La revolución permanente y la emancipación de las mujeres

Murry Weiss

Murry Weiss escribió orginalmente “La revolución permanente y la emancipación de las mujeres” como una resolución para la Conferencia Nacional de octubre de 1978 del Comité por un Partido Socialista Revolucionario. Se publicó una versión abreviada del documento en el periódico FREEDOM SOCIALIST en otoño de 1978. Weiss tenía la intención de expandir el documento pero murió en diciembre de 1981, dejando inconclusa la obra. El proyecto fue terminado por Robert Crisman, quien utilizó las notas de sus conversaciones con Weiss. La versión fi nal, reproducida aquí, se publicó en el FREEDOM SOCIALIST en el verano de 1982.

La revolución permanente es el proceso mundial de lucha ininterrumpida e ininterrumpible de todos los pueblos oprimidos, dirigida por el proletariado en pro de la liberación económica, social y política. Sus principios principales son:

1. Las tareas burguesademocráticas inconclusas de la humanidad sólo las puede realizar la revolución socialista proletaria. Ésa es la base de la teoría.

2. La revolución no se termina con la dictadura del proletariado sino que continúa en forma de choques políticos en los ámbitos cultural, social y económico a través de cada etapa sucesiva en el camino hacia una sociedad sin clases.

3. La revolución permanente es internacional en carácter y alcance. Los objetivos de la liberación nacional y de las luchas democráticas en todos los países están indisolublemente ligados al éxito de la revolución proletaria en los países industrializados avanzados.

Estas tres leyes de desarrollo social están interrelacionadas, indican e ilustran la forma, las tareas y las perspectivas de la revolución mundial en nuestra área.

Hoy día, la revolución permanente lucha contra el estado capitalista, contra sus instituciones y contra el vasto sistema interconectado de relaciones humanas y sociales que forman la base de la opresión de la burguesía mundial. Reconoce al proletariado como la fuerza motora de la economía mundial y como la vanguardia estratégica de la revolución internacional. Además tiene como base la interdependencia mutua de la lucha por la liberación proletaria con todas las demás luchas de liberación.

Las mujeres en el capitalismo

Hoy día, ninguna lucha democrática es más antigua, más profunda ni de más alcance que la de las mujeres.

Todo el mundo, excepto los descarados hombres chovinistas, está de acuerdo en que las mujeres de todos los estratos — las nacionalidades oprimidas, los campesinos, los obreros, la clase media e inclusive algunos miembros de la clase gobernante — están realizando una lucha ininterrumpida y permanente por la igualdad.

Las mujeres son las más oprimidas de los oprimidos pues son trabajadoras domésticas esclavizadas, son máquinas reproductoras para las fábricas y para los ejércitos capitalistas, son la mayor parte de la mano de obra industrial en reserva, y las principales víctimas del sexismo que divide y paraliza al proletariado y a los movimientos de liberación de todo el mundo.

Las antiguas restricciones sexuales y familiares contra las mujeres siguen siendo el principal sostén del status quo. El capitalismo no podría sobrevivir ni un instante a la verdadera liberación de las mujeres. ¡Tampoco podría satisfacer ninguna reforma las aspiraciones de una verdadera igualdad de todo un género!

Por consecuencia, la emancipación de las mujeres depende de la marcha hacia delante de la revolución permanente y de su inminente victoria sobre el sistema de lucro. Lo contrario es igualmente cierto: La revolución permanente se detendrá totalmente sin la inercia de la pujante lucha de las mujeres por la igualdad.

La entrada masiva de las mujeres al proletariado moderno, su continua existencia como las más oprimidas dentro de cada sector reprimido, su antiguo sufrimiento común por ser mujeres – y su comprobada fuerza de voluntad para luchar contra dicho sufrimiento – se han unido hoy día para hacer de las mujeres que luchan las líderes radicales y unifi cadoras de la batalla contra el capitalismo mundial.

La dictadura del proletariado

Para tratar los problemas de la Revolución rusa, Trotsky y Lenin extendieron y enriquecieron la teoría de la revolución permanente, la cual había sido formulada originalmente por Marx.

Todos los socialdemócratas rusos estaban de acuerdo en que el Occidente industrial estaba listo para el socialismo, pero que Rusia tenía que alcanzar primero el orden capitalista. Sin embargo, Lenin y Trotsky insistieron en que la burguesía rusa era demasiado insignifi cante social y políticamente, que sus intereses estaban demasiado ligados a los latifundistas y al orden semifeudal, como para realizar alguna función que no fuera la de reaccionarios en la revolución venidera.

Ellos argüían que sólo el proletariado, en alianza con los campesinos, podía derrocar al Zar.

Trotsky llegó aún más lejos. El liderazgo obrero en la revolución equivalía a la dictadura del proletariado sobre la burguesía después de la toma del poder.

A su vez, esto implicaba la imposición de medidas socialistas para poder realizar las tareas democráticas inconclusas causadas por las condiciones de la Rusia precapitalista. Entre las más importantes demandas democráticas se encontraba la emancipación de las mujeres y de las minorías oprimidas.

Las revoluciones de febrero y octubre de 1917 proporcionaron una sorprendente confirmación de la teoría de la revolución permanente pues demostraron en forma defi nitiva que en el caso de todos los países atrasados el camino hacia la democracia conduce hacia la dictadura del proletariado. La lucha de todos los estratos oprimidos de dichas naciones sólo puede ser lograda por la revolución socialista.

Lo que con frecuencia no se reconoce es que el surgimiento de las mujeres en el liderazgo del proletariado durante la rebelión de 1917 no sólo fue crucial para la victoria de los Bolcheviques sino que vaticinó la función que las mujeres desempeñarían en las luchas de trabajadores y de liberación de hoy.

El núcleo internacional

La Unión Soviética emergió de la revolución totalmente desangrada por la carnicería de la Primera Guerra Mundial. La guerra civil aniquiló aún más a su proletariado y destruyó virtualmente toda su economía.

Esta devastación, además de siglos de estancamiento económico y social, fue el punto de inicio de la reconstrucción socialista de la Unión Soviética.

Los Bolcheviques crearon multitudes de medidas destinadas a revivir al país en ruinas, y al principio de los años 1920 la URSS comenzó el proceso de recuperación.

Sin embargo, los soviéticos se hallaban aislados en un hostil y dominante océano capitalista. El Occidente gozaba de un nivel incomparablemente superior industrial, tecnológica y militarmente, y contaba con armas que fueron estrenadas en el primer estado obrero.

Trotsky advirtió que a menos que la Unión Soviética saliera de su aislamiento y que la revolución llegara hasta el corazón del imperialismo, la dictadura del proletariado sería destruida eventualmente.

Asi mismo señaló la profunda importancia de la revolución internacional, tenía sus raíces en el carácter de la economía mundial, en el desarrollo mundial de las fuerzas de clase, y en la escala mundial de la lucha de clases. El desarrollo capitalista había creado una división internacional del trabajo en todas lasnaciones basada en un desarrollo mundial disparejo de la tecnología industrial y de la distribución desigual de los recursos. De esta forma, todas las economías nacionales estaban subordinadas al mercado mundial.

Este hecho fue de vital importancia para la Unión Soviética, perdida en la insufi ciencia e inadecuación de su propio desarrollo capitalista. Trotsky ridiculizó la idea de un “socialismo nacional” basado en un “inventario precapitalista”. Insistió en que el legado de atraso del estado soviético y su continua incapacidad para ganar acceso a los recursos mundiales, al crédito internacional y al fi nanciamiento constituía un obstáculo infranqueable para su desarrollo económico.

Además, la consolidación y el crecimiento de la economía era lo único que podía garantizar un mínimo de estabilidad social, proveer una ampliación de las libertades democráticas, y desatar los recursos humanos y materiales necesarios para liberar a las mujeres y a las minorías oprimidas de las restricciones institucionales del barbarismo ruso previo.

La única solución era la revolución obrera allende las fronteras soviéticas.

Socialismo en un solo estado

El internacionalismo fue la perspectiva motora de la Unión Soviética y de la (Tercera) Internacional Comunista desde sus principios hasta el principio de los años 1920, cuando la incipiente burocracia soviética comenzó a presionar para alejarse de los obreros del mundo.

En 1924, Stalin contrapuso el “socialismo en un solo país” a la revolución permanente como la ideología comunista imperante.

El prospecto de la revolución en el Occidente había perdido fuerza con la derrota de las revoluciones alemanas de 191819 y 1923. Este hecho hizo que aumentara el aislamiento de la URSS así como el conservadurismo de los burócratas soviéticos que debían su poder a la privación, al agotamiento y al atraso que hizo temblar al primer estado obrero.

El socialismo en un solo estado había sido diseñado para satisfacer a dichos reaccionarios, que se habían acostumbrado a sus privilegios y que temían cualquier disturbio que pudiera poner en peligro sus privilegios.

La teoría de Stalin desligaba artificialmente la revolución nacional de la internacional y consideraba a la Unión Soviética capaz de llegar al socialismo aislada autárticamente de la economía mundial. Parecía que la toma de poder por parte de los Bolcheviques no había abierto sino cerrado la era de la revolución socialista y que, posteriormente, las reformas graduales y pacífi cas llevarían a la URSS al paraíso de una sociedad sin clases.

En el ámbito internacional, “el socialismo en un solo país” fomentó otro aborto teórico — la teoría revolucionaria de “dos fases”.

Dicha teoría postulaba que aunque el Occidente estaba listo para el socialismo y aunque la Unión Soviética ya había alcanzado la dictadura de los trabajadores, los países coloniales se debían limitar a las luchas burguesas y democráticas — “la primera fase” de la revolución. La segunda fase, la socialista, existía aparte y se pospondría hasta un futuro indefinido.

¡Por eso Stalin repudió la teoría, la dinámica y las estrategias que habían dado a luz al mismo estado soviético!

De esta forma, al garantizar de antemano la derrota de los movimientos de liberación anticoloniales, los estalinistas esperaban crear un equilibrio estable entre la URSS y el Occidente imperialista.

“El socialismo en un solo país” preparó el camino para una serie de desastrosas derrotas a la revolución mundial. La revolución alemana de 1923, la revolución china de 192527, la huelga general británica de 1926, y la burocráticamente degenerada Unión Soviética misma fueron víctimas de la traicionera teoría de Stalin. La contrarrevolución fascista en Europa en los años 1920 y 1930 y el prolongado retroceso de la liberación colonial fueron otros frutos de las estrategias antimarxistas de Stalin. Y con eso surgió la desmoralización y la desorientación teórica del

proletariado mundial.

La destrucción del monolito estalinista

Trotsky se ocupó de continuar y difundir la ciencia marxista. Aplicó y desarrolló el leninismo como respuesta a cada nuevo cambio, mutación y vicisitud de la lucha por la democracia y el socialismo. Luchó durante toda su vida por difundir la revolución mundial con el estandarte de la revolución permanente, a pesar del doble asedio estalinista y de las calumnias, la difamación y los homicidios del capitalismo.

Al final de los años 30, a los tímidos, preocupados y desmoralizados cínicos les parecía que el estado policial estalinista y el barbarismo fascista que surgió y se nutrió del cadáver de la vencida revolución europea, había destruido para siempre la posibilidad de la lucha proletaria internacional.

Sin embargo, el cataclismo de la Segunda Guerra Mundial dominó la enorme infl uencia de la reacción y desencadenó de nuevo la revolución permanente en el panorama mundial. Las derrotas de posguerra de las dictaduras imperialistas en Yugoslavia, China, Cuba y Vietnam provocaron, a su vez, la inevitable desintegración del monolito estalinista.

El ascenso de los trabajadores en otros países provocó rebeliones en los desquiciados estados proletarios de Europa Oriental creados por la dominación burocrática y militar soviética después de la Segunda Guerra Mundial. Dichas rebeliones amenazaron una y otra vez con contagiar y activar a los mismos obreros soviéticos, cuyos gobernantes ya no podían defender el aislamiento de la URSS como justifi cación para la represión.

Hoy día, la revolución permanente está presente en el umbral de toda burocracia estalinista. En todos los estados proletarios, ya sea que estén degenerados por el aislamiento y por problemas serios, o desquiciados al nacer por el liderazgo estalinista, las opresiones residuales heredadas de la sociedad de clases infectan todos los ámbitos de la vida y crean resistencia. Las rebeliones de Alemania Oriental en 1953, de Hungría en 1956, de Checoslovaquia en 1968 y de Polonia en 1956, 1970 y actualmente, inevitablemente prometen el Bolchevismo en sus países y la muerte del estalinismo.

Qué ironía tan maravillosa es que dentro de la misma órbita soviética, la lucha simultánea por la democracia y por el socialismo — la revolución permanente — alcance su máximo nivel de expresión.

La cuestión oculta

Desde la Segunda Guerra Mundial, la revolución permanente ha afectado de forma profunda y audaz el corazón de los países imperialistas en formas nuevas e inauditas, y antes de la tan demorada victoria proletaria.

Cruentas luchas de liberación de género, raza, sexualidad y relaciones humanas surgieron en los países industrializados. Las expectantes rebeliones sociales, familiares y morales, las cuales aun Trotsky tendía a considerar como cuestiones para la sociedad poscapitalista, deterioraron las putrefactas estructuras de la sociedad burguesa.

Además, dichas luchas de género y raza se infi ltraron y se integraron rápidamente a la lucha proletaria, convirtiéndose, de hecho, en su fuerza motora (asustando a los estalinistas y radicales sexistas en todas partes).

La revolución permanente y el dictamen trotskista de que eran los más oprimidos dentro de su ámbito los que se levantarían de las profundidades para convertirse en los cimientos de las luchas obreras y coloniales, nos proporcionan la clave para comprender los detalles y dinámicas de la revolución mundial en nuestra era.

Una nueva generación de marxistas se está dando cuenta del hecho de que la revolución permanente está intimamente ligada a la cuestión de la liberación de las mujeres.

La revolución permanente se ha malinterpretado e ignorado con frecuencia. Sólo se puede ver claramente en el estadio más desarrollado de una revolución. De forma similar, la emancipación de las mujeres apenas se está comenzando a considerar como fundamental en la política contemporánea.

Este papel de vital importancia siempre ha existido pero se ha ocultado con demasiada frecuencia bajo la superfi cie de las conciencias marxistas más brillantes.

El feminismo — la lucha integral de las mujeres por la igualdad — no es en absoluto una nueva realidad. Más de la mitad de la raza humana ha luchado apasionadamente durante miles de años por deshacerse de las cadenas de la humillación, la extrema explotación y la lamentable exclusión institucional de todas las áreas importantes de liderazgo y de toma de decisiones.

Una y otra vez, esta parte mayoritaria de la raza humana se ha rebelado para atacar los crímenes prehistóricos de la supremacía masculina.

El regreso de los primeros revolucionarios

Las mujeres dirigieron la primera revolución: el vasto avance en productividad causado por el progreso en la agricultura, la domesticación de animales, las herramientas, la medicina y las artes. Dicha revolución generó la propiedad comunal y sus derivados: la libertad y la igualdad.

Sin embargo, el liderazgo de las mujeres fue derrocado por la inexorable intromisión de la riqueza excedente y de la acumulación de la propiedad privada. El primer excedente se dio en el ganado ya que las manadas eran controladas por los hombres, los cuales las utilizaban para intercambios comerciales con otras tribus. El trueque se transformó en compra y venta, y el comercio de ganado se rigió por el intercambio pecuniario. Así creció un nuevo orden económico, social y sexual que se contrapuso y que destruyó el sistema tribal comunal por línea materna.

Los hombres, los propietarios de la nueva riqueza, se convirtieron en la primera clase de propietarios y las mujeres se convirtieron en la primera clase oprimida, la primera precursora del proletariado moderno. Por eso es que Engels llamó a la lucha de género la primera lucha de clases. La degradación de las mujeres está ligada y es fundamental a todas las sociedades de clases — la antigua sociedad esclavista, el despotismo asiático, el feudalismo y el capitalismo.

La verdadera historia de las mujeres fue eliminada a medida que la sociedad de clases se enraizó dolorosamente en el mundo, historia caracterizada por una feroz resistencia femenina en cada paso del camino. La exclusión general de las mujeres del poder prevaleció hasta el siglo XIX, cuando las convulsiones internas de la sociedad burguesa y el surgimiento del proletariado industrial comenzaron a rasgar todo el tejido de la opresión humana.

Las mujeres se convirtieron en líderes de las luchas sufragistas, abolicionistas y obreras a lo largo de los siglos XIX y XX. Pero con frecuencia sus intereses fueron supeditados o sacrifi cados por las luchas “más amplias” o “centrales”; y rara vez se le otorgó al poder explosivo del feminismo el respeto y el reconocimiento que merecía. Y aún no se le otorga. Hoy día, una parte importante de la Izquierda se rehúsa a aceptar la emancipación de las mujeres como el eslabón conector y detonador de las luchas proletarias, de raza y de liberación nacional. Las mujeres, afi rman los expertos, son menos importantes que todos los demás — y están a una o dos revoluciones de distancia en la agenda de los expertos.

Sin embargo, la composición del proletariado mundial ha cambiado desde la Segunda Guerra Mundial. Las mujeres representan ahora un asombroso 45 a 50% de la clase trabajadora en todos los países imperialistas, y las cifras han aumentado vertiginosamente en los países coloniales.

Se ha formado una red global de liberación para cobrarse todas las deudas no saldadas de mucho tiempo de opresión irresoluta, y las mujeres están involucradas en dicha red. El nuevo nexo femenino entre el proletariado y todas las demás luchas es enorme.

Todos los oprimidos deberán de orientarse eventualmente hacia el liderazgo proletario y hacia la revolución socialista como solución para los problemas que no tienen ninguna otra solución. Sin embargo, el problema más serio es la crisis de liderazgo dentro de la clase obrera y la consideración de este problema representa la vanguardia de la teoría y práctica revolucionarias actuales, vanguardia de la que se ha alejado la mayoría de los miembros de la Izquierda al “desfeminizarse”.

¡Las mujeres no sólo buscan sus derechos democráticos sino que son catalizadoras radicales dentro de todos los demás grupos oprimidos y proporcionan lazos indisolubles entre ellos!

Surgiendo de las profundidades de todas las luchas democráticas, actuando con insistencia como detonante y modelo, las mujeres son realmente el liderazgo no reconocido del proletariado de hoy, ¡a pesar del escarnio y el escepticismo de los chovinistas de izquierda!

Nuestra apreciación nos lleva a una conclusión inevitable: la solución a la crisis del liderazgo revolucionario depende en su totalidad y es inseparable de la lucha por la emancipación de las mujeres. Además, los grandes cambios que se están dando entre las mujeres revolucionarias están provocando cambios adicionales en los partidos revolucionarios.

¡Así es como debe ser! El trotskismo saluda dichos cambios para el benefi cio de las mujeres y los utiliza como fundamento.

Esquemas mencheviques contra dinámicas bolcheviques

Cuando estalló la revolución permanente en las calles de Petrogrado en 1917, sus más implacables enemigos eran los Mencheviques, la minoría antibolchevique del partido.

Al igual que sus descendientes estalinistas, los mencheviques insistían en que la revolución mundial debía surgir en fases separadas e inevitables. Afi rmaban que sólo el Occidente industrial estaba “maduro” para realizar la revolución socialista. La atrasada Rusia agraria tendría que conformarse con una revolución burguesa dirigida por una burguesía claramente antirrevolucionaria. Más tarde el proletariado tendría que luchar por el socialismo.

Sin embargo, como Lenin y Trotsky habían predicho, la realidad desmintió su impráctica receta.

El mes de febrero de 1917 encontró a los trabajadores a la vanguardia de la insurrección. Estaban aliados con los campesinos pero contra la burguesía, cuyo lucro estaba tan sólidamente ligado a los latifundistas y al orden semifeudal como para que apoyaran los cambios fundamentales necesarios.

En un periodo de ocho meses la revolución consideró necesario expropiar los activos de la burguesía y avanzar hacia la revolución socialista. Sólo este programa podía garantizar las libertades elementales que presuntamente se habían logrado con la democracia burguesa. Desde febrero hasta octubre de 1917, la revolución permanente creció desde la teoría hasta una realidad fl ameante e invencible.

Las mujeres de febrero

Sólo fueron necesarios cinco cortos días en febrero para que los trabajadores de las calles de Petrogrado pudieran atraer a su lado a las masas y derrocar para siempre a la monarquía.

Es sorprendente que los Bolcheviques no ofrecieran su liderazgo durante esos primeros días. Lenin y Trotsky estaban exiliados, y el momento, el alcance y la magnitud de la insurrección sorprendieron al desprevenido partido.

Entonces, ¿quién dirigió el derrocamiento de la monarquía por parte de los trabajadores? La Historia de la Revolución rusa de Trotsky nos ofrece una respuesta: los trabajadores bolcheviques educados y entrenados para ese momento por el partido de Lenin.

¿Pero cuáles eran las conexiones internas e interacciones entre los diferentes estratos de los trabajadores de Petrogrado? ¿Quién, dentro del proletariado, proporcionó el liderazgo decisivo?

Una vez más, Trotsky nos ofrece una perspectiva invaluable y un examen de las fuerzas involucradas. Por otra parte, el liderazgo revolucionario actual nos aclara aún más esta pregunta que la que nos ofrece la perspectiva inevitablemente limitada de Trotsky en ese momento.

La Historia nos aclara los eventos y las dinámicas de febrero y nos permite reconocer las fuerzas que hicieron que se fortaleciera la revolución.

El 23 de febrero fue el Día Internacional de la Mujer... Ninguna organización llamó a la huelga aquel día. Lo que es más, aun una organización bolchevique, una muy militante — el comité del barrio Vyborg, todos obreros — se oponía a las huelgas...cualquier huelga conllevaba el riesgo de que se volviera una lucha abierta pero, ya que el comité pensó que no era hora para la acción militar...decidieron no realizar las huelgas sino prepararse para la acción revolucionaria en un momento futuro indeterminado.

¡Qué atrasados estaban aun los Bolcheviques! Pero la revolución no espera a nadie, ¡tampoco las mujeres revolucionarias!

Sin embargo, la mañana siguiente, a pesar de todas las directivas, las mujeres de la industria textil hicieron una huelga y enviaron delegadas a los trabajadores de la metalurgia con una petición de apoyo.“Con renuencia”, escribe Kayurov, “estuvieron de acuerdo los Bolcheviques; los siguieron los obreros – los Mencheviques y los Revolucionarios Sociales.”

Lo que es evidente, observa Trotsky, es que “la revolución de febrero fue comenzada desde abajo... la iniciativa fue dirigida por la propia iniciativa de las más oprimidas obreras de la industria textil”. [Hemos agregado las palabras en cursiva.]

La insurrección de febrero no fue una rebelión “espontánea”, según lo indican las apreciaciones superfi ciales de los historiadores. Un acto consciente de iniciativa revolucionaria por parte de las obreras bolcheviques desencadenó toda la serie de sucesos.

Las mujeres de Vyborg prepararon el momento. Ellas establecieron el contacto más íntimo y fuerte con los trabajadores de la metalurgia y otros trabajadores. Ellas atrajeron a mujeres de todos los sectores y clases. Ellas conferenciaron cada día y cada hora en concilios, y se atrevieron a desechar las directivas del partido en favor de su propia estimación de la situación.

Cuando llegó el momento esperado, entraron en acción y llevaron consigo a los demás líderes obreros.

Los Bolcheviques, ante esta osadía consumada, estuvieron de acuerdo en unirse a ellas pero con reservas. De esta forma toda una clase entró en acción.

Entonces surgió el problema de lo que se debía hacer después. Trotsky cita a Kayurov: “una vez que hay una huelga masiva, se debe llamar a todo el mundo a que salga y tome las riendas”. Los líderes se enfrentaron entonces al problema de cómo atraer a los soldados a su lado de la insurrección.

Trotsky nos ofrece el siguiente relato de la osadía que hizo mover la balanza a favor de la revolución:

Cerca de 90,000 trabajadores, hombres y mujeres, estaban en huelga ese día... El movimiento comenzó en el distrito de Vyborg con su gran concentración industrial; de ahí cruzó al lado de Petersburgo... Una multitud de mujeres, no todas obreras, se aproximó a la duma o concejo municipal exigiendo pan... Aparecieron estandartes rojos en diferentes partes de la ciudad y los eslógans mostraban que los obreros querían pan, no autocracia ni guerra. El Día de la Mujer pasó exitosamente, con entusiasmo y sin víctimas pero lo que ocultaba dentro de sí, nadie lo sabía ni al terminar el día.

¿Nadie? No precisamente. Las mujeres, “entre ellas, sin duda, muchas esposas de soldados,” lo sabian y ahora su fuerza desafi aba a la de los soldados.

Las mujeres obreras desempeñan un gran papel en las relaciones entre los obreros y los soldados. Llegan hasta las vayas con más arrojo que los hombres, agarran los rifl es, imploran o casi ordenan: “¡Bajen sus bayonetas — únanse a nosotros!” Los soldados están emocionados, avergonzados, se miran ansiosamente, titubean, uno se decide primero, y las bayonetas se alzan por encima de los hombros de la multitud que avanza. Se abre la barrera, y un alegre y agradecido “hurra” estremece el

ambiente. Los soldados están rodeados y por todas partes hay discusiones, reproches, llamados — la revolución da un paso hacia delante.

Estas estrategias de apertura fueron repetidas innumerables veces en aquellos cinco días, posteriormente fueron considerados como un microcosmos de la revolución permanente misma; son acciones de las masas que interactuaban con sus auténticos líderes. Las mujeres de Vyberg eran las auténticas líderes.

La autoridad revolucionaria de las trabajadoras textiles fue extraordinaria.

1. Ellas tomaron la iniciativa y actuaron como la mayor fuerza consciente de la insurrección de febrero.

Su punto de vista particular, el cual se formó a partir de su experiencia independiente y colectiva de obreras, les permitió desechar las directivas de los líderes que estaban atrasados con respecto a los acontecimientos.Además, su determinación se ganó al resto de los cuadros dirigentes y los unió con una fuerza cohesiva.

2. Atrajeron a mujeres de todos los estratos y clases, involucrandolas en la acción revolucionaria.

La cuestión inmediata que encendió la insurrección fue el pan, cuestión que pronto se extendió y se ligó con cuestiones del más alto orden revolucionario: el fi n de la guerra y el derrocamiento de la autocracia.

3. En la cuestión decisiva de ganarse a los soldados, las mujeres fueron los agentes primarios de la victoria.

Cuando se envió a los soldados a reprimir a los obreros, las mujeres se acercaron a ellos y éstos evitaron el confl icto directo. Por esos medios, el valor y el entusiasmo de los huelguistas aumentaron, se expandieron y se convirtieron en una insurrección total.

El papel de vanguardia de estas mujeres no fue un acontecimiento aislado ni un accidente; sin embargo, la historia de la insurrección de febrero ha sido pasada de generación en generación y distorsionada por el fi ltro del complejo de superioridad masculino. Durante mucho tiempo se han ignorado las lecciones de aquellos días, y su signifi cado e implicaciones para el futuro.

No obstante, el estudio de Trotsky constituye la base del mensaje que debemos comprender: las mujeres liberadas y liberadoras, que son parte vital del proletariado y de todos los movimientos democráticos, juegan un papel básico para la rebelión.

Y luego llegó octubre

Las mujeres de Vyborg iniciaron las victorias de febrero pero la revolución de febrero fue sólo media revolución. ¿Qué papel desempeñaron las mujeres en preparar el camino desde la insurrección hasta la toma de poder de los Bolcheviques en octubre?Trotsky postula esta pregunta junto con el problema de liderazgo al que los obreros tuvieron que hacer frente:

¿Quién dirigió la revolución de febrero? Podemos responder con toda seguridad: los trabajadores conscientes y experimentados educados en su mayoría por el partido de Lenin...estos líderes comprobaron que podían garantizar la victoria de la insurrección, pero no estaban capacitados para entregar inmediatamente el liderazgo de la revolución a las manos de la vanguardia proletaria.

Cuando Lenin llegó a Petrogrado en abril de 1917, observó que el poder que los obreros habían adquirido de la autocracia había sido entregado a los patrones capitalistas.

Ésta fue obra de los Mencheviques y de los líderes de la Revolución Social en los Soviets. Mientras los obreros salían a hacer la revolución, estos oportunistas se habían comprometido a crear un estado capitalista. Inmediatamente, contra la creciente ola revolucionaria, los socialistas pequeñoburgueses comenzaron a construir la “respetable” estructura de un estado burgués liberal.

¡Lo que es aún más horrendo, el ala de derecha del Partido Bolchevique en su totalidad — su ala más poderosa en todas las crisis — estaba luchando por unirse a los Mencheviques en

apoyo del gobierno burgués provisional!

Lenin comenzó una polémica batalla verbal. Su Tesis de Abril exigía el fi n al apoyo al gobierno provisional y llamaba a una directa toma del poder por parte de la clase trabajadora.

La vieja guardia bolchevique estaba horrorizada. Lenin estaba virtualmente solo contra todos los líderes del partido. Sin embargo, triunfó, y rápidamente. Afirma Trotsky:

Lenin encontró apoyo en otro estrato del partido, con más experiencia, pero más vital y más íntimamente ligado a las masas. En la insurrección de febrero, los obreros bolcheviques tuvieron un papel decisivo. Pensaban que era evidente que la clase que había obtenido la victoria debía tomar el poder.

¿A quién se refería Trotsky específi camente? A las mujeres de Vyborg, las primeras en hacer la huelga, las primeras en desafi ar a los soldados, las más íntimamente ligadas a todos los grupos humanos de Petrogrado.

Entre los líderes del Partido Bolchevique, sólo Alexandra Kollontai apoyó a Lenin y escribió en su autobiografía:

En abril, cuando Lenin dio su famoso discurso programático dentro del contexto de los Soviets, yo fui la única de sus camaradas del partido que habló a favor de su tesis.

La extraordinaria maestría teórica, estratégica y táctica de Lenin, además de su enrome autoridad moral, dominó ese día y le dio nueva fuerza al partido. Una vez más, las mujeres de febrero fueron un factor clave para su victoria.

Los Bolcheviques de hoy

La veterana consciencia de las mujeres de Vyborg y de otros líderes obreros no fue sufi ciente por sí sola para llevar a la revolución hasta su conclusión y el liderazgo bolchevique fue incompetente en su comprensión y determinación, aspectos que eran básicos. Sin Lenin, la revolución de febrero no hubiera provocado la de octubre.

¿Pero con qué frecuencia aparece un Lenin o un Trotsky en la historia? ¿Qué le garantiza a una revolución que puede contar con líderes comparables a ellos? ¿Y qué relación tiene esta cuestión de liderazgo para las tareas y perspectivas a las que se enfrenta actualmente un partido revolucionario en los EEUU?

El partido que dirija la futura revolución en EEUU. será bolchevique en su perspectiva teórica y en sus métodos organizacionales. Se basará totalmente en la herencia de Lenin y Trotsky pero las tareas del partido de EEUU. no se pueden comparar, de modo alguno, con el derrocamiento de la monarquía zarista y del gobierno de Kerensky.

La revolución de EEUU. conlleva nada menos que el derrocamiento y desmembramiento del poder imperialista más poderoso, más rico, más avanzado, y más horrendamente destructivo de la historia.

Por ende, con o sin un Lenin o un Trotsky, nosotros debemos ser mejores que los Bolcheviques de 1917. Debemos estar más alertas y ser más perceptivos, ecuánimes y preparados, y estar más dispuestos a vencer.

Debemos ser un partido bolchevique en el cual se haya neutralizado o desechado la tendencia derechista. Sólo un liderazgo que refl eje, exprese y se base en el tipo de excelente interacción que predominó entre las mujeres de Vyborg y las masas puede tener la esperanza de llevar la revolución estadounidense a la victoria.

Esto signifi ca un liderazgo arraigado en las masas, atento a cada cambio y giro en la revolución mundial, que conozca el equilibrio racial y de género radicalmente diferente dentro del proletariado y demás cuadros revolucionarios, y, sobre todo, que esté decidido a convertir a dichos cuadros en una fuerza de choque capaz de vencer y destruir al enemigo imperialista en los EEUU.

El ocaso de los dioses

Las obreras textiles viven en los Vyborgs de hoy y con ellas viven los oprimidos por su raza, su sexo y su nacionalidad. Los Vyborgs son defi nitivamente los centros gravitacionales de la

revolución mundial.

No obstante, el contrapeso interno en la clase obrera es la burocracia laboral de EEUU., el antiguo bastión del imperialismo de EEUU. y el principal motor para el reformismo en el movimiento laboral.

Lenin analizó en detalle la burocracia laboral internacional en su prefacio a la edición de 1920 de El imperialismo, la última etapa del capitalismo.

...es muy posible sobornar a los líderes laborales y al estrato superior de la aristocracia laboral y los capitalistas de los países “avanzados” los están sobornando; los sobornan de mil maneras diferentes, directas e indirectas, obvias y ocultas.

Este estrato de obreros aburguesados, o la “aristocracia laboral”, que son verdaderos fi listeos en su forma de vida, en el monto de sus ganancias y en su perspectiva, sirven como el principal instrumento de la Segunda Internacional y, actualmente, de instrumento principal de la burguesía en el movimiento laboral...

No se puede lograr el más mínimo progreso en la solución de los problemas prácticos del movimiento comunista y de la inminente revolución social a menos que se comprendan las raíces económicas de este fenómeno y que se le preste atención a su importancia política y sociológica.

La descripción y análisis de Lenin son doblemente acertadas en el caso de la burocracia laboral actual de EEUU. Ni siquiera la vasta burocracia capitalista reafi rma tanto el poder imperialista de EEUU. como sus sobornados vasallos.

La burocracia laboral desempeña el papel de difundir las normas y la cultura racistas, sexistas, homofóbicas e imperialistas en la clase obrera y justo debajo de la burocracia se encuentra el elemento transmisor: la aristocracia laboral.

Este sector enorme, privilegiado y predominantemente blanco y masculino se identifi ca con los falsos líderes laborales, los apoya y se gana la total aprobación política de los patrones y del gobierno.

Similares a la burocracia laboral son los reformistas que hacen padecer a todos los movimientos en pro del cambio social – las Bettys Friedan y los Jesses Jackson que recomiendan el pábulo para los hambrientos.

Los burócratas, los obreros aburguesados y los oportunistas de todas las razas y de ambos sexos son parásitos que se alimentan de la miseria de los obreros pobres y de los oprimidos. A medida que el equilibrio económico y social del capitalismo global comience a tropezarse y a desbaratarse, estas ilustres personas enterrarán sus espuelas cada vez más profundamente en los fl ancos de sus agobiados movimientos.

La palabra clave es audacia

¡El poder de las mujeres militantes romperá el atasco! Neutralizará a los intransigentes y atraerá a las masas que están perdiendo rápidamente sus privilegios, su fe y su esperanza.

Las mujeres impulsan al proletariado y a los movimientos sociales. ¡Continuamente demuestran una audacia sin igual, más audacia y todavía más audacia!

Ellas desatarán un incalculable poder revolucionario que exhortará e inspirará a la clase obrera para vencer a los burócratas sindicales y para destruir a los carniceros imperialistas que los patrocinan.

Los revolucionarios de ambos sexos, de todos los colores de piel y de todas las naciones, que tengan sensatez y sentimientos para unirse a los más desamparados de nuestros tiempos, forjaremos juntos un poderoso partido socialista feminista.

Ésta promesa es el broche de oro de la realidad presente y la cual predice el importante papel de las mujeres valientes en la revolución permanente.