VENEZUELA
Amenazas imperialistas y los límites del populismo
Stephen Durham
volume:  
volume 35
issue 3
junio de 2014
imagestuff

Protesta en Caracas el 15 de febrero. Foto: andresAzp on Flickr

Cada vez que la clase obrera y los pobres de América Latina tratan de dar un paso adelante y escribir su propia historia, se enfrentan al poder del imperialismo de EEUU, el cual utiliza lo que está de moda en ese momento — golpes de estado, bloqueos, movimientos de protesta fabricados, referendos o sanciones comerciales — para dar marcha atrás al reloj.

Cuando la añeja polarización de Venezuela estalló en protestas callejeras en febrero y marzo, los Estados Unidos, fiel a su estilo, desempeñó su papel habitual en los disturbios. Utilizando dinero, palabras duras y cabildeo entre los países de América Latina, EEUU trató de apuntalar la oposición al gobierno electo de Nicolás Maduro, el sucesor de Hugo Chávez.

Con la muerte de Chávez el año pasado, el sector de la clase dominante venezolana aliada con los EEUU y con el capital internacional intensificó sus ataques contra el presidente Maduro. Después de que sus fuerzas ganaron 17 de las 18 elecciones municipales en diciembre, la extrema derecha no dejó pasar la oportunidad de sacar provecho de las manifestaciones espontáneas de febrero contra las condiciones económicas en estado de deterioro. Leopoldo López, graduado de la Kennedy School of Government de Harvard, un campo de reclutamiento de la CIA confirmado, emergió como uno de los principales portavoces del movimiento.

Dado que los militares venezolanos todavía apoyan a su presidente, a los EEUU no le queda más que una opción: desestabilizar su gobierno y obligarlo a hacer concesiones con la esperanza de lograr que Maduro pierda las elecciones en 2015.

La intervención de los EEUU no es el único problema que enfrenta el pueblo venezolano. El Bolivarianismo está sufriendo una crisis interna derivada del hecho de que no tenía el objetivo de derrocar al capitalismo y poner a los trabajadores y a los pobres en el asiento del conductor.

Las contradicciones del chavismo regresan a casa. El problema del chavismo, al igual que otras formas de populismo, es que cuenta con una base política dividida compuesta de clases con intereses opuestos.

Por un lado se encuentran los trabajadores, los pobres y los oprimidos, los cuales constituyen la gran mayoría. Son beneficiarios de la ayuda del gobierno, pero no controlan el estado, la industria ni el comercio exterior.

Por otro lado existe un sector de la clase capitalista venezolana aliada con el gobierno. Esto es lo que se ha llegado a conocer como la “boli-burguesía,” cuyo destino está atado a las decisiones del gobierno sobre la distribución de la riqueza petrolera de Venezuela.

Después de 15 años, las contradicciones entre los intereses de clase de esta base política dividida están comenzando a emerger con una fuerte inflación y con fuga de capitales.

Los precios han subido debido a que el bolívar, la moneda nacional de Venezuela, ha perdido poder adquisitivo. Esto se debe a una serie de factores, incluyendo el hecho de que el gobierno de Maduro imprimió demasiado dinero en 2013 para cumplir su promesa electoral de la continua financiación del gobierno para la alimentación y los servicios sociales. El resultado fue que la circulación de bolívares aumentó en un 70 por ciento, alimentando el fuego de la inflación.

Una devaluación del gobierno de la moneda nacional para controlar la inflación provocó pánico económico y dio lugar a una explosión en el valor de los dólares en el mercado negro. Los dólares comenzaron a escasear debido al atesoramiento y al aumento de la fuga de capitales, privando al gobierno de Maduro de los dólares que necesitaba para comprar alimentos y cumplir con sus obligaciones internacionales de préstamos.

Al final del año pasado, el gobierno, intentando resolver este problema, reorganizó la forma en que la burocracia estatal distribuía sus petrodólares. Esto se hizo para contrarrestar la fuga de capitales a través del mercado negro y disminuir la corrupción del gobierno, la cual sigue siendo un problema implacable.

La reorganización monetaria de Maduro cortó el flujo de dólares a un sector importante de los trabajadores de clase media y desempleados que habían desarrollado una serie de estratagemas para sobrevivir o para beneficiarse de la crisis económica. Por ejemplo, los venezolanos con recursos podían viajar al extranjero para comprar bienes y luego venderlos con grandes ganancias en el sector informal. Esto se conoció como el “comercio maleta.” Otros compraron dólares en el extranjero con una tarjeta de crédito y volvieron a casa para venderlos en el mercado negro a un precio muy inflado.

Las reformas monetarias de Maduro dieron al traste con estas prácticas que a su vez alimentaron las protestas de febrero y marzo.

El camino por delante. Hoy en día la economía petrolera de Venezuela ya no es suficiente para satisfacer las promesas del chavismo a la gente y al mismo tiempo para garantizar los beneficios de los capitalistas aliados con el gobierno y para cumplir con los pagos de intereses sobre la deuda nacional de Venezuela. Alguien se tiene que sacrificar y los capitalistas están decididos a que sean los trabajadores y los pobres los que paguen.

Eso significa que para defender las conquistas del Bolivarianismo es necesario ir más allá del capitalismo de bienestar social a una economía socialista planificada bajo el control obrero de la industria y el monopolio estatal del comercio exterior.

Para el pueblo venezolano, mirar al futuro es la única manera de evitar ser empujado hacia atrás.

Mándale tus comentarios a Stephen Durham a sgd551947@gmail.com.

This article in English / Este artículo en inglés