminados.

Texas, que ya ocupa el 49º lugar en los EEUU en gastos de salud mental, planea recortar $134 millones más. Oklahoma está haciendo más reducciones a sus programas de prevención de abuso infantil. Georgia está reduciendo el personal que ayuda a la gente a solicitar cupones de comida y Medicaid.

Massachusetts eliminó un programa de salud para inmigrantes pobres, y recortó el seis por ciento de la prevención del VIH/SIDA. Kansas descontinuó los servicios dentales para las personas de la tercera edad y para la gente con incapacidades.

Michigan, que cuenta con la tasa más elevada de desempleo, redujo el programa “Ningún trabajador se queda atrás” (No Worker Left Behind) en un 38 por ciento. El programa le permitía encontrar trabajo al 75 por ciento de los participantes.

El incremento de los costos en la educación superior es otra movida popular. ¡Esto, a pesar de que los costos de matriculación han subido un 500 por ciento de 1983 a 2008! Florida va a incrementar su matrícula universitaria en un 32 por ciento en un período de dos años. En Minnesota, 9,400 estudiantes perdieron sus concesiones de ayuda financiera.

Las escuelas públicas también se encuentran en estado de sitio. Arizona redujo a la mitad el presupuesto para programas de kínder y Colorado está gastando $400 menos por estudiante.

Temporada de caza contra los sindicatos. Según los expertos de derecha los estados están en bancarrota debido a los “excesivamente remunerados empleados públicos”.

Sólo hace dos años, el furor nacional se dirigió correctamente contra Wall Street, contra los grandes bancos y las grandes empresas. Pero los políticos capitalistas y las agencias noticiosas están trabajando tiempo extra para redirigir la indignación hacia los sindicatos del sector público. Un ejemplo de esta campaña son los ataques contra los sindicatos, tal como el del gobernador Kasich de Ohio, el cual quiere prohibir la sindicalización de 14,000 trabajadores del cuidado infantil y de casa, y despedir a los trabajadores del estado que se declaren en huelga. O el gobernador Walker de Wisconsin que planea eliminar el derecho de los trabajadores del estado a fundar sindicatos.

El neoliberalismo es la estrategia económica que sustenta este ataque. Es una estrategia para maximizar las ganancias de las corporaciones a nivel mundial, y la privatización de los servicios públicos es clave. ¡¿Qué mejor forma de lograrlo que causar la bancarrota del Gobierno a la vez que se logra rescatar a las grandes corporaciones?!

Los demócratas y republicanos están “rediseñando” el Gobierno mientras que los economistas capitalistas hablan de una “nueva normalidad” del EEUU de la “pos-recesión”. Hasta ahora, no parece que tenga límites cuán fea se vuelva esta nueva realidad para la clase trabajadora de los EEUU. Dado que los políticos y los patrones tienen amenazado en sumo grado al sector público, el movimiento laboral tiene dos opciones: luchar o morir.

Lo bueno del asunto es que el movimiento laboral aún puede luchar y ganar si se extiende y logra construir alianzas con la comunidad — ahora mismo. En su calidad de expresión organizada de la clase trabajadora, el movimiento laboral tiene la capacidad de movilizar a las masas. Asimismo, a las masas les conviene aliarse con dicho movimiento.

La Federación Americana del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO) gastó más de $200 millones en las elecciones de 2010 para llegar a 17 millones de miembros sindicales. Pero ese dinero se desperdició en los demócratas. Imagínate si se redirigiera toda ese energía para construir una alianza laboral y comunitaria para rescatar los servicios públicos.

Las masas de sindicalistas no pueden esperar a que los altos mandos pongan manos a la obra. El liderazgo debe provenir de las bases, por medio de trabajadores radicales de todas las persuasiones.

Un ejemplo de lo anterior es Washington, donde Hermanas Organizadas para la Supervivencia (Sisters Organize for Survival), campaña iniciada por las Mujeres Radicales, ha hecho una petición al consejo laboral estatal para que “organice una manifestación masiva laboral y comunitaria contra los recortes presupuestarios”. Para más información, ve a www.SistersOrganizeforSurvival.org.

Hagamos de la rebelión global la “nueva normalidad”. En todos los continentes, los trabajadores están utilizando las huelgas generales para combatir las medidas de austeridad. El movimiento laboral de EEUU también tiene un historial de uso de huelgas generales para luchar, y ya es hora de emplear de nuevo esta arma.

Dado que los sindicatos son sólo una fracción de la fuerza laboral, la AFL-CIO y Cambiar para Ganar (Change to Win) necesitan abordar a toda la clase trabajadora. Una demanda para realizar lo anterior es “30 por 40”, un eslogan popularizado por los socialistas durante la Gran Depresión para abordar el tema de la escasez de empleos. Hoy día, a medida que continúa la Gran Recesión, la demanda de 30 horas de trabajo por 40 horas de paga tiene mucho sentido. Después de todo, la productividad de los trabajadores se ha incrementado en un 400 por ciento desde 1950.

Es cierto que algunos dirían que 30 por 40 es muy poco realista. Y es cierto que los patrones con frecuencia amenazan con trasladar los empleos cuando los trabajadores se muestran demasiado exigentes. Pero en estos momentos, los trabajadores se muestran exigentes en todas partes.

Lo que puede hacer posible que gane 30 por 40 es un doble golpe de huelgas generales en el frente nacional y de solidaridad internacional con trabajadores en huelga en otros países para incrementar los estándares a nivel global.

Gracias a los paros y a las masivas protestas desde Grecia hasta Túnez, 2011 parece prometedor. Los EEUU se han demorado en unirse a la revuelta global, pero una chispa del movimiento laboral podría hacer que la situación se active rápidamente.

Nancy Reiko Kato es una empleada de la Universidad de California.

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