No hay justicia sin cambio radical
Monica Hill
volume:  
volume 36
issue 1
febrero de 2015
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Mural mexicano de Manuel Lizama ilustra la “Guerra de Castas de Yucatán” (1847-1901), rebelión maya en la Península de Yucatán. Foto: Adam Jones / Flickr

Si no hay justicia, no hay paz!” Este resonante lema está cerca de los corazones de los manifestantes que marchan contra el abuso policial en las comunidades negras y latinas de los EEUU. Y hoy ese lema expresa el creciente desafío global contra la represión estatal, ya sea en el Medio Oriente, África, Asia, Europa o América Latina.

Sin embargo, los presidentes Obama y Peña Nieto de México, que con gusto se dieron la mano en Washington, D.C., en enero, están haciendo su mejor esfuerzo para hacer cumplir la “paz” sin justicia.

Eso no va a hacer que cedan las revueltas de indignados dirigidas por jóvenes negros e inmigrantes en los Estados Unidos y la juventud y las comunidades indígenas en México. Ahora el reto es mantener la inercia, ampliar la solidaridad, y construir un cambio radical.

Es el sistema. Las masas que han salido a las calles de México y los EEUU saben que el gobierno causa la violencia en la vida cotidiana. La policía y los militares tienen un papel especial de hacer cumplir las normas — pero todas las secciones del estatal colaboran para garantizar el dominio del sistema económico capitalista. Las empresas obscenamente ricas, incluyendo los cárteles de drogas, dependen de esa coerción para sobrevivir. En el frente interno, los policías y las cárceles trabajan para suprimir la rebelión y proteger a los bancos y a los especuladores — ¡a toda costa! A nivel internacional, las ocupaciones militares y guerras destruyen tierras y vidas para mantener en la cúspide a las potencias imperialistas.

¿Qué han producido estos poderes? Un mundo de seres humanos que padecen, casi la mitad de los cuales luchan por sobrevivir con menos de dos dólares al día. Los expertos nos dicen, “Tengan la seguridad de que está cerca la recuperación y de que el capitalismo será bueno para toda la eternidad.” ¡Mentiras! La vida es cada vez peor, no mejor. El capitalismo está diseñado para beneficiar a unos pocos privilegiados, no para nutrir a una civilización humanitaria, productiva y sensata.

Las insoportables condiciones son la causa de trastornos a nivel mundial, y los gobernantes están desesperados por frenarlos. El racismo institucionalizado desempeña un papel fundamental en este esfuerzo, sobre todo en los EEUU, ya que fueron fundados y se enriquecieron a costas de los esclavos negros y los trabajadores inmigrantes. Las políticas supremacistas blancas infiltradas en los EEUU están destinadas precisamente a acabar con la solidaridad entre las razas. El racismo también está presente en México, donde, al igual que en los EEUU, las comunidades indígenas son estigmatizadas, lo cual es lo mejor para despojarlos de sus derechos y para robarles sus tierras.

Esto sí sabemos: Ninguna clase obrera dividida por el racismo jamás será capaz de organizar una revolución. La clase dominante lo sabe también y observa con horror el vasto auge multirracial.

Reforma y revolución. Entablar la ofensiva contra el capitalismo es una doble lucha — una para las reformas de supervivencia, y la otra para derrocar al sistema capitalista en su totalidad. Los artículos en esta edición especial del Freedom Socialist tratan de muchas de las reformas necesarias, las cuales incluyen la eliminación del sistema de gran jurado, la detención de la venta de armas de EEUU y la financiación de la criminal “guerra contra las drogas” de México, y el establecimiento de puestos de trabajo y programas de formación para los jóvenes.

Es muy cierto que las reformas del capitalismo son temporales y que la clase dominante las revierte tan pronto como le es posible. Pero la lucha por dichas reformas nos brinda algo de alivio y es un entrenamiento esencial para las batallas revolucionarias por venir.

Cruciales para las protestas y para la acción directa son la organización y el liderazgo, los cuales distinguen a los pioneros que planean y se preparan a partir de las masas de manifestantes dedicados. Y ellos son los que han mantenido dos movimientos históricos en movimiento desde que Michael Brown fue baleado el 9 de agosto de 2014, y desde que las tropas del gobierno secuestraron a estudiantes normalistas mexicanos de Ayotzinapa el 26 de septiembre.

Un desarrollo vital en México es que los alumnos y los sindicatos de profesores están dirigiendo la formación de consejos municipales populares en el estado de Guerrero para reemplazar a los funcionarios corruptos. El Partido Obrero Socialista mexicano (POS) está llamando a una expansión de estos consejos populares, y a construir un movimiento de masas democrático nacional para coordinar las protestas y elaborar las políticas.

Los grupos involucrados en las protestas de Estados Unidos se están coordinando en torno a acciones nacionales y están trabajando conjuntamente y comunicándose. Los inmigrantes mexicanos juegan un papel vital en la conexión de las luchas al norte y al sur de la frontera. Grupos de izquierda, sindicalistas de base y movimientos de justicia social deben apoyar enérgicamente el trabajo de los demás participantes en este proceso. En los EEUU, la feroz oposición a las guerras de Estados Unidos es particularmente importante, ya que el Pentágono cuenta con la conscripción de los pobres para reclutar a jóvenes desempleados, especialmente a jóvenes de color.

En México, junto con los consejos municipales, los grupos principalmente de indígenas han establecido policía comunitaria armada para defenderse contra la corrupción y la brutalidad de la policía, los militares y narcotraficantes. Han surgido detenciones masivas, y un movimiento para liberar a presos políticos es parte de la lucha. (Ver freenestora.org.)

Las barbaridades capitalistas son internacionales y la organización a través de fronteras es vital. El Comité por la Reagrupación Internacional Revolucionario (CRIR), un grupo de partidos trotskistas, es un ejemplo. (Ver Comité por la reagrupación internacional revolucionaria en socialism.com.) El CRIR está formado por el Partido de Libertad Socialista (FSP) de los EEUU y Australia, el POS de México, el Núcleo por un Partido Revolucionario Internacionalista de la República Dominicana, y el Partido Revolucionario de las Trabajadoras y los Trabajadores de Costa Rica.

Coaliciones de sindicalistas de base y grupos de derechos de inmigrantes colaboran a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México, al igual que lo hace el movimiento de inmigración dirigida por jóvenes. En Australia, camaradas del FSP se han organizado durante décadas con los aborígenes que luchaban contra las muertes bajo custodia, y han trabajado junto con ciudadanos de Papúa Occidental que resistieron la sangrienta ocupación militar de Indonesia. (Véase el Organiser de Australia en socialism.com.)

Lo que un partido puede ofrecer. Va a ser necesaria una revolución para abolir este sistema que se alimenta del racismo y decaimiento social. Y la forma esencial de la organización para lograr ese objetivo es el partido revolucionario, que estudia las lecciones de la historia y se aboca a la toma del poder por parte de la clase obrera. El arsenal de conocimientos prácticos y la confianza de un partido de esa naturaleza son fundamentales para la construcción de la solidaridad mutua a través de las fronteras por un hemisferio y un mundo socialistas.

El FSP es un partido para todas las razas y los sexos. Al mismo tiempo, el FSP es integralmente feminista y muy consciente del liderazgo indispensable de los radicales negros en los EEUU, especialmente las mujeres negras. Somos un lugar para aprender, contribuir, para mantener nuestros ojos en el premio a través de todos los altibajos de la lucha, y finalmente para ganar una victoria duradera. ¡Esperamos que se nos unan!

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